Inteligencia Emocional, cómo desarrollarla en familia

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La Inteligencia Emocional es la habilidad para identificar y reconocer las emociones, en nosotros mismos y en los demás, y poder manejarlas de forma adecuada. Hoy quiero hablarte de cómo podemos desarrollar esta inteligencia en el seno familiar, puesto que somos los padres/madres los principales entrenadores emocionales de nuestros hijos.

INTELIGENCIA EMOCIONAL

La Inteligencia Emocional (I.E) no se adquiere en un día

Antes de continuar quiero advertirte de algo que considero fundamental. La inteligencia emocional no es magia, ni una solución instantánea a todos tus problemas. No se adquiere en un día, ni en dos.

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Si bien es cierto que hay personas que parece que su inteligencia emocional venga de serie, debes saber que todos podemos ser emocionalmente inteligentes, pero para ello debemos estar dispuestos a aprender cada día. Un aprendizaje que empezó en nuestra infancia y que debe prolongarse a lo largo de toda nuestra vida.

Porque podremos leer mil libros, artículos o post en blogs de todo tipo. Podremos hacer todos los cursos y talleres que haya en el mundo que de nada nos servirán si no nos esforzamos, interiorizamos, practicamos y somos constantes, todos los días.

Pero está bien que estés aquí leyéndome. Esto demuestra tu interés por mejorar, por buscar otro modo de educar. Y créeme que es posible aunque no es tan fácil, ni sencillo o simple como te cuentan en otros lugares.

Desarrollar nuestra inteligencia emocional y la de nuestros hijos requiere de mucho esfuerzo diario, de práctica constante, de revisión de avances y retrocesos. Constancia, perseverancia y empeño que merecen la pena aunque haya días que desees tirar la toalla y seguir como siempre, a merced de tus emociones más básicas. Educando en función de si estás enfadado, triste o cansado.

Pero sé que esto no es lo que quieres. No. No lo es. Sé que deseas que tus hijos sean personas emocionalmente inteligentes, que sepan reconocer lo que sienten, que aprendan a regular la intensidad de sus emociones, que empaticen con los demás y se relaciones con ellos de forma asertiva.

Sí, sé que deseas eso. Y por este motivo estás aquí. Leyéndome a ver si te explico como hacerlo. Pero la verdad es que todo ello depende, en gran parte de ti y de cómo manejes tú tus propias emociones. De modo que antes de educar emocionalmente a tus hijos deberás empezar por ti mismo.

inteligencia emocional

Tu papel como padre o madre en el desarrollo de la I.E de tus hijos

Tu papel como padre o madre en el desarrollo de la Inteligencia emocional de tus hijos es clave. Eres y serás su guía, su entrenador, su sherpa. Contigo aprenden o han aprendido a caminar, a hablar, a leer y contigo también aprenderán a ser emocionalmente más inteligentes.

Contigo aprenderán a :

  • Ser conscientes de sus sentimientos y a expresarlos si les ofreces la oportunidad de desarrollar su vocabulario emocional y un espacio para expresar lo que sienten sin ser juzgados, reprimidos o negados. (Autoconocimiento).
  • A regular sus emociones cuando éstas sean tan intensas que provoquen comportamientos de los que más adelante se puedan arrepentir (Autoregulación)
  • Ser empáticos, tolerantes, asertivos y agradecidos. (Habilidades sociales)
  • Aceptarse a sí mismos, a no depender de las opiniones de los demás, desarrollando un acorrecta autoestima y autoconfianza (Autonomía emocional o Automotivación)

Tu papel como padre,/madre, como ves, es esencial. Los niños aprenden observándote. Aprenden a expresar su rabia, tristeza o alegría en gran parte de ti. Aprenden que enfadarse es bueno o malo según tú te comportes cuando ellos se enfadan. Tu les enseñas sin ser consciente de ello y lo haces diariamente con tu comportamiento, con lo que dices y haces. Con tus gestos, miradas y palabras.

Dedica tiempo a conocerte

Ahora que somos más conscientes de cómo influimos en la inteligencia emocional de nuestros hijos podemos empezar. Y lo primero que debemos hacer es dedicar tiempo a conocernos.

Este es el primer paso para desarrollar la Inteligencia Emocional en familia. Debemos dedicar tiempo a conocernos como persona y como padre o madre. Dedicar tiempo a conocer qué sentimos en cada momento y las reacciones que provoca en nosotros a nivel:

  • fisiológico (Qué sentimos en nuestro cuerpo:palpitaciones, sudor frío, …)
  • conductual (Cómo actuamos: abrazos, besos, gritos, golpes, ..)
  • cognitivo (Qué pensamos: pensamientos positivos, negativos, atención, memoria…)

Emociones básicas y su función

El siguiente paso es conocer las emociones básicas o primarias y saber que todas son buenas. No hay emociones malas. Todas son necesarias porque todas ellas cumplen una función que nos ayuda a sobrevivir.

