Padres e hijos perfectos.

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En una sociedad como la nuestra, siempre innovando  mejorando, en la que buscamos y premiamos la perfección y la excelencia, parece que  tanto padres como hijos deberíamos ser siempre excelentes y perfectos, en todas los momentos y ocasiones. Pero eso … papás y mamás, sabemos que no existe.

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Familia feliz

Desde el mismo momento que sabemos que esperamos a nuestro hijo, se nos empiezan a plantear una multitud de retos que van creciendo con nuestro pequeño. 

Todos quisiéramos el hijo perfecto, un niño que durmiera toda la noche, que llorara lo justo, que no diera problemas, un niño obediente, ordenado, inteligente, dócil, fácil, buen estudiante, … un hijo excelente. 

Pero la verdad, es que en lugar de tener este tipo de pensamientos deberíamos centrar nuestra energía en considerar que nuestro hijo es perfecto sencillamente porqué es nuestro hijo, porqué es único e irrepetible. 

Las expectativas que nos generamos, sobre todo con el primogénito, sobre lo bueno y magnífico que será, todo aquello que esperamos de él y que luego no se suele cumplir no hace más que frustrarnos como padres, generando a su vez frustraciones en nuestros hijos.

La clave es aprender a valorar a nuestros hijos por lo que son, por sus cualidades individuales, con lo bueno y lo menos bueno. Dedicar tiempo a conocer cómo son nos ayudará a entenderles. Saber cómo se comportan nos ayudará a disfrutar más de la magnifica aventura de criar y educar a nuestros hijos. 

No hay niños buenos ni niños malos. Hay buenos y malos comportamientos y eso es algo que debemos aprender a distinguir, sobre todo cuando nos dirigimos a los niños para reprenderles y decimos «¡Qué malo eres!» cuando en realidad queremos decir «No se empuja a tu hermano!», por ejemplo.  Evitar etiquetarles como buenos o malos y decirles exactamente en qué se han equivocado nos ayudará a mejorar su comportamiento. Así en lugar de decirles sencillamente que son malos les podemos enseñar el modo correcto de proceder, mejorando de este modo también su autoestima. No olvidemos que cuando les decimos lo malos que son estamos incidiendo en su autoconcepto y en su autoestima.

A veces, la razón del mal comportamiento de nuestros hijos reside en un bajo concepto de ellos mismos. Un bajo autoconcepto y una baja autoestima generada a lo largo del tiempo y conformada por las expectativas y actitudes que nosotros, como padres, les hemos transmitido, a menudo con toda nuestras mejores intenciones pero equivocadamente. La sobreprotección, el no dejarles hacer cosas por ellos mismos, exigirles más de la cuenta por edad o por posibilidades, esperar que sean perfectos pueden socavar la autoestima de nuestros hijos.

Los niños con una baja autoestima, un conflicto emocional y afectivo, provoca un gran malestar interno en el niño que no sabe como expresarlo verbalmente, su modo de expresarlo será a través de dolores de barriga o cabeza o con mal humor. 

Por tanto, sabiendo que nuestros hijos se miran en el espejo de nuestras expectativas y que con ellas van formando su personalidad y autoestima, debemos aprender a conocerlos, escuchándoles, observando su comportamiento, compartiendo tiempo con ellos y sobretodo valorándoles por lo que son en realidad: nuestros hijos, personas únicas e irrepetibles. 

  
Bibliografía recomendada: Abrázame, mamá. El desarrollo de la autoestima infantil y juvenil La clave para una infancia feliz. Mª. Luisa Ferrerós. Ed. Planeta.
Foto cortesía de http://www.freedigitalphotos.net


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