Educación emocional · regulación emocional · desarrollo emocional en la infancia
Artículo revisado · Marzo 2026
Este artículo ha sido revisado para actualizar algunos contenidos e incorporar una mirada más actual sobre educación emocional, regulación emocional y el papel de la familia en el desarrollo emocional de los niños.
Forma parte del proceso de actualización editorial del blog Mamá Psicóloga Infantil.
La inteligencia emocional es una de las habilidades más importantes para el bienestar y el desarrollo de los niños. Aprender a reconocer lo que sienten, poner palabras a sus emociones y encontrar maneras adecuadas de expresarlas les ayudará a relacionarse mejor con los demás y consigo mismos.
Pero la inteligencia emocional no se aprende solo con explicaciones: se desarrolla principalmente a través de la experiencia y de la relación con los adultos. En este artículo veremos qué es la inteligencia emocional y cómo podemos ayudar a los niños a desarrollarla en el día a día de la vida familiar.
La inteligencia emocional es la capacidad de identificar y reconocer las emociones, en nosotros mismos y en los demás, y de aprender a manejarlas de forma adecuada.
Hoy quiero hablarte de cómo podemos desarrollarla en el seno familiar, puesto que somos los padres y madres los principales entrenadores emocionales de nuestros hijos.
En este artículo encontrarás
La Inteligencia Emocional (I.E) no se adquiere en un día
Antes de continuar quiero advertirte de algo que considero fundamental. La inteligencia emocional no es magia, ni una solución instantánea a todos tus problemas. No se adquiere en un día, ni en dos.
La inteligencia emocional no se aprende en un solo momento, se construye día a día a través de la experiencia, el acompañamiento y la relación con las personas que nos cuidan.
Si bien es cierto que hay personas que parece que su inteligencia emocional venga de serie, debes saber que todos podemos ser emocionalmente inteligentes, pero para ello debemos estar dispuestos a aprender cada día. Un aprendizaje que empezó en nuestra infancia y que debe prolongarse a lo largo de toda nuestra vida.
Porque podremos leer mil libros, artículos o post en blogs de todo tipo. Podremos hacer todos los cursos y talleres que haya en el mundo que de nada nos servirán si no nos esforzamos, interiorizamos, practicamos y somos constantes, todos los días.
Pero está bien que estés aquí leyéndome. Esto demuestra tu interés por mejorar, por buscar otro modo de educar. Y créeme que es posible aunque no es tan fácil, ni sencillo o simple como te cuentan en otros lugares.
Esfuerzo, práctica y constancia
Desarrollar nuestra inteligencia emocional y la de nuestros hijos requiere de mucho esfuerzo diario, de práctica constante, de revisión de avances y retrocesos. Constancia, perseverancia y empeño que merecen la pena aunque haya días que desees tirar la toalla y seguir como siempre, a merced de tus emociones más básicas. Educando en función de si estás enfadado, triste o cansado.
Pero sé que esto no es lo que quieres. No. No lo es.
Sé que deseas que tus hijos sean personas emocionalmente inteligentes, que sepan reconocer lo que sienten, que aprendan a regular la intensidad de sus emociones, que empaticen con los demás y se relaciones con ellos de forma asertiva.
Sí, sé que deseas eso. Y por este motivo estás aquí. Leyéndome a ver si te explico como hacerlo. Pero la verdad es que todo ello depende, en gran parte de ti y de cómo manejes tú tus propias emociones. De modo que antes de educar emocionalmente a tus hijos deberás empezar por ti mismo.
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Libros para trabajar la inteligencia emocional en familia
Si quieres profundizar en la educación emocional, estos libros pueden ayudarte a trabajar las emociones con los niños en casa.
Mis emociones al descubierto
Cuaderno práctico para ayudar a los niños a comprender y expresar sus emociones.
Leer reseña
Mi hijo me cae mal
Una reflexión honesta sobre las emociones complejas que pueden aparecer en la crianza.
Leer reseña
El emociómetro del Inspector Drilo
Un libro infantil para ayudar a los niños a identificar y comprender sus emociones.
Leer reseñaQué NO es la inteligencia emocional
A veces se habla de inteligencia emocional como si significara que los niños nunca deben enfadarse, llorar o sentirse frustrados. Sin embargo, esto es un malentendido bastante frecuente.
Desarrollar la inteligencia emocional no significa evitar las emociones difíciles ni pretender que los niños estén siempre tranquilos o felices.
