Escribí este artículo en 2016 y lo he revisado en octubre de 2026 con la mirada de hoy, que suma al enfoque cognitivo-conductual una mirada relacional sobre las dinámicas familiares.
A mí las rutinas familiares me ayudan mucho. Las necesito para organizarme mentalmente, y fuera de ellas me pongo algo nerviosa, aunque reconozco que de vez en cuando también va bien romperlas y salirse de lo habitual. Cada familia encuentra sus propias rutinas para organizarse la vida, y a los niños les dan seguridad: saber qué viene después hace el día más previsible.
No es fácil encontrar unas rutinas que funcionen y que sean cómodas para todos. Tampoco se trata de vivir de forma rígida, donde nadie puede salirse de lo establecido. Se trata de poner un poco de orden para que cada uno sepa qué se espera en cada momento, y de ir ajustándolo a la familia que somos y a la etapa que vivimos.
La Academia Americana de Pediatría (AAP) propone algunas ideas para los distintos momentos del día. Tómalas como punto de partida, no como una lista que cumplir.
Las mañanas de lunes a viernes
Las mañanas suelen ser el momento con más prisa. Cuando todos saben qué toca hacer, suele haber menos nervios y menos gritos. Algunas cosas que pueden ayudar:
- Dejar preparadas algunas cosas la noche anterior (ropa, mochilas…).
- Despertar con calma, si se puede: una caricia, un beso, una canción.
- Buscar un desayuno que le funcione, también a los niños que por la mañana tienen poca hambre.
- Cuidar la despedida. Un abrazo y un «hasta luego» al dejarle en el cole son un buen comienzo para el día.
Después del colegio
Durante la infancia los niños necesitan que haya un adulto pendiente de ellos, también a los 11 o 12 años. La AAP recomienda que, al volver del cole, encuentren a uno de los padres, a otro adulto o a un adolescente responsable. Sabemos que los horarios de trabajo no siempre lo ponen fácil, y que cada familia se organiza como puede con los apoyos que tiene: abuelos, vecinos, otras familias del cole.
Las tardes
La cena puede ser un buen momento para encontrarse. Siempre que sea posible, comer juntos en la mesa, sin la televisión de fondo, deja espacio para contarse el día. Ayuda que sea una conversación agradable y dejar las críticas o los temas difíciles para otro momento.
Hora de acostarse
Mantener una rutina a la hora de acostarse ayuda, sobre todo entre semana, cuando hay que madrugar para ir al cole. Un niño que ha dormido poco suele estar más irritable y le cuesta más concentrarse.
Los rituales de buenas noches pueden ayudar a bajar el ritmo: un cuento, leer en voz alta, un rato de charla o una canción. Antes de acostarse funcionan mejor las actividades tranquilas que los juegos muy movidos.
Si quieres profundizar en este momento del día, en ¡A la cama! Mi hijo no quiere acostarse lo miro desde las 3R: revisar, recolocarnos y reparar.
Fines de semana
Los fines de semana pueden ser el mejor momento para disfrutar juntos, y a veces también el más complicado. Lo cuento en ¿Qué ocurre los fines de semana que mi hijo no para de protestar por todo?
Durante el fin de semana podemos hacer muchas cosas juntos: ir de compras, visitar a la familia, salir a caminar, ir en bici… Las rutinas se pueden relajar, con horarios más flexibles para acostarse o comer, sin que el descanso se desordene del todo.
Y los adultos también necesitamos tiempo para nosotros, y si hay pareja, para la pareja. Cuidarnos forma parte de cuidar a la familia.
Para seguir leyendo
- Beneficios de mantener horarios regulares a la hora de dormir
- ¡A la cama! Mi hijo no quiere acostarse
- La mochila en el pasillo: cuando la misma escena se repite cada día.
(c) Can Stock Photo
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