Mi hijo me cae mal

Mi hijo me cae mal

«Sí, mi hijo me cae mal» Este es uno de los pensamientos que puede llegar a invadirnos, incluso podemos llegar a verbalizarlo y normalizarlo. Dejar que este sentimiento nos invada y corroa. Dejar que la convivencia familiar se deteriore y el vínculo con nuestro hijo se rompa definitivamente.

Hoy toco un tema sensible y complicado pero que no por complicado o difícil deba dejarse de lado. Espero poder hablar de ello como se debe, desde la serenidad y la comprensión, sin juzgar ni pretender tener la posesión de la verdad.

Solo pretendo dar mi punto de vista e intentar dar algunas sugerencias para que los padres que se sientan en esta difícil situación puedan dar un giro a sus emociones.

Mi hijo me cae mal, cómo es posible.

Leyendo otros blogs, redes sociales y foros varios me he encontrado con madres desesperadas que acaban admitiendo que sus hijos o hijas, con su modo de comportarse, empiezan a caerles mal. Difíciles y sinceras afirmaciones que probablemente se han hecho desde el dolor más profundo, frustración o rabia. Mi hijo me cae mal, que finalmente se ha convertido en un libro con mucha repercusión mediática, aborda este tema tan complejo a la vez que políticamente incorrecto igual que lo es admitir que tenemos un hijo favorito. ¿Es posible que mi hijo me caiga mal, puedo tener un hijo favorito por encima de otro, … por qué, no los quiero ya , cómo hemos llegado a este punto?

Difíciles cuestiones que tocan lo más hondo de nuestro ser, que nos hacen sentir mal con nosotros mismos y que seguramente podemos transformar estos sentimientos si los trabajamos con madurez.

Sí, es un tema que hay que abordar con tranquilidad, porque es necesario sentarse, meditar y ver qué se puede hacer cuando algún padre o madre tras años de paciencia infinita intentando educar a sus hijos acabe sintiendo que ya no puede más.

Por qué nos puede llegar a caer mal nuestro hijo. Causas.

Las causas por las que puedes llegar a pensar que «mi hijo me cae mal» son varias. Bien puede ser por un desfase entre las expectativas generadas y la realidad, o quien sabe si es porque en este momento te estás enfrentado a un niño o niña que le cuesta aceptar la autoridad y que por ello piensas que te maneja a su antojo.

Sea como sea, los principales motivos que he percibido en madres y padres que comentan que sus hijos empiezan a caerles mal son:

  1. Expectativas parentales irreales que topan con una realidad que no encaja.
  2. Un niño, preadolescente o adolescente que contesta mal todo el tiempo.
  3. Hijos que según sus padres se han convertido en tiranos o tiranas que exigen sin cesar sin dar nada a cambio. Te invito a leer : Hijos maltratadores, del síndrome del emperador a hijo maltratador.
  4. Hijos que no aceptan la autoridad materna o paterna, que reta y desafían constantemente llevando a sus padres al límite.

Sin embargo, cabe tener en cuenta que los adultos somos nosotros, los padres, y nos toca a nosotros darle la vuelta a esta situación que se nos está yendo de las manos.

Mi hijo me cae mal, qué puedo hacer para mejorar la situación.

Si por alguna de estas causas o por una combinación de varias hemos llegado a este punto, donde la relación con nuestro hijo o hija está intoxicando el sistema y la dinámica familiar debemos parar e intentar darle la vuelta a la situación. Porque es más que obvio que de este modo no es posible vivir.

Los niños y niñas, en su evolución y desarrollo, en el camino para hacerse adultos pasan por diferentes fases en las que necesitan reivindicar su yo, su personalidad, su diferenciación de papá y mamá. Unos niños más que otros, viven estas fases con mayor intensidad, ya sea por temperamento, estilo educativo o vínculo establecido con los progenitores.

Hay niños que se revuelven contra todo, mienten, no escuchan, lo quieren todo, se frustran fácilmente y no aceptan un no por respuesta. Es en estos casos cuando los padres pueden flaquear. Pero no hay que tirar la toalla, de verdad.

En primer lugar debemos analizar por qué y cómo hemos llegado a este punto. Valorar si realmente todo lo que hace y dice nuestro hijo o hija nos disgusta y aborrece. Hacer una lista de qué nos enerva tanto y por qué creemos que se comporta como lo hace. Es decir, debemos empatizar,  ponernos en su lugar y buscar el modo de entender su punto de vista. Este análisis de la situación nos permitirá ser más objetivos y concretos con lo que está ocurriendo.

En muchos casos la solución pasará por ignorar totalmente algunos de los comportamientos que está teniendo nuestro hijo, hacer como si nada, no caer en la provocación ni en el juego de lucha por el poder. Manernos firmes pero sin dejar de dialogar, hablar con nuestros hijos, intentar ver qué les preocupa o qué les está sucediendo. Tómate un refresco con él o ella en un lugar tranquilo, id a pasear y escucharos.

En caso que creamos que no somos capaces de sobreponernos lo mejor es consultar con un profesional de la psicología para que intervenga y nos ayude a superar una situación que se ha vuelto insostenible.


 


Mi hijo me cae mal, libro de Sara Tarrés sobre la ambivalencia emocional en la maternidad

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Foto cortesía www.pixabay.com

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