La tristeza, el enfado, la frustración o el miedo forman parte del desarrollo emocional y cumplen una función importante. Gracias a estas emociones los niños aprenden a comprender lo que necesitan, a poner límites y a adaptarse a las diferentes situaciones de la vida.
La inteligencia emocional consiste, en realidad, en aprender a reconocer lo que sentimos, comprender por qué aparece esa emoción y encontrar formas adecuadas de expresarla y gestionarla.
Errores comunes sobre la inteligencia emocional en los niños
Cuando se habla de inteligencia emocional, a veces aparecen algunas ideas equivocadas que pueden dificultar su desarrollo en la vida cotidiana.
- Pensar que los niños deben evitar las emociones difíciles (las mal llamadas negativas). La tristeza, el enfado o la frustración no son emociones que debamos eliminar, sino experiencias que ayudan a los niños a comprender lo que sienten y a desarrollar estrategias para gestionarlo.
- Intentar solucionar inmediatamente todas las emociones de los niños. Acompañar emocionalmente no significa resolver siempre el problema, sino ayudarles a poner palabras a lo que sienten y a encontrar poco a poco sus propios recursos.
- Olvidar que los adultos también somos parte del proceso. Los niños aprenden a gestionar sus emociones observando cómo reaccionan las personas que les rodean, especialmente sus padres y madres. Esto es justamente lo que vamos a explicar en la siguiente sección.
Tu papel como padre o madre en el desarrollo de la Inteligencia Emocional de tus hijos
Tu papel como padre o madre en el desarrollo de la Inteligencia emocional de tus hijos es clave. Eres y serás su guía, su entrenador, su sherpa. Contigo aprenden o han aprendido a caminar, a hablar, a leer y contigo también aprenderán a ser emocionalmente más inteligentes.
Contigo aprenderán a :
- Ser conscientes de sus sentimientos y a expresarlos si les ofreces la oportunidad de desarrollar su vocabulario emocional y un espacio para expresar lo que sienten sin ser juzgados, reprimidos o negados. (Autoconocimiento).
- A regular sus emociones cuando éstas sean tan intensas que provoquen comportamientos de los que más adelante se puedan arrepentir (Autoregulación)
- Ser empáticos, tolerantes, asertivos y agradecidos. (Habilidades sociales)
- Aceptarse a sí mismos, a no depender de las opiniones de los demás, desarrollando un acorrecta autoestima y autoconfianza (Autonomía emocional o Automotivación)
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Tu papel como padre/madre, como ves, es esencial. Los niños aprenden observándote. Aprenden a expresar su rabia, tristeza o alegría en gran parte de ti. Aprenden que enfadarse es bueno o malo según tú te comportes cuando ellos se enfadan. Tu les enseñas sin ser consciente de ello y lo haces diariamente con tu comportamiento, con lo que dices y haces. Con tus gestos, miradas y palabras.
Dedica tiempo a conocerte
Ahora que somos más conscientes de cómo influimos en la inteligencia emocional de nuestros hijos podemos empezar. Y lo primero que debemos hacer es dedicar tiempo a conocernos.
Este es el primer paso para desarrollar la Inteligencia Emocional en familia. Debemos dedicar tiempo a conocernos como persona y como padre o madre. Dedicar tiempo a conocer qué sentimos en cada momento y las reacciones que provoca en nosotros a nivel:
- fisiológico (Qué sentimos en nuestro cuerpo: palpitaciones, sudor frío, …)
- conductual (Cómo actuamos: abrazos, besos, gritos, golpes, ..)
- cognitivo (Qué pensamos: pensamientos positivos, negativos, atención, memoria…)
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Emociones básicas y su función
El siguiente paso es conocer las emociones básicas o primarias y saber que todas son necesarias. No hay emociones malas ni buenas. Todas son imprescindibles porque todas ellas cumplen una función que nos ayuda a sobrevivir. Todo esto lo puedes encontrar en: «Mis emociones al descubierto. Guía y cuaderno emocional para trabajar en familia» Editorial Salvatella.
Las emociones son señales internas que nos ayudan a entender lo que estamos viviendo y nos preparan para responder.
Se activan ante estímulos (internos o externos) que percibimos a través de nuestros receptores emocionales (vías específicas de nuestro cerebro) y que nos informan si estos estímulos son favorables o no para nuestra supervivencia.
Si son favorables se activan emociones agradables como la alegría o el amor. Si no lo son entonces aparecen emociones desagradables como la ira, el miedo, la aversión o la tristeza.
Permitirnos sentir cada una de nuestras emociones es esencial para desarrollar la inteligencia emocional. Por eso también debemos permitir a nuestros hijos sentirlas y aprender a expresarlas.
