¡A la cama! Mi hijo no quiere acostarse: qué hay detrás y cómo acompañar ese momento

¿Tu hijo no quiere acostarse? Por qué se alarga la hora de dormir, qué papel juegan su temperamento y tus expectativas, y cómo acompañarlo.
¡A la cama! Mi hijo no quiere acostarse, se hace el remolón y se resiste a irse a dormir.

Este artículo lo escribí en 2012, en una etapa anterior del blog. Desde hace un tiempo estoy revisando uno a uno todos los artículos, porque mi mirada también ha ido cambiando. Entonces lo planteaba sobre todo desde el enfoque cognitivo-conductual, que sigue siendo útil en muchas situaciones. Con los años he visto que las dinámicas familiares piden también una mirada relacional, y hoy acompaño a las familias con un marco propio, las 3R: revisar, recolocarnos y reparar. He reescrito este texto desde ese lugar, en octubre de 2026.

Agua. Pipí. Un cuento más. «Mamá, ven.» «No tengo sueño.» Llega la hora de acostarse y empieza una secuencia que en muchas casas se repite casi igual cada noche. Y al final del día, cuando queda poca paciencia, cada petición pesa el doble.

Lo que conté hace años, y por qué hoy lo cuento distinto

En la primera versión de este artículo conté a qué hora se acostaban mis hijos y que dormían toda la noche de un tirón. Lo conté para explicar que, con paciencia y rutinas, se podía conseguir.

Releyéndolo hoy, veo otra cosa. Esa foto podía convertirse en una vara de medir para quien vivía noches muy distintas en su casa. Y además era una foto parcial: mi hijo pequeño también durmió mal.

Ser madre de los dos me enseñó algo que el trabajo con familias me ha confirmado después: cada niño llega con su manera de dormir, y lo que funciona con uno puede no servir con su hermano.

El ideal del niño que se duerme solo y del tirón

Casi todos llegamos a la crianza con una idea de cómo debería ser la hora de dormir. No la inventamos nosotros: nos llega de la familia, de los consejos que recibimos, de lo que leemos, de un relato social que rara vez muestra las noches difíciles. Y cuando la noche real no se parece a esa idea, aparece la pregunta: ¿qué estoy haciendo mal?

Una revisión publicada en 2025 describe este proceso: cuando las expectativas sobre el sueño no encajan con la realidad, los padres pueden pensar que a su bebé le pasa algo o dudar de su propia capacidad. Y eso pesa en su bienestar y en la relación con el niño.

Querer descansar es legítimo. Lo que pesa es el ideal que nos dice que, si no lo conseguimos, algo estamos haciendo mal. Por eso conviene ponerle nombre a ese ideal y ver de dónde viene.

El temperamento cuenta

Hay niños que se duermen en cuanto tocan la almohada y niños a los que les cuesta mucho bajar el ritmo. Los psiquiatras Alexander Thomas y Stella Chess lo estudiaron desde los años cincuenta: describieron niños de temperamento fácil, difícil y lento para adaptarse, y los ritmos de sueño eran uno de los rasgos que los diferenciaban.

De ese trabajo salió una idea que sigue siendo muy útil, la bondad de ajuste: cómo encajan el temperamento del niño y lo que su entorno espera de él. Cuando un niño intenso llega a una casa donde todo estaba pensado para noches tranquilas, aparece un desajuste que agota a todos. Nadie tiene la culpa.

Lo que pasa entre nosotros a la hora de dormir

Durante años pusimos casi todo el foco en las rutinas: baño, cena, dientes, cuento, beso. Siguen ayudando, porque a muchos niños les da seguridad saber qué viene después.

Un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania observó algo interesante: en las familias estudiadas, las prácticas concretas que las madres utilizaban a la hora de dormir no mostraron una relación significativa con las alteraciones del sueño de sus bebés. En cambio, una mayor disponibilidad emocional se relacionaba con menos dificultades.

