Padres e hijos perfectos.

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Hoy hablamos de padres e hijos perfectos. Y lo hacemos negando la mayor. No existen. Y muy a pesar nuestro es momento de empezar a asumir que las expectativas que nos habíamos generado son solo eso. Expectativas. De modo que centrémonos en los hijos que tenemos y dejemos de buscar hijos perfectos porque ya los tenemos. Sí, nuestros hijos ya son perfectos con todas sus «imperfecciones». De igual modo que tú, mamá o papá, eres perfecto o perfecta para ellos, aunque tengas mucho por aprender.

hijos perfectos
(c) Can Stock Photo / Kurhan

Consideraciones previas

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En una sociedad como la nuestra, siempre innovando  mejorando, en la que buscamos y premiamos la perfección y la excelencia, parece que  tanto padres como hijos deberíamos ser siempre excelentes y perfectos. En todas los momentos y ocasiones. Pero eso … papás y mamás, sabemos que no existe.

Desde el mismo momento que sabemos que esperamos a nuestro hijo, se nos empiezan a plantear una multitud de preguntas, incertidumbres y retos que van creciendo con nuestro pequeño. 

Todos quisiéramos hijos perfectos. Niños que durmieran toda la noche, que lloraran lo justo, que no dieran problemas. Niños obedientes, ordenados, inteligentes, dóciles, fáciles, buenos estudiantes, … En resumen, hijos perfectos con conductas excelentes. 

Pero lo cierto es que los niños de carne y hueso distan mucho de ser de ese modo «ideal» que nos imaginamos. Los niños pequeños lloran, tienen rabietas, les cuesta dormir solos, tienen miedos, se enfadan y desordenan nuestras casas. Muchos quizás se negarán a comer esos platos tan sanos que les has preparado, se negarán a estudiar o nos retarán una vez tras otra.

De igual modo que los hijos perfectos no existen, tampoco existen madres y padres perfectos.

Las expectativas sobre hijos perfectos

Las expectativas que nos generamos, principalmente con el primogénito, sobre lo bueno y magnífico que será, todo aquello que esperamos de él y que luego no se suele cumplir no hace más que frustrarnos como padres, generando a su vez frustraciones en nuestros hijos.

Pero la verdad, es que en lugar de invertir energía en este tipo de pensamientos deberíamos centrarnos más en considerar que nuestro hijo ya es perfecto. Y lo es por la sencilla razón de ser nuestro hijo. Porque es único e irrepetible. 

La clave es aprender a valorar a nuestros hijos por lo que son. Por sus cualidades individuales, con lo bueno y lo menos bueno. Dedicar tiempo a conocer cómo son nos ayudará a entenderles. Saber cómo se comportan nos ayudará a disfrutar más de la magnifica aventura de criar y educar a nuestros hijos. 

No hay niños perfectos, tampoco buenos ni malos

Hay buenos y malos comportamientos y eso es algo que debemos aprender a distinguir, sobre todo cuando nos dirigimos a los niños para reprenderles y decimos «¡Qué malo eres!» cuando en realidad queremos decir «No se empuja a tu hermano!», por ejemplo.  

Evitar etiquetarles como buenos o malos y decirles exactamente en qué se han equivocado nos ayudará a mejorar su comportamiento. Así en lugar de decirles sencillamente que son malos les podemos enseñar el modo correcto de proceder, mejorando de este modo también su autoestima. No olvidemos que cuando les decimos lo malos que son estamos incidiendo en su autoconcepto y en su autoestima.

Origen de algunos comportamientos disruptivos en la infancia

A veces, la razón del mal comportamiento de nuestros hijos reside en un bajo concepto de ellos mismos. Un bajo autoconcepto y una baja autoestima generada a lo largo del tiempo y conformada por las expectativas y actitudes que nosotros, como padres, les hemos transmitido, a menudo con toda nuestras mejores intenciones pero equivocadamente.

La sobreprotección, el no dejarles hacer cosas por ellos mismos, exigirles más de la cuenta por edad o por posibilidades, esperar que sean perfectos pueden socavar la autoestima de nuestros hijos.

Los niños con una baja autoestima, un conflicto emocional y afectivo, provoca un gran malestar interno en el niño que no sabe como expresarlo verbalmente, su modo de expresarlo será a través de dolores de barriga o cabeza o con mal humor. 

Sobre la sobreprotección te recomiendo los siguientes post para que amplíes tu conocimiento sobre este estilo educativo tan perjudicial

Consideraciones finales

Sabiendo que nuestros hijos se miran en el espejo de nuestras expectativas y que con ellas van formando su personalidad y autoestima, debemos aprender a conocerlos, escuchándoles, observando su comportamiento, compartiendo tiempo con ellos y sobretodo valorándoles por lo que son en realidad: nuestros hijos, personas únicas e irrepetibles. 


Bibliografía recomendada: Abrázame, mamá. El desarrollo de la autoestima infantil y juvenil La clave para una infancia feliz. Mª. Luisa Ferrerós. Ed. Planeta.


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