Negar, reprimir o frenar la expresión no conduce a nada más que al desequilibrio y al malestar. Reprimir una emoción o negar su existencia impide que podamos satisfacer adecuadamente lo que sentimos y generando una sensación difusa de pesadumbre, inquietud o desazón que no sabremos cómo reducir.
El vocabulario emocional: una clave para desarrollar la inteligencia emocional
Cuanto más amplio es nuestro vocabulario emocional, mejor podremos comprender lo que sentimos y acompañar las emociones de nuestros hijos.
Ampliar nuestro vocabulario emocional nos permitirá responder con mayor precisión a preguntas tales cómo «¿Qué tal estás?»
Bien o mal, son respuestas vagas, difusas.
Contestar algo como: «Estoy contento, alegre, feliz, satisfecho, animado, decepcionado, frustrado, insatisfecho, apesadumbrado, preocupado, inquieto, ansioso, …» ayuda a los demás a conectar con nuestro estado interno.
Demos color a nuestras emociones, cuanto mayor sea nuestro vocabulario emocional mejor nos conoceremos y daremos la oportunidad para que los demás nos conozcan mejor.
El autoconocimiento emocional pasa por tener un vocabulario rico que nos permita expresarnos con detalle y precisión favoreciendo la relación con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.
Es precisamente tu riqueza en vocabulario emocional la que va a conseguir que tus hijos también la desarrollen junto a ti. Trabajad este abanico de palabras juntos, hablad de las emociones cuando leáis cuentos o miréis alguna película («Del revés«, es una de las mejores que nos permite hablar de las emociones básicas pero cualquier otra será perfecta)
Ideas sencillas para ampliar el vocabulario emocional en casa
Los niños aprenden a identificar sus emociones cuando los adultos les ayudamos a poner palabras a lo que sienten. Algunas formas sencillas de hacerlo en el día a día pueden ser:
- Nombrar las emociones cuando aparecen: “Parece que estás enfadado porque el juego ha terminado.”
- Hablar sobre cómo se sienten los personajes de los cuentos o películas.
- Compartir también nuestras propias emociones como adultos.
- Utilizar juegos o libros que ayuden a reconocer diferentes emociones.
Este tipo de conversaciones cotidianas ayudan a los niños a comprender mejor lo que sienten y a desarrollar poco a poco su inteligencia emocional.
¿Qué palabras utilizas habitualmente para explicar cómo te sientes?
Controla tus impulsos
Este es, quizás, el más difícil de los pasos.
El autocontrol emocional no aparece de un día para otro: se desarrolla poco a poco a medida que madura el cerebro y los niños aprenden a regular sus emociones.
El autocontrol emocional es una de las habilidades de la Inteligencia Emocional que requiere que nuestro cerebro adquiera cierto grado de madurez. Esto es así debido a que es preciso que las estructuras relacionadas con el control de las emociones y la inhibición de los impulsos (situadas en el lóbulo frontal) se desarrollen por completo. Cosa que ocurre más o menos sobre los 20 años.
Entender esto puede ayudarnos a comprender lo difícil que es para un pequeño de 4 años controlar sus rabietas o la dificultad que supone para otro más mayor hacer frente a la frustración de no ganar un concurso de lo que sea a lo que se presente. Si te interesa comprender mejor por qué aparecen las rabietas infantiles y cómo acompañarlas, puedes leer también este artículo sobre por qué se producen las rabietas infantiles.
La ira, esa emoción tan fuerte que nos invade y arrastra, es quizás junto al miedo una de las emociones que resulta más difícil de controlar. Son también emociones que se contagian rápidamente y de las que aprendemos a expresar por imitación. De modo que, como padres, es importante que intentemos siempre controlar nuestras conductas. Evitemos gritar, golpear, insultar y busquemos modos más adecuados y adaptativos para expresar nuestros enojo o enfado sin negar o reprimir.
Por eso es importante recordar que los niños aprenden a regular sus emociones principalmente a través de la relación con los adultos. Cuando los padres somos capaces de reconocer nuestras propias emociones y gestionarlas de una forma más consciente, también estamos enseñando a nuestros hijos cómo hacerlo.
Si te interesa profundizar en esta idea, quizá te resulte útil detenerte un momento y reflexionar sobre una pregunta clave en la crianza:
La inteligencia emocional se desarrolla principalmente en la familia
Los niños aprenden inteligencia emocional principalmente observando cómo los adultos gestionamos nuestras propias emociones.
