Cuando tu hijo necesita tener razón: cambiar el lugar desde el que respondes

Cuando tu hijo necesita tener razón, es fácil acabar entrando en un pulso. Cambiar el lugar desde el que respondes puede ayudarte a modificar esa dinámica.
Cuando tu hijo necesita tener razón durante una conversación familiar
Cuando una conversación se convierte una y otra vez en un pulso, cada uno puede acabar más pendiente de defender su posición que de escuchar al otro.

Cuando tu hijo necesita tener razón y discute todo, es fácil empezar a pensar que tiene un problema de egocentrismo, de inflexibilidad o incluso de falta de empatía. Que no sabe ceder, que quiere salirse siempre con la suya o que necesita imponer su criterio.

Hay casas en las que cualquier tema puede acabar en discusión. Una noticia en la radio, un comentario durante la cena, una película. Un hijo o una hija adolescente expone su opinión con mucha fuerza, los padres intentan matizar y, sin saber muy bien cómo, la conversación se convierte en un pulso. Al final alguien levanta la voz o se va de la mesa. Y la siguiente vez todos llegan un poco más preparados para defender su posición.

Es una situación que me describen a menudo en consulta con palabras muy parecidas: «discute por todo», «siempre quiere tener razón», «no acepta que le lleven la contraria».

Pero cuando una misma discusión se repite una y otra vez, quizá no baste con preguntarnos por qué nuestro hijo necesita tener siempre la razón. Si ponemos toda la atención en él —en su carácter, su rigidez o su forma de discutir— podemos perder de vista algo importante: qué ocurre entre nosotros cada vez que aparece el desacuerdo.

Porque una discusión no depende únicamente de lo que uno dice, sino también de cómo responde el otro y de lo que esa respuesta provoca después. Y ahí puede haber algo interesante que observar.

En este artículo quiero proponerte precisamente eso: dejar por un momento de intentar cambiar la forma en que tu hijo discute y observar qué puede ocurrir cuando cambias el lugar desde el que tú respondes.

Lo que pasa entre vosotros cuando tu hijo necesita tener razón

En la adolescencia, tener criterio propio y diferenciarse de los padres es una tarea evolutiva importante. El problema aparece cuando esa diferenciación toma siempre la misma forma. Si miramos la escena completa, suele repetirse algo así: ella defiende su postura con intensidad; los padres introducen matices para ayudarla a ver otros puntos de vista; ella vive esos matices como oposición; sube la intensidad para que la entiendan; los padres argumentan todavía más; ella se endurece; alguien se desborda. Y ella confirma lo que ya pensaba: «nunca me escucháis».

Cada respuesta tiene sentido por separado. Los padres quieren enseñar a pensar con matices; la hija quiere que la tomen en serio. La escucha activa no implica estar de acuerdo con el punto de vista del otro, sino poder escucharlo y tratar de comprenderlo. Juntas, esas respuestas mantienen la discusión.

Recolocarse

Recolocarnos significa introducir una diferencia en nuestra posición dentro de la relación. Muchas veces los padres ya están poniendo toda la paciencia que tienen, así que pedirles más no ayuda. Tampoco se trata de darle la razón para que se calme ni de renunciar a su criterio.

Recolocarse puede ser algo tan concreto como dejar de tener como objetivo inmediato convencerla. Por ejemplo:

  • «Entiendo que para ti esto es importante. No necesito estar de acuerdo contigo para escucharte.»
  • «¿Quieres que hablemos de lo que pensamos cada uno, o ahora necesitas que entienda tu punto de vista?»

Son frases que cambian el lugar desde el que se responde. El adulto sigue pensando lo que piensa; lo que deja de hacer es entrar automáticamente en el pulso.

Detectar, introducir, sostener

Recolocarse tiene tres partes. Detectar el patrón mientras está ocurriendo, cuando notas que «ya estamos otra vez». Introducir algo suficientemente distinto para no alimentar la misma secuencia. Y sostenerlo el tiempo necesario, porque la primera vez es probable que la conversación no cambie.

Esa tercera parte es la más difícil. Cuando cambiamos nuestra respuesta, el otro tarda en fiarse. Si a la segunda vez volvemos al pulso, la dinámica se reafirma.Sobre esta posibilidad de pasar de la reacción a una respuesta más consciente hablé también en la conferencia De la reacción a la prevención: emociones parentales que educan, para Fad Juventud.

Una pregunta para esta semana

Piensa en la discusión que más se repite en tu casa, sea con un adolescente o con un niño pequeño. ¿Qué intentas conseguir cuando respondes? Y si por una vez no intentaras conseguir eso, ¿qué podrías hacer distinto?

Si en tu casa la escena es la contraria, y lo que hay es silencio, quizá te ayude Mi hijo adolescente no me habla: qué hacer sin romper el vínculo. Y si te perdiste el primer movimiento, mirar la escena entera, está en La mochila en el pasillo.

La semana que viene hablaré del tercer movimiento: qué hacer cuando la discusión ya se ha roto y toca reparar.

Si quieres profundizar en esta mirada, puedes ver también la charla que impartí para FAD Juventud sobre qué ocurre cuando sentimos que no conseguimos conectar con nuestros hijos.

Imagen cortesía Magnific

¿En qué discusiones notas que tu hijo necesita tener razón, y en cuáles lo necesitas tú? Si quieres, cuéntamelo en los comentarios. Escribir un comentario

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