Se trata de un estudio pequeño y observacional, por lo que no podemos concluir que la disponibilidad emocional sea la causa de un mejor descanso. Pero sí nos invita a mirar más allá de las rutinas: no solo qué hacemos cuando acompañamos a dormir, sino también cómo estamos presentes.

Y aquí aparece otra pregunta: ¿cómo llegamos los adultos a ese momento? A menudo, con prisa, cansancio y sin nadie que nos releve. Eso también importa. No podemos pedir una disponibilidad emocional ilimitada a una persona agotada ni convertir el descanso infantil en otra responsabilidad que deba resolver por sí sola.

Lo que el niño ha vivido durante el día también entra en la habitación: el rato que ha tenido con nosotros, la excitación, las pantallas.

Las 3R: un marco para mirar la hora de dormir

Cuando una dificultad se repite noche tras noche, es fácil ponerse a buscar la técnica que la resuelva. En mi trabajo con familias parto de otro lugar: un marco propio que llamo las 3R, revisar, recolocarnos y reparar. Son tres movimientos que ponen el foco en lo que pasa entre el adulto y el niño, y que he ido aplicando a conflictos muy distintos, como la mochila que se queda en el pasillo o las discusiones con un hijo que necesita tener razón.

Aplicados a la hora de dormir, podrían verse así.

Revisar: mirar la escena entera

El primer movimiento es mirar la escena completa, sin ponerle nota. Revisar sin evaluar. Algunas preguntas que pueden ayudar:

  • ¿Qué pasa en casa la hora antes de acostarse?
  • ¿Cómo llego yo a ese momento?
  • ¿Qué espero que ocurra, y de dónde viene esa expectativa?
  • ¿Qué parece necesitar mi hijo cuando pide agua, otro cuento o que me quede?

Recolocarnos: cambiar algo de nuestro lugar

Recolocarse es introducir una diferencia en nuestra posición dentro de la relación. A la hora de dormir puede ser algo pequeño:

  • Anticipar lo que sabemos que va a pedir (agua, pipí, último abrazo) antes de salir de la habitación.
  • Dejar de tener como objetivo que se duerma ya y quedarnos un rato más presentes.
  • Ajustar la rutina al hijo que tenemos, que quizá necesita más tiempo que su hermano para bajar el ritmo.
  • Mantener un horario y una secuencia más o menos estables, con flexibilidad en vacaciones.

Como explicaba en Cuando tu hijo necesita tener razón, recolocarse pide detectar el patrón cuando aparece, introducir algo distinto y sostenerlo. Las primeras noches es probable que nada cambie.

Reparar: cuando la noche acaba mal

Habrá noches en las que no nos guste cómo hemos reaccionado. Quizá hayamos perdido la paciencia, hablado con más brusquedad de la que queríamos o respondido desde el cansancio. Cuando eso ocurre, podemos reconocerlo y reparar, sin exigirnos haberlo hecho todo perfectamente.

La investigación de Ed Tronick sobre ruptura y reparación muestra que los desajustes entre padres e hijos son frecuentes en la vida cotidiana, y que el vínculo se construye volviendo a encontrarse después.

Cuándo pedir ayuda

Si las dificultades para dormir se alargan mucho, afectan al día a día de tu hijo o te desbordan, coméntalo con su pediatra o con un profesional.

Una pregunta para ti

¿Qué ideas sobre cómo «deberían» dormir los niños te han llegado y te han hecho sentir que algo no iba bien? Si quieres, cuéntamelo en los comentarios.

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8 respuestas

  1. Hola tengo mi hija de dos años nueve meses dejó el pañal a los dos años y ahora hace como.un mes se me hace.papi en la.ropa me avisa pero cuando ya está morada , nose que hacer ya trato de llevarla yo seguido al.baño pero sí me descuido se moja le hablo pero se hace igual.ayuda porfa.

