Bullying entre padres y madres

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Oímos la palabra bullying con demasiada frecuencia, es verdad. Día tras día oímos casos terribles, sobrecogedores y deleznables. Semana tras semana nos cuentan, nos explican o somos testigos de casos de bullying en nuestras escuelas. Muchos hablamos de este tema mientras otros pretenden esconderlo. Muchos, afortunadamente cada día más, somos quienes decimos ¡basta! Una gran mayoría, cada vez menos silenciosa, estamos cansados de que ocurran este tipo de cosas y seguir oyendo «son chiquillos, ya sabes, …» Pues bien, también sé que el bullying no solo se da entre niños y adolescentes, se da también entre padres y madres. Y quizás, y solo digo quizás,  éste sea el inicio de lo que luego vendrá entre nuestros niños.

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Vaya por delante que no quiero señalar a ningún padre ni madre que conozco, no hablo (en esta ocasión) de mi entorno cercano. Y digo y aviso por si alguien erróneamente cree verse identificado con lo que escribo.

Quien sigue habitualmente mis publicaciones sabe que cuando hablo de mi experiencia en primera persona siempre dejo constancia de que así es, al igual que cuando es un artículo puramente de opinión. En esta ocasión creo oportuno destacar que a pesar de ser un artículo de opinión, no es un artículo personal, aunque muy bien podría serlo. Y podría ser así porque tengo dos hijos y pertenezco a esos grupos de whatsapp que podrían funcionar tan y tan bien pero que en más de una ocasión, lamentablemente, sirven más para fastidiar que para informar.

Dicho esto y volviendo a lo que creo que es también bullying entre padres y madres, sabemos que gracias al escudo protector que nos ofrecen las redes sociales o, el no hablar cara a cara, parece que tengamos licencia para decir lo que se nos antoje o hacer el más absoluto vacío a la que se ha convertido en la futura víctima del curso escolar. Si no lo dirías no lo escribas, así se titulaba uno de mis artículos en el que ya hablaba de algo similar a lo que podría ser bullying entre padres o madres. En este caso, hablamos de adultos, personas con más recursos emocionales aunque no faltas de sentimientos.

Es inevitable que se creen subgrupos dentro del gran grupo de padres y madres de una clase x de un cole y. E inevitablemente eso que antes llamábamos corrillos ahora se crean grupitos whatsapperos que intoxican y que ningunean a otros padres.

Grupitos liderados, generalmente, por alguna persona frágil que necesita sentirse por encima de todo y de tod@s criticando hasta el modo de respirar de la víctima de turno que se le ha fijado entre ceja y ceja. Porque en realidad el motivo por el que se empieza a criticar o a apartar a alguien no importa: por pensar de un modo A o por vestir de una forma B; por tener un hijo que hace una extraescolar o no hace ninguna; por ser de tal o de cual.

Sabemos que en realidad el motivo no importa, lo que importa al incitador del acoso es ser él o ella el mejor. El que más sabe, el que más tiene, el primero en, … Y con este objetivo en mente se inicia una campaña de acoso y derribo. Una campaña que puede ser claramente visible o más sutil y velada. A esto, señores míos, se le llama bullying entre padres y madres. Y cuando esto lo hacemos los adultos … ¿Qué podemos esperar de nuestros hijos, quienes observan e imitan todo cuanto ven y oyen de sus principales referentes?

En una reunión de padres, al inicio del pasado curso, en el cole de mis hijos la directora nos advirtió sobre esta problemática no creí que fuera tan exagerado pero a medida que investigo y leo sobre el tema más credibilidad le doy.

(c) Can Stock Photo

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