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Desobediente y desafiante … ¿Qué pasa con mi hijo?

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Tener que batallar a diario con un hijo desobediente es un trabajo agotador y frustrante, pero el trabajo se intensifica si el niño es además un niño desafiante, un niño que te reta y te lo discute todo y pretende tener siempre la razón o salirse con la suya sí o sí. Uno de esos niños que en algún momento se ha creído que era él quien fijaba las normas en casa, y puede que así haya sido.



Algunos pensarán que estos niños se vuelven así, desobedientes y desafiantes por :

  • – una falta de normas o límites, 
  • – otros quizás piensen que es por debilidad de los padres por las dudas que les supone no saber cómo actuar o qué decir en ese momento, 
  • – por una mal llamada culpa de los padres por manifestar una falta de consistencia en su modo de proceder castigando a veces o no haciendo caso otras,
  • – otros quizás crean o digan que es por un exceso de normas y/o falta de libertad, por ser niños excesivamente sobreprotegidos que se rebelan ante la autoridad …

La verdad es que no hay un único factor que predisponga a la desobediencia continuada y sistemática ni a conductas desafiantes, y no olvidemos la importancia que pueden tener factores genéticos, biológicos y ambientales tal y como describimos al hablar de los niños con Trastorno Negativista Desafiante  al que hicimos referencia en este mismo blog. O puede que nos encontremos ante un niño que padece el tan polémico Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) Pero no todos los niños desobedientes y desafiantes padecen estos trastornos

En la gran mayoría de ocasiones solo se trata de niños que nos ponen constantemente a prueba, niños que se encuentran perdidos y asustados porque en realidad necesitan la guía constante de sus padres y madres. Niños quizás inmaduros, inmadurez que puede ser producto de algún acontecimiento significativo en sus vidas que no les haya permitido superar etapas anteriores y aprender a gestionar adecuadamente sus emociones, por lo que reaccionan desmesuradamente ante las reglas y normas establecidas. Los celos pueden ser una de estas causas si no se gestionan adecuadamente.

Pero también es posible que se correspondan a alguno de los casos que comentábamos en párrafos anteriores. Debemos preguntarnos qué ha llevado a nuestro hijo a este punto: 

  • – ¿le hemos permitido y consentido todo o casi todo? 
  • – ¿hay una falta de normas en casa y los límites son difusos?
  • – ¿no somos coherentes ni consistentes en nuestro modo de educar? ¿Unas veces sancionamos la conducta mientras otras la ignoramos?
  • – ¿tenemos un exceso de normas en casa y no le permitimos nada o casi nada?¿castigamos en exceso incluso las conductas normales para su nivel de edad? Ser demasiado estricto con nuestros hijos pone en riesgo muchas cosas pero la más evidente es que ellos se nieguen a aceptar las normas y a seguirlas. Cuidado con el exceso de normas y en nuestra rigidez.
  • – ¿tolera bien la frustración nuestro hijo o por lo contrario es incapaz de aceptar un no por respuesta y por eso accedemos a todo?

La respuesta a estas preguntas puede ponernos sobre la pista de qué le puede ocurrir a nuestro hijo. En la gran mayoría de casos solo necesitan tener claro lo que deben hacer y cuáles son las consecuencias de su transgresión o de su falta de respeto hacia los demás (sean o no adultos o figuras de autoridad).


Hay que ser claros, concisos, con pocas normas pero bien definidas. Cuando aprendan a seguirlas iremos incorporando otras. No debemos entrar en la provocación porque no nos llevará a nada bueno, pero tampoco debemos ceder ante sus negativas a obedecer, sencillamente aplicaremos la consecuencia que hemos establecido para cada caso, a ser posible consecuencias naturales en lugar de castigos infructuosos como el “te quedas sin …”. Se aplican evitando en todo lo posible gritar, previo aviso de lo que ocurrirá en caso de no obedecer. En estos casos dar más de 2 oportunidades es dar rienda suelta a su desobediencia y desgastar más nuestra ya debilitada paciencia por lo que debemos dejar claro que solo avisamos una sola vez, sin más. 

Tengamos en cuenta siempre la edad del niño, hay que saber que en determinadas etapas del desarrollo, principalmente de los 2 a los 3 años, los niños pasan por una etapa de negación constante propia de la edad y necesaria para su desarrollo. Pero una actitud impulsiva y rebelde más allá de la primera infancia puede esconder algún problema de conducta que requerirá mayor atención.

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Foto cortesía http://www.sxc.hu/

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