Las emociones son mecanismos de respuesta inmediata que nos permiten actuar, sin tener que detenernos a pensar mucho.

Se activan ante estímulos (internos o externos) que percibimos a través de nuestros receptores emocionales (vías específicas de nuestro cerebro) y que nos informan si estos estímulos son favorables o no para nuestra supervivencia. Si son favorables se activan emociones agradables como la alegría o el amor. Si no lo son entonces aparecen emociones desagradables como la ira, el miedo, la aversión o la tristeza.

Permitirnos sentir cada una de estas emociones y cualquier otra que sintamos es primordial para desarrollar nuestra inteligencia emocional. Consecuentemente debemos permitir a nuestros hijos sentirlas y expresarlas.

Negar, reprimir o frenar la expresión no conduce a nada más que al desequilibrio y al malestar. Reprimir una emoción o negar su existencia impide que podamos satisfacer adecuadamente lo que sentimos y generando una sensación difusa de pesadumbre, inquietud o desazón que no sabremos cómo reducir.

Amplia tu vocabulario emocional

Amplia tu vocabulario emocional para poder responder con mayor precisión a preguntas tales cómo «¿Qué tal estás?»

Bien o mal, son respuestas vagas, difusas.

No sería mejor contestar algo como: «Estoy contento, alegre, feliz, satisfecho, animado, decepcionado, frustrado, insatisfecho, apesadumbrado, preocupado, inquieto, ansioso, …» Demos color a nuestras emociones, cuanto mayor sea nuestro vocabulario emocional mejor nos conoceremos y daremos la oportunidad para que los demás nos conozcan mejor.

El autoconocimiento emocional pasa por tener un vocabulario rico que nos permita expresarnos con detalle y precisión favoreciendo la relación con nosotros mismos y con las personas que nos rodean.

Es precisamente tu riqueza en vocabulario emocional la que va a conseguir que tus hijos también la desarrollen junto a ti. Trabajad este abanico de palabras juntos, hablad de las emociones cuando leáis cuentos o miréis alguna película («Del revés«, es una de las mejores que nos permite hablar de las emociones básicas pero cualquier otra será perfecta)

Controla tus impulsos

Este es, quizás, el más difícil de los pasos.

El autocontrol emocional es una de las habilidades de la I.E que requiere que nuestro cerebro adquiera cierto grado de madurez. Esto es así debido a que es preciso que las estructuras relacionadas con el control de las emociones y la inhibición de los impulsos (situadas en el lóbulo frontal) se desarrollen por completo. Cosa que ocurre más o menos sobre los 20 años.

Entender esto puede ayudarnos a comprender lo difícil que es para un pequeño de 4 años controlar sus rabietas o la dificultad que supone para otro más mayor hacer frente a la frustración de no ganar un concurso de lo que sea a lo que se presente.

La ira, esa emoción tan fuerte que nos invade y arrastra, es quizás junto al miedo una de las emociones que resulta más difícil de controlar. Son también emociones que se contagian rápidamente y de las que aprendemos a expresar por imitación. De modo que, como padres, es importante que intentemos siempre controlar nuestras conductas. Evitemos gritar, golpear, insultar y busquemos modos más adecuados y adaptativos para expresar nuestros enojo o enfado sin negar o reprimir.

La inteligencia emocional se desarrolla principalmente en la familia

Obviamente, la inteligencia emocional no es algo que solo podamos desarrollar dentro del seno familiar.

La escuela, el grupo de iguales y nuestro lugar de trabajo son lugares donde aprendemos día a día. Zonas y contextos distintos en los que desarrollamos nuestras capacidades y habilidades, pero sin duda la familia es el primer lugar donde los más pequeños aprender a ser. Por eso hago tanto énfasis en la importancia que tenemos los padres en el crecimiento emocional de nuestros hijos.

No podemos dejar que sea la escuela la única encargada de fomentar la Inteligencia Emocional a través de la lectura de cuentos, dinámicas de grupo y tantos otros recursos que sé que utilizan para ello.

Como padres y madres debemos implicarnos al mil por mil porque solo así podremos educar a personas emocionalmente competentes. Personas que sabrán hacer frente a sus dificultades sin tener que recurrir a comportamientos destructivos como el acoso escolar, acoso sexual, violencia de género, consumo de drogas, trastornos de la conducta alimentaria, y tantas otras dificultades derivadas de la mala gestión de sus emociones.


Si deseas ampliar más esta información puedes escribirme tanto para solicitar una consulta de asesoramiento como para cualquier otra cuestión que desees comentarme. Solo debes cumplimentar un sencillo formulario que encuentras en contacta conmigo.


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