Jugar en la calle, un modo de juego imprescindible

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Jugar en la calle, fuera de casa, al aire libre, correr, saltar, reír, gritar. Esto es lo que los niños y niñas necesitan como el aire que respiran. Y esto tan necesario para un sano desarrollo físico, mental, emocional y social de nuestros hijos e hijas es algo que les privamos día a día. Y día a día, el juego en las calles y en los parques, sobre todo en las grandes ciudades, se va perdiendo y olvidando en detrimento de la salud mental de nuestros pequeños.

jugar en la calle
(c) Can Stock Photo / dolgachov

Hoy quiero tratar de nuevo este tema. Y quiero hacerlo para despertar conciencias y llamar la atención no solo a las familias, también a los responsables de planificación urbanística que tanto podrían hacer para recuperar el juego infantil en las calles de nuestros pueblos y ciudades.

Porque señores y señoras, los parques infantiles que diseñan no son adecuados para los niños. La gran mayoría son pequeños, se quedan obsoletos y cuando llegan a determinadas edades ya no saben a qué jugar en ellos. Los niños y niñas necesitan construir cabañas, lugares secretos, correr, saltar y hacer volar su imaginación. Y eso no lo pueden hacer en esos «miniespacios» que restringen sus movimientos. Y mucho menos en las grandes ciudades, tan poco amables con los niños, que impiden que se sientan libres.

La importancia del juego en la infancia

El juego infantil es imprescindible para cualquier niño o niña. Pero de igual modo es imprescindible poder disfrutar de un entorno adecuado que les permita desplegar todas sus capacidades y habilidades. Estar 8 horas en el cole, 5 de ellas sentados en sus pupitres y pasar otras tantas en extraescolares diversas no es, como podremos imaginar, este entorno que describo.

Además esa agenda tan repleta impide que nuestros hijos jueguen, no solo en las calles, tampoco tienen tiempo de hacerlo en otros lugares. Pero no solo eso, cuando podrían disponer del tiempo para hacerlo se lo negamos, enviándolos para casa pretendiendo que estén quietos y callados. Difícil cuando es precisamente moviéndose y explorando como aprenden sobre el funcionamiento del mundo que les rodea.

Hace ya algún tiempo que escribí un post explicándote o exponiendo mis 10 razones por las que los niños deben jugar al aire libre. Entre ellas destacaba los muchos beneficios que tiene jugar fuera de casa, al aire libre y alejados de las pantallas.

Hoy quiero volver a hablar sobre alguno de ellos. Ya que por lo que parece necesitamos recordar que este modo de jugar en las calles es mucho más importante de lo que creemos.

Reflexiones previas

Para un momento y piensa en todas las horas que tus hijos están sentados en lugares cerrados. ¿No te parece normal que cuando llegan a casa tengan ganas de correr, saltar y brincar? Eso es lo que le pide su cerebro y lo que los adultos debemos permitir.

Durante milenios los «cachorros humanos» campábamos a nuestras anchas, por montes y montañas, playas y ríos, desenvolviendo nuestras habilidades motrices y cognitivas sin demasiada supervisión. Hoy en día esto solo ocurre en determinadas partes del mundo y nuestros pequeños, los del «mundo civilizado» están enfermando por falta de espacios y tiempo de juego. El miedo de los padres, cada vez más sobreprotectores, se suma a la restricción de actividades, disminuyendo así el potencial imaginativo y creativo de los niños.

Lo vemos a continuación.

Jugar en la calle libera tensiones

Jugar en la calle, mejor si es un lugar lleno de naturaleza, permite a nuestros hijos ser verdaderos niños. Poder jugar en entornos abiertos, ofrece a los niños un lugar donde correr, saltar, brincar o esquivar objetos. De este modo, al moverse libremente y poner su cuerpo a prueba, los niños liberan tensiones y su cerebro, al igual que el nuestro cuando hacemos deporte, produce unas sustancias químicas llamadas endorfinas.

Este tipo de sustancias, las endorfinas, tienen efectos muy beneficiosos sobre el estado de ánimo, reduciendo el estrés y la ansiedad. Pero además mejoran el sueño y potencian su autoestima. Y si esto fuera poco reducen la sensación de dolor y de malestar. Y de aquí se deriva el siguiente punto que deseo tratar contigo.

Jugar al aire libre fomenta y fortalece su salud mental

Podemos afirmar, sin dudar, que un niño que juega en la calle es un niño con menor probabilidad de desarrollar psicopatologías como depresión o algún trastorno por ansiedad.

Te recomiendo la lectura de este artículo en La Vanguardia: Menos juego libre, más depresión y ansiedad infantil. En este articulo diversos expertos psicólogos, pedagogos y médicos hablan sobre los efectos tan negativos que tiene sobre nuestros hijos la disminución del juego libre.

Y es que el juego libre se está perdiendo a causa de diversos factores. Sin embargo, es necesario poner el foco también en nosotros, los padres.

Sí, tal y como se describe en el artículo citado, porque con nuestro afán de proteger a nuestros hijos supervisamos hasta su último movimiento. Con nuestro estilo educativo basado en la sobreprotección, impedimos que jueguen libremente a lo que ellos decidan, dónde quieran y con quienes quieran.

Consideraciones finales sobre jugar en la calle

Mi mensaje: Papás, mamás revisad desde qué emoción educáis a vuestros hijos y después, dejad jueguen a su libre albedrío porque de otro modo les estáis impidiendo crecer y madurar.

“Porque el decidir libremente con quién, dónde, cuándo y a qué jugar permite la adquisición de habilidades y destrezas, obliga a aceptar, negociar, pactar, tomar decisiones, resolver conflictos, ensayar, equivocarse, asumir riesgos, sobrepasar límites, y eso mejora la confianza y la resilencia, es decir, la capacidad de sobreponerse de manera optimista a las adversidades”.

Jaume Bantulà, director del grado en Actividad Física y Deporte en Blanquerna-URL y miembro del Observatorio del Juego Infantil.

Aunque coincido en el juego de nuestros hijos debe ser libre y con la justa supervisión posible, ello no quiere decir que les dejemos hacer todo. Hemos de estar atentos y saber cuándo poner ciertos límites. Esto será siempre que haya riesgo real de hacerse daño a uno mismo o a terceros. Pero también cuando se produzca un conflicto grave.

Dicho esto, vuelvo a insistir. Los niños, nuestros hijos, aunque intentemos por todos los medios protegerles necesitan caerse, rasguñarse y ensuciarse. Te lo conté en este post que te invito a leer: Razones por la que tu hijo necesita caerse, ensuciarse y rasguñarse.


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