    1. Anónimo,
      los accidentes son muy habituales durante la fase de aprendizaje, sigue, continua, no tires la toalla. Las regresiones, es decir, dar un paso atrás también forma parte del aprendizaje, debemos aceptarlas y continuar apoyando a nuestros hijos. Piensa además que los niños de esta edad se distraen con mucha facilidad y si están inmersos en el juego es muy probable que no sientan las señales de su cuerpo cuando les avisa que su vejiga está llena, por eso suelen mojarse si no les recordamos que deben ir al baño cada cierto tiempo.
      Ánimo, seguro lo superáis pronto.

      Saludos

  2. mi experiencia trate de todas las maneras, pero al final me funciono instalandole un Tv en el cuarto y ponerle el canal que a el legusta, para mi hijo es mejor que un sedante, primero logro que se meta a la cama temprano y segundo le programo al televisor el auto apagado maximo 30 minutos, el resultado no dura ni 15 minutos viendo la tele acostado cuando la se duerme profundamente. nose si sea bueno pero me resulta, tambien en la forma de tratarlo y persuadirlo he mejorado bastante leyendo un material que me recomendó mi hermana en este link que les aporto http://www.universiaglobal.com/crianza_familia01.htm

  3. Camino,
    gracias por compartir tu experiencia, lógicamente no es lo mismo un hijo único que dos y mucho menos 3 como tu tienes. Tengo en cuenta tu sugerencia y escribo sobre ello. Animo desde aquí a que propongáis tantos temas o dudas como tengáis, así como explicar vuestras vivencias, porqué con ellas crecemos día a día.
    Lo dicho, pronto una entrada sobre cómo lestablecer pautas y rutinas para dormir en caso de familias más numerosas.

    Gracias a todas por vuestro tiempo y comentarios, es un gran placer contar con vosotras
    saludos.

  4. He leído con atención la entrada, pero me temo que no podría aplicar esos consejos con tres niños que duermen juntos, cada uno de edad diferente, uno que necesita dormir más y los otros dos no.
    Uno que se va a la cama pero habla con el resto o se pone a jugar con los muñecos y el otro que se pone a contar todo lo que no ha contado durante el día.
    Uno canta y el otro le responde, uno pide agua y el otro se enfada porque no le dejan dormir. Unas rutinas que no se pueden utilizar igual en unos que en otros porque no son iguales en edad ni en carácter.
    Tampoco podemos acompañar al menos dormilón a contarle un cuento sin sufrir el riesgo de despertar a los otros dos, así que me gustaría algún consejo adicional, por favor.

    Muchas veces leo blogs que hablan de situaciones con hijos únicos o cuando dos hermanos son pequeños. Nunca leo nada que haga referencia a establecer rutinas o pautas o guías cuando hay familias numerosas de por medio, donde las edades influyen y la convivencia es más complicada ya que se suele compartir habitación, juguetes, horarios, los padres no pueden hacer el mismo caso a unos que otros (¿cambias un pañal mientras lees un cuento mientras ayudas con los deberes?) principalmente por las edades etc.

    En cualquier caso muchas gracias por el blog, lleno de recursos y buenos consejos.
    Un saludo
    Camino

  5. La verdad es que en esto he tenido bastante suerte. Desde muy pequeñitos mis hijos acostumbraron a acostarse a las 20.00 y nunca hubo mayor problema por ello. Hoy en día ya es un hábito adquirido y su propio cuerpo les pide dormir sobre esa hora, salvo en vacaciones como has dicho que siempre duermen más tarde.

  6. Tengo que decirte que la idea de la alarma me ha parecido genial. Lo ensayaré con mi hija esta noche.
    De todas maneras, todo lo demás, lo estaba haciendo bien. Alguna vez me he puesto nerviosa, pero sé que eso le afectaría a la hora del sueño y me he relajado para que ella pueda comprender que tiene que dormir.
    Hay veces que el diálogo no va, pero un ratito con ella y se duerme. Y sí, hay que tener paciencia para que adquiera esa rutina fácilmente.
    Saludos

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