La inteligencia emocional se desarrolla principalmente en el contexto familiar. La educación emocional en la familia se construye en las pequeñas experiencias del día a día: en cómo hablamos de lo que sentimos, en cómo reaccionamos ante la frustración y en la manera en que acompañamos las emociones de nuestros hijos.
Los niños aprenden a gestionar sus emociones observando cómo reaccionan los adultos ante las diferentes situaciones del día a día. Cuando los padres mostramos formas respetuosas de expresar el enfado, la tristeza o la frustración, también estamos enseñando a nuestros hijos maneras más saludables de relacionarse con sus propias emociones.
Obviamente, la inteligencia emocional no es algo que solo podamos desarrollar dentro del seno familiar.
La escuela, el grupo de iguales y nuestro lugar de trabajo son lugares donde aprendemos día a día. Zonas y contextos distintos en los que desarrollamos nuestras capacidades y habilidades, pero sin duda la familia es el primer lugar donde los más pequeños aprender a ser. Por eso hago tanto énfasis en la importancia que tenemos los padres en el crecimiento emocional de nuestros hijos.
Teniendo en cuenta todo lo dicho hasta aquí he escrito «Mis emociones al descubierto. Guía y cuaderno emocional para trabajar en familia«. Un libro muy útil para trabajar las cuatro emociones básicas (alegría, tristeza, miedo, ira) con los niños y niñas a partir de los 6 años.
No podemos dejar que sea la solo escuela la única encargada de fomentar la Inteligencia Emocional a través de la lectura de cuentos, dinámicas de grupo y tantos otros recursos que sé que utilizan para ello.
Como padres y madres debemos implicarnos al mil por mil porque solo así podremos educar a personas emocionalmente competentes.
Personas, emocionalmente inteligentes, que sabrán hacer frente a sus dificultades sin tener que recurrir a comportamientos destructivos como el acoso escolar, acoso sexual, violencia de género, consumo de drogas, trastornos de la conducta alimentaria, y tantas otras dificultades derivadas de una comprensión y regulación poco adecuada de sus emociones.
¿Qué significa ser emocionalmente competente?
Una persona emocionalmente competente es aquella que aprende a reconocer lo que siente, comprender por qué aparece esa emoción y encontrar formas adecuadas de expresarla y regularla. Estas habilidades no se desarrollan de un día para otro: se construyen poco a poco a lo largo de la vida, especialmente a través de las relaciones familiares y las experiencias cotidianas.
La inteligencia emocional no se enseña con discursos, sino a través de la relación, el ejemplo y la manera en que acompañamos las emociones de nuestros hijos cada día.
3 ideas clave sobre la inteligencia emocional en la infancia
La inteligencia emocional se desarrolla progresivamente a lo largo del tiempo y forma parte del proceso de maduración de los niños. Para acompañar este desarrollo, conviene recordar algunas ideas importantes:
La inteligencia emocional se construye en el día a día. Poner palabras a lo que sentimos, conversar sobre las emociones y acompañar los momentos difíciles son pequeñas experiencias cotidianas que ayudan a desarrollarla.
Las emociones forman parte de nuestra vida en todas las etapas. En la infancia, sin embargo, los niños todavía están aprendiendo a reconocerlas, comprenderlas y regularlas, por lo que necesitan el acompañamiento de los adultos.
Los niños aprenden en gran medida a través de la observación. La manera en que los adultos expresamos el enfado, la tristeza o la frustración se convierte también en una referencia para ellos.
Acompañar el desarrollo emocional de los niños no consiste en evitar sus emociones, sino en ayudarles a comprenderlas y a aprender poco a poco a convivir con ellas.
¿Qué es la inteligencia emocional?
La inteligencia emocional es la capacidad de identificar, comprender y gestionar nuestras propias emociones y también las de los demás.
En la infancia se desarrolla principalmente a través de la relación con los adultos y de las experiencias cotidianas.
¿Por qué es importante desarrollar la inteligencia emocional en los niños?
Porque les ayuda a comprender lo que sienten, a regular sus emociones, a relacionarse mejor con los demás y a afrontar situaciones como la frustración, el enfado o la tristeza de una manera más adaptativa.
¿Cómo pueden los padres fomentar la inteligencia emocional en casa?
El desarrollo emocional comienza desde los primeros años de vida y continúa durante toda la infancia y la adolescencia.
A medida que el cerebro madura, especialmente el lóbulo frontal, los niños adquieren mayor capacidad para regular sus emociones y controlar sus impulsos.
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