Son las siete de la tarde. Le dices a tu hijo que apague la consola en cinco minutos. Pasan los cinco minutos y te contesta que está a mitad de partida, que no se puede guardar. Le das otros cinco. Al tercer aviso ya hablas en otro tono, él protesta, tú le amenazas con quitársela toda la semana y la tarde acaba con un portazo. Mañana, a la misma hora, volverá a pasar.
Las peleas por las pantallas son de los conflictos que más se repiten en casa, y de los que más cansan, porque se negocian cada día. Como hice con las peleas entre hermanos, esta semana quiero mirarlas con el marco con el que acompaño a las familias: revisar, recolocarnos y reparar.
Revisar: lo que pasa alrededor de la consola
Cuando pasa esto, solemos fijarnos en la pantalla y en el tiempo que lleva delante. Merece la pena mirar también el resto de la escena. Para un niño de diez años o para un adolescente, dejar una partida a medias o cortar un vídeo en el mejor momento cuesta de verdad, entre otras cosas porque muchos juegos y plataformas están pensados para no terminar nunca. Lo explicaba hace unos días Kerry Marín en La pantalla no enseña sola.
También cuenta lo que te pasa a ti. El aviso suele llegar al final del día, cuando ya vas justa de paciencia, y a veces con el miedo de fondo a que «se enganche». Y luego está lo que ocurre entre los dos: con el tiempo, él aprende que el primer aviso no va en serio, y tú, que solo te hace caso cuando subes la voz. Y esa negociación de cada tarde acaba pesando tanto como la consola.
Lo que veo a menudo en consulta
Cuando trabajo este tema con las familias, suele llegar un momento en que pensamos acuerdos para toda la casa: que en las comidas no haya móviles en la mesa, o que las pantallas no entren en los dormitorios. Y es frecuente que ahí aparezca una resistencia que nadie esperaba, la de los adultos. Quieren que la norma la cumplan los hijos, pero ellos no se ven dejando el móvil.
Se entiende. El móvil es también el trabajo, el grupo de familias del colegio o el único rato del día para desconectar. Aun así, los hijos ven enseguida cuándo una norma vale para ellos y no para quien la pone, y entonces el acuerdo pierde fuerza antes de empezar. Con que la norma que les pedimos nos incluya también, ya hemos dado un paso grande, aunque no la cumplamos a la perfección.
Un acuerdo sobre pantallas se sostiene cuando los adultos también entran en él.
La Asociación Española de Pediatría lo recoge en su Plan Digital Familiar, una herramienta gratuita para pensar las normas en familia. Entre otras cosas propone comidas sin dispositivos, un sitio de la casa donde todos dejan el móvil antes de ir a dormir y que los padres cumplan los límites que ponen.
Recolocarnos: pactar el final antes de encender
Los avisos con tiempo, los temporizadores y las normas claras funcionan, y la psicología cognitivo-conductual los respalda. A eso se puede sumar un cambio sencillo: hablar de cuándo se apaga antes de encender. Cuando esa conversación llega con la partida empezada, él está metido en el juego y tú, en tu cansancio, y es difícil que salga bien. «Cuando termine este capítulo, se apaga», «juegas esta partida y luego vamos a cenar».
Con niños de primaria, el adulto pone el marco y ellos pueden elegir dentro de él: qué ver, o en qué orden. Con adolescentes, el acuerdo se negocia de verdad, se puede escribir y se revisa al cabo de unas semanas. Si te cuesta hasta empezar la conversación, quizá te ayude Mi hijo adolescente no me habla.
Los primeros días habrá protestas, porque él tardará en creerse que el acuerdo va en serio. Mantenerlo esos días, también cuando estás cansada y te sería más fácil ceder, le irá demostrando que va en serio. Y si en casa habéis decidido que los móviles se quedan en la entrada por la noche, el tuyo también va allí: así ve, sin necesidad de explicárselo, que la norma es de todos.
Reparar cuando la tarde se ha ido de las manos
Habrá tardes de gritos y de consolas requisadas. Al día siguiente, en un momento tranquilo, se puede volver sobre ello: «Ayer me enfadé mucho y te dije cosas que no quería decir. La norma sigue, pero me gustaría que pensáramos juntos cómo hacerlo para no acabar así». El límite sigue en pie, y además tu hijo aprende que después de un conflicto se puede volver a hablar. Lo cuento con más calma en Cuando ya ha pasado: cómo reparar después de un día malo con tu hijo.
Una pregunta para esta semana
Si hoy pensarais una norma de pantallas para toda la familia, ¿cuál sería la primera que podríais cumplir todos, también tú?
Si quieres empezar por la primera R, tienes justo debajo el cuaderno «Cuando reaccionas como no querías»: cinco preguntas para entender qué se activa en ti antes de que la situación se desborde.
Para seguir leyendo
- Niños y pantallas: qué sabemos y cómo poner límites sin convertirlo en una batalla
- Niños y pantallas: qué está pasando realmente en las familias
- Pantallas y sueño infantil: cómo proteger el descanso de tus hijos
- La pantalla no enseña sola: qué dice la evidencia sobre el adulto que está al lado
- Cuando la misma escena se repite: revisar, recolocarnos y reparar
- Curso gratuito: Mejorar la comunicación con nuestros hijos
¿Cuál es el momento del día en que más discutís por las pantallas en tu casa? Si quieres, cuéntamelo en los comentarios.
Imagen cortesía pvproductions en Magnific
¿Te ha pasado algo parecido en casa? Puedes contármelo en los comentarios: los leo todos. Escribir un comentario
Envíaselo a quien esté viviendo lo mismo
Curso gratuito · 7 lecciones
Desmontando mitos de la crianza
Siete ideas muy repetidas que añaden culpa y confusión. Lecciones breves para recuperar tu propio criterio.
Empezar gratis Solo nombre y correo