Niños torpes entre los 3 y 5 años.

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Entre los 3 y 5 años nuestros hijos experimentan un rápido progreso en sus habilidades psicomotoras aunque pensemos que nuestro pequeño es todavía muy torpe, la verdad es que ha mejorado mucho respecto etapas anteriores. No obstante, debemos estar atentos si sospechamos que nuestro hijo es especialmente torpe. Ante este tipo de sospecha haremos bien en consultar a nuestro pediatra ya que cualquier retraso en el desarrollo psicomotor puede llevar asociado un trastorno de aprendizaje escolar.

Veamos en este artículo algunos aspectos sobre la torpeza que algunos niños parecen manifestar y cuáles podrían ser sus causas más frecuentes.

Posibles causas de la torpeza motora:

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  1. neurológicas, disfunciones en el sistema nervioso;
  2. emocionales producto estilos educativos de los padres: como la sobreprotección o la excesiva rigidez en la educación

En esta ocasión solo vamos a hablar de las causas emocionales de la torpeza motora, dejando las causas neurológicas para otra ocasión. Nos centraremos en cómo nuestra forma de hacer o de decir las cosas puede afectar al desarrollo de las capacidades psicomotrices de nuestros hijos.

Causas emocionales de la torpeza motora.

  1. Estilos eductivos rígidos y severos. Un niño que vive bajo un estilo educativo rígido y severo  o carente de afecto, que siempre es reprendido por todo lo que hace, toca y manipula, puede volverse torpe debido al temor que siente ante las posibles consecuencias, ya sean  reprimendas, riñas o cachetes. El niño que vive bajo este estilo educativo puede reprimir su espontaneidad y volverse torpe debido a su inseguridad y rigidez.
  2. La sobreprotección. En algunos casos el exceso de protección y los constantes «¡Cuidado que te vas a caer!» o «¡Ves! otra vez en el suelo, ya te lo había dicho» pueden ser la casa de la torpeza motora de muchos peques.Hay niños a los que vemos paralizados, quietos, con un miedo aterrador, es como si no pudieran arrancar a correr, brincar o saltar libremente. Les paraliza el temor a hacerse daño, a caerse, a que les vuelvan a decir «¡otra vez!»

Tal y como hemos tratado en otras ocasiones, al reflexionar sobre la sobreprotección o sobre los estilos educativos, vemos aquí  otros de los muchos efectos negativos que puede tener sobreproteger o ser excesivamente autoritario, rígido y severo.

Hay que dejar que los niños se muevan, que gateen, que se caigan, que se ensucien o rompan pantalones … crecer conlleva este tipo de cosas. Los niños a esta edad necesitan ensayar, poner a prueba su habilidades, ver hasta dónde pueden llegar y eso pasa a menudo por caídas, golpes y magulladuras. Los padres debemos dejarles la suficiente libertad de acción para que cojan confianza en sí mismos, desarrollen su potencial y liberen energía de un modo saludable y beneficioso.

Los niños se caen, inevitablemente. Los niños se golpean, inevitablemente. Los niños desarrollan sus habilidades psicomotrices y sus reflejos poniéndolos diariamente en práctica, si frenamos su ejecución frenamos su desarrollo y volvemos a nuestros hijos torpes e inseguros. Hay que vigilarles, claro, pero desde la distancia. Hay que poner límites, si, pero sin limitar la evolución normal de nuestros pequeños.

Foto cortesía www.freepik.es

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