Del rincón de pensar al acompañamiento emocional

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El acompañamiento emocional es uno de los conceptos que trataremos en este post y que tiene como punto de origen el libro de Tania García reseñado en este mismo blog «Educar sin perder los nervios«. Libro que aprovecho para recomendarte una y otra vez, aunque haya pequeñas partes con las que no acabo de estar totalmente de acuerdo, pero esto suele pasarme con otros muchos autores sin que ello me impida seguir el rumbo que indican.

Dicho esto y retomando la idea del acompañamiento emocional quiero decirte que yo, como psicóloga con base cognitivo conductual, he ido experimentando una profunda transformación a lo largo de mi trayectoria personal y profesional. Y aunque esta base sigue teniendo un peso importante, cada vez más está cobrando mayor relevancia e importancia la educación emocional y la psicología positiva en mi modo de entender las cosas. Sobre todo en lo que se refiere a la crianza, parentalidad o educación de nuestros hijos. Y de aquí el título que he escogido para este post.

Del rincón de pensar al acompañamiento emocional

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¿Por qué este título? Pues precisamente porque esto es lo que en parte resume el cambio en la forma de entender la educación de nuestros hijos y en las técnicas que empleamos para corregir, fomentar o eliminar algunas de esas conductas que no nos gustan como padres.

Si lo piensas detenidamente verás como muchas de estas conductas las queremos cambiar porque nos molestan a nosotros, a los adultos, no porque sean incorrectas, inadecuadas o inaceptables. No digo todas, pero muchas de ellas son tan correctas, adecuadas y aceptables como el mero hecho de respirar.

Y es que los niños pequeños necesitan moverse, saltar, correr, gritar, enfadarse, decir que no, … pero lo que ante todo necesitan son adultos que les acompañen, les den su presencia, validen sus emociones y les guíen sin caer en el control o en la hiperprotección.

acompañamiento emocional

Del rincón del pensar al acompañamiento emocional es precisamente el camino que estoy recorriendo. Un camino que te invito a empezar. Un camino que te permitirá ser la madre o el padre que tus hijos necesitan, un camino que requerirá de ti tiempo y esfuerzo, pero que te aseguro merece la pena.

Es cierto que no será un camino del todo fácil porque dentro de cada uno y cada una de nosotras existen respuestas que hemos automatizado. Respuestas que ni pensamos porque están tan arraigadas en nosotros que ni nos planteamos si están bien o mal. Las aprendimos siendo aún niños, y las vimos en nuestros padres, maestros, profesores, … y creímos que era así cómo debíamos tratar a los niños, a base de premios y castigos, dando órdenes, controlando y amenazando. Pero … ¿funciona este tipo de educación?

Si no funciona por qué sigues insistiendo

En muchos de mis posts me he planteado si los castigos funcionan o no. La respuesta siempre ha sido la misma: NO. Los castigos no funcionan, porque solemos castigar quitando. Quitamos presencia, quitamos objetos, quitamos actividades. Quitamos, porque creemos que es así como los niños aprenderán a comportarse mejor, o mejor dicho a comportarse como nosotros queremos que lo hagan.

Si esto funcionara ¿no crees que con una o dos veces de haber castigado a un niño sin (tele, móvil, presencia, ir al parque, …) bastaría? Pues si lo tenemos que repetir tantas veces es quizás porque no funciona. Nos lo explica muy bien una de las autoras que te he recomendado en alguna ocasión: Mª Luisa Ferrerós en su libro ¡Castigado! ¿Es necesario?

Sin embargo seguimos castigando y recompensando. Y sobre las recompensas sigo creyendo, pensando y opinando que pueden ayudarnos en la educación de nuestros hijos siempre que las usemos adecuadamente. Te explico cuál es mi punto de vista en estos dos post escritos hace ya algún tiempo:

Sobre el peligro del uso de las recompensas materiales nos advierte también Nora Rodríguez en «Educar para la paz«, otro libro que te recomiendo leer porque entre muchas otras cosas entenderás por qué las recompensas materiales anulan la motivación intrínseca de los niños a hacer las cosas pero sobre todo la de ayudar a los demás.

¿Y si no castigamos, ni premiamos ni amenazamos qué hacemos?

La respuesta a esta cuestión es sencilla. Si no castigamos, ni premiamos ni amenzamos … lo que debemos hacer es educar. Educar desde el ejemplo, educar desde la serenidad, la templanza, la tranquilidad, la paciencia, el amor y nuestra presencia.

Escribirlo es fácil. Llevarlo a cabo no tanto, lo sé.

Por eso no quiero engañarte y llevo tiempo advirtiendo que este cambio requiere mucha práctica y mucho esfuerzo. Necesitarás parar y dedicar tiempo a conocerte a ti mismo, educar tus emociones y perdonar tus errores. Quizás necesitarás leer y formarte, no descartes inscribirte en algún taller de educación emocional para padres o de crianza positiva.

Recuerda que nadie nos enseña a ser padres, aprendemos observando cómo lo hacen otros de nuestros alrededor (familiares y amigos) o a base de ensayo y error. Y los errores a veces se pagan muy caros.

Si deseamos hacerlo mejor de lo que estamos haciendo es probable que necesitemos aprender a cómo hacerlo, reeducándonos, buscando ayuda para poder entender y acompañar mejor a nuestros hijos.

acompañamiento emocional

¿Crees que educarías mejor a tus hijos si supieras mejor cómo son, piensan y sienten los niños en cada una de sus etapas? ¿Crees que podrías ser mejor padre o madre si te conocieras más a ti, a tus emociones y tus reacciones automáticas?

Puedes contestar estas preguntas en esta encuesta que estoy realizando para un estudio sobre las principales preocupaciones de los padres respecto de sus hijos.

El acompañamiento emocional como objetivo parental

Al dejar de castigar, premiar y amenazar estaremos listos para el poner en práctica el correcto acompañamiento emocional que necesitan nuestros hijos. Y este no es otra cosa que ayudarle a gestionar sus emociones cuando ellas le desborden.

¿Pero cómo hacerlo si nuestras propias emociones nos abruman y ciegan?

Sigo insistiendo en la necesidad de invertir en nuestra propia educación emocional como padres, porque solo de este modo seremos capaces de ayudar a nuestros hijos a gestionar sus emociones.

En este camino que va desde el rincón de pensar al acompañamiento emocional, han influido muchas lecturas y cursos. Entre ellas te recomiendo empezar por:

Puedes adquirirlos desde aquí mismo en Amazon

Sé que no es fácil. Yo misma caigo en ocasiones en los automatismos pero lo importante es darse cuenta que hay otro modo de educar. Te invito a reflexionar sobre lo que has leído y a empezar este camino. Espero poder acompañarte durante los próximos meses a alcanzar la meta que nos hemos propuesto ya muchas madres y padres, la de dejar el rincón de pensar para alcanzar el acompañamiento emocional que tanto necesitan nuestros hijos e hijas.


Si este post te ha resultado interesante te invito a compartirlo en tus redes sociales para que pueda llegar a otros padres y madres que, al igual que tú, están buscando educar a sus hijos con otra óptica, más allá de los premios y castigos.

Pero antes de irte permíteme también sugerirte otros post que he escrito en esta sección dedicada a Ser padres.

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