El mando a distancia o el cetro de poder familiar

Parece ser que desde que se inventó el mando a distancia éste se convirtió en el cetro de poder que todo el mundo desea y anhela, y los niños no son un caso a parte, todo lo contrario. Desde el mismo momento que los niños se dan cuenta del poder que ofrece este valioso  objeto no dejan de intentar apoderarse de él. Bromas a parte, hay que ser conscientes de lo importante que es consentir – o no – que ellos cojan el mando, no solo de la tele si no de todo lo que ocurre a su alrededor.

En este artículo pretendo que reflexionemos sobre la importancia de que seamos los adultos quienes mantengamos las normas y las decisiones de qué se puede o no hacer en casa. El mando a distancia del televisor es un ejemplo claro e ilustrativo.

el mando a distancia o el cetro de poder

Las batallas por el mando a distancia

¿Cuántos de nosotros tenemos o hemos tenido batallas por poseer el dichoso mando a distancia? ¿Discusiones por querer elegir qué se ve en casa, a qué horas y durante cuánto tiempo? Creo que somos muchos los padres que tenemos esta lucha, más o menos diaria, en nuestros hogares.

No se trata de ser autoritarios pero sí de mantener la autoridad. Ni de trata impedir la autonomía de nuestros hijos sino de guiar adecuadamente. Ni tampoco ni mucho menos de imponer decisiones, pero sí de ayudarles a entender que son los padres quienes sabemos qué, cuándo, por qué y por qué no, …

A veces creo que se nos ha olvidado el sentido común, que ser padres no es dejar que nuestros hijos puedan hacer todo cuanto se les antoje. A veces creo que somos nosotros mismos quienes nos desautorizamos y desacreditamos. Nadie nos enseña a ser padres y es cierto que hay muchas formas de equivocarse con los hijos pero manteniendo el sentido común seremos capaces de rectificar cuando detectemos el error.

Mando a distancia infantil ¿Un error o un acierto?

Debo admitir que investigando sobre el tema me he quedado sorprendida por no decir absolutamente estupefacta al descubrir un mando a distancia expresamente diseñado para los más pequeños de la casa. Al verlo se me han planteado diversas cuestiones :

  • ¿Qué estamos haciendo?
  • ¿Qué significa esto?
  • ¿Dejamos que un niño pequeño tenga su propio mando a distancia para su televisor?
  • ¿Para qué quiere un niño un mando a distancia diseñado exclusivamente para él o mejor aún, para qué quiere una familia un mando a distancia para su pequeño retoño? ¿Para que no nos moleste mientras lo enchufamos a la niñera mágica?
  • ¿a partir de qué edad se lo damos?

No lo entiendo francamente, por mucho que el susodicho mando a distancia se pueda configurar con los canales infantiles, yo no lo entiendo ni lo considero adecuado para niños pequeños (según su diseño ergonómicamente adaptado para sus manos. Ni como madre ni como psicóloga infantil. No considero adecuado que un niño se siente frente a la pantalla del televisor sin supervisión de un adulto que comente con él lo que ve o que esté a su lado como mínimo durante parte del tiempo que pasa engullendo contenidos. No considero oportuno que un niño de 3, 4, 5 o 7 años decida cuando va a poner la tele, qué va a ver y durante cuanto tiempo.

«Yo tengo el mando a distancia ergo mando»

Dicho esto y dejando el mando en cuestión, hace tiempo que muchos profesionales venimos debatiendo y exponiendo un hecho que se da en muchos hogares y que tienen mucho que ver con quién toma el control del mando a distancia o de lo que se ve en casa.

Parece mentira pero es importante que nos demos cuenta de lo siguiente:

parece ser que existe cierta relación entre la permisividad que tenemos los padres en cuanto a dejar que nuestros hijos decidan qué, cuándo y cuánto tiempo ven la tele y la percepción que tienen nuestros hijos de quién manda en casa. Es así de simple «yo tengo el mando, yo tengo el poder», el poder de decidir qué veo, a qué volumen, cuando cambio de canal, …

Quede claro que es evidente que nuestros hijos tienen sus preferencias y que tienen todo el derecho a escoger el programa que más les gusta, pero también hay que decir que si a nosotros ese programa, serie o dibujos, no nos parece adecuado a su edad debemos decírselo y tener la última palabra sobre si pueden o no verlo. ¡Faltaría más!

Nosotros somos los adultos y como tal tenemos la obligación de guiar a nuestros hijos, no lo olvidemos. Ellos no son más que niños en formación que necesitan de unos padres que les orienten en el camino de forma adecuada, no avancemos etapas.

Para concluir

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Foto cortesía www.freedigitalphotos.ne

Sara Tarrés

Soy Sara Tarrés, licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona, con Máster en dificultades del aprendizaje (ISEP) y Postgrado en Psicopatología infantojuvenil (ISEP). He trabajado como asesora y orientadora de padres y maestros en diferentes escuelas concertadas de Barcelona y como reeducadora de niños que presentaban diferentes dificultades en su aprendizaje. Actualmente dirijo Mamá Psicóloga Infantil desde donde oriento a padres en temas de crianza, desarrollo y educación. Esto me permite compaginar mi faceta de madre a tiempo completo sin dejar de lado mi actividad profesional.