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Bebés: aprender a separarse. Un proceso dentro de una etapa normal del desarrollo.

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A todos los bebés les encanta estar en brazos, y nosotras las mamás adoramos la sensación de abrazarles y mecerles pero hay momentos en los que debemos separarnos de ellos para atender otras tareas. Hoy hablamos sobre la ansiedad de separación en los bebés y cómo y cuando separarnos de nuestros pequeños evitando al máximo que lo pasen mal.

 

Algunos bebés, tal y como habréis comprobado en vuestras propias carnes, quieren que les abracen y mezan constantemente y en el momento que dejamos de hacerlo lloran desconsoladamente hasta que los volvemos a coger. Son niños normales, no les ocurre nada malo, solo que se sienten más seguros y protegidos entre los brazos de mamá, por tanto debemos tener paciencia y dejar que con el tiempo vaya adquiriendo mayor seguridad para permanecer un ratito solos. Mientras tanto lo cogeremos sin miedo a malcriarlo, las mochilas o fulares portabebés nos ayudaran mucho en este tipo de situación, ya que podremos seguir haciendo otras tareas mientras llevamos a nuestro bebé bien pegadito a nuestro cuerpo.

 

Nuestro pequeño poco a poco irá cogiendo confianza con el paso del tiempo de un modo natural, ya que se trata de un proceso gradual. Observaremos como a medida que vayan pasando las semanas podrá pasar cierto tiempo alejado de nosotras sin ponerse nervioso y llorar. Ser capaz de pasar un rato en la cuna despierto y tranquilo es un indicador de que nuestro bebé se va sintiendo más seguro cuando se queda solo, pero no te angusties si tarda en acostumbrarse, es normal, algunos bebés tardan mucho en conseguir este hito.

 

La ansiedad de separación aparece alrededor de los 6-9 meses, cuando nuestro bebé va tomando conciencia de que él es una persona diferenciada de mamá y esto le parece aterrador. El modo de enfrentarse a esta situación es lo que conocemos como mamitis, es decir, nuestro peque no querrá separarse de nosotras bajo ninguna circunstancia, se volverá más pegagoso de costumbre y se afrerrará a nosotras (normalmente a las mamás) durante todo el día y que puede que tenga dificultades para conciliar el sueño por las noches. A nuestro bebé no le ocurre nada malo, está creciendo y ésta es otra etapa normal dentro de su desarrollo.

De nada sirve que lo intenten coger otras personas mientras que nosotras estamos cerca porque en realidad nada le calmará más que nuestros brazos. En estas situaciones debemos ser pacientes y comprensivas, lo mejor que podemos hacer es abrazar y acunar a nuestros bebés y esperar a que supere esta fase que agotadora para nosotras y aterradora para ellos. Afortunadamente no suele durar más de unos 2 meses.

Afortunadamente y a medida que nuestros bebés vayan creciendo irán recuperando la sensación de seguridad sin tener que estar todo el tiempo entre nuestros brazos, la ansiedad de separación irá disminuyendo y podremos ser capaces de dejarlo sobre una mantita o en su cuna sin que aparezcan de nuevo los llantos y los gritos. Es un proceso, una etapa y la paciencia es y será nuestro mejor aliado para poder afrontarla.

 

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