Halloween, miedos infantiles y una oportunidad para afrontarlos

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Halloween es esa fiesta anglosajona que poco a poco se ha ido filtrando en nuestras propias tradiciones. Una noche de miedo, con calabazas, disfraces y niños por las calles a la caza de caramelos bajo la consigna «truco o trato». Brujas, zombies, monstruos y otros seres tenebrosos conforman esta celebración de orígenes milenarios en la que se agradecían las cosechas y se honraba a los muertos. Hoy, Halloween, se ha quedado en esa noche terrorífica en la que decoramos calabazas, nos disfrazamos y asustamos a aquellos que podamos. Un día que podemos aprovechas para ayudar a nuestros pequeños a afrontar algunos de sus miedos.

Halloween
(c) Can Stock Photo / pressmaster

Consideraciones previas sobre los miedos infantiles

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En diferentes ocasiones te he hablado sobre los miedos infantiles. Un tema que he tratado con frecuencia porque sé, como madre que soy, que los miedos de nuestros hijos pueden preocuparnos mucho. De modo que he escrito estos post que puedes leer antes de continuar o dejarlos para otro momento en el que dispongas de más tiempo. Pero no quería proseguir sin antes mencionarlos

Si los has leído o te has informado en otros lugares, sabrás que los miedos evolucionan con la edad. Y es así porque el miedo es una emoción cuya función principal es la de protegernos. Para que esto sea así durante toda nuestra vida nuestros miedos van cambiando a medida que crecemos.

Así observamos que que cuando somos muy pequeños tenemos miedo a la oscuridad, a las sombras, a los seres extraños y a toda una serie de seres imaginarios, incluso a los payasos. Este miedo impide que nos alejemos de las figuras que nos protegen, generalmente nuestros padres. Así que el miedo no es tan malo, todo lo contrario, es bueno porque nos protege.

Sin embargo, si este miedo es muy intenso y nos impide conciliar el sueño con la luz apagada o nos paraliza en determinadas circunstancias entonces deja de cumplir la función que tiene encargada. Ya no nos protege, ahora nos impide avanzar. Y es aquí cuando debemos actuar.

Halloween una oportunidad para alejar algunos miedos infantiles

Un modo de vencer algunos de estos miedos es jugando y Halloween nos da el ambiente perfecto para ello.

Como bien sabemos, brujas, seres monstruosos, hombres lobo y otro tipo de seres de ultratumba suelen ser el centro de muchos de los miedos de nuestros hijos, sobre todo entre los 3 y 9 años. Aunque algunos pueden tenerlos hasta un poco más adelante.

Tal y como la psicóloga Montse Domènech expone en su libro «La vacuna contra el miedo» una forma de actuar contra estos miedos irracionales es a través de los juegos. Tal y como te he contado en diferentes ocasiones a lo largo de los años que llevo escribiendo en Mamá Psicóloga Infantil, jugar permite a los niños liberar tensiones y expresar emociones que de otro modo quedan enquistadas. Uno de estos juegos que Domènech propone es aquel que tiene como objetivo desmitificar el miedo. Y no hay nada mejor para ello que disfrazarse de aquello que más miedo nos da.

Disfrazarse es un modo ideal de empezar a perder el miedo a esos seres monstruosos ya que permite al niño o niña observar que todo aquello a lo que teme no son seres de verdad. Que solo forman parte de las historias o leyendas y que únicamente habitan en la imaginación, en los cuentos y en las películas.

Consideraciones finales

Como recomendación final debo insistir en la idea de evitar contar cuentos de miedo a nuestros hijos si sabemos que son muy sensibles a este tipo de historias, obre todo cuando son muy pequeños. Alejarlos de películas o videojuegos con escenas de miedo o sustos inesperados

Pero a medida que los niños crecen, sobre todo en la adolescencia, observamos como de forma natural van a ir a buscar historias terrorícas que les permitan experimentar con esta emoción. Es por eso que les gustan las películas de miedo, con zombiees, seres sobrenaturales y otro tipo de bichos por el estilo.

Como vemos Halloween nos ofrece una oportunidad magnífica para hablar y tratar ciertos miedos infantiles. No obstante es preciso no forzar ni obligar a ningún niño a disfrazarse o acercarse a personas disfrazadas. De modo que debemos respetarles y adaptarnos a sus ritmos sin imposiciones.

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