La ansiedad y la depresión en el período perinatal afectan a más mujeres de las que solemos imaginar. Durante el embarazo y el posparto, aproximadamente una de cada diez mujeres experimenta un malestar emocional significativo que combina síntomas de ansiedad y depresión.
Este dato, recogido recientemente en un artículo publicado en Infocop a partir de una revisión científica internacional, sirve como punto de partida para una reflexión necesaria. No para alarmar ni para reducir la experiencia materna a cifras, sino para visibilizar una realidad que a menudo se vive en silencio.
Recojo esta información desde una mirada divulgativa y preventiva. El objetivo de este artículo no es diagnosticar ni sustituir una valoración profesional, sino ayudar a reconocer señales de malestar emocional y favorecer una comprensión más amplia y humana de lo que muchas mujeres atraviesan en esta etapa.
El período perinatal y el malestar emocional
Cuando hablamos de período perinatal, no nos referimos solo al posparto inmediato. Es una etapa amplia que incluye el embarazo, el nacimiento y los meses posteriores a la llegada del bebé. Un tiempo de grandes transformaciones físicas, hormonales y emocionales, en el que también se mueven aspectos profundos como la identidad, las expectativas, el rol de madre, las relaciones y la forma de estar en el mundo. Aspectos sobre los que es importante detenerse y reflexionar.
Por todo ello, el período perinatal es una etapa especialmente sensible desde el punto de vista emocional. En este contexto, la ansiedad y la depresión aparecen con más frecuencia de lo que solemos pensar, y además no suelen hacerlo de forma aislada. Muchas mujeres describen una mezcla de inquietud constante, miedo a no hacerlo bien, pensamientos que no se detienen, tristeza, cansancio emocional y una sensación persistente de no llegar a todo. No es una cosa o la otra, sino una vivencia más difusa y difícil de nombrar.
Cuando este malestar se sostiene en el tiempo, puede afectar de manera significativa al bienestar de la mujer. No solo por lo que siente, sino por el esfuerzo constante que supone funcionar, cuidar y responder mientras por dentro hay agotamiento, culpa o desconexión. En algunos casos, este sufrimiento no atendido puede reaparecer más adelante o intensificarse, especialmente si se vive en soledad.
Este malestar tampoco ocurre en un vacío. El embarazo y el posparto son momentos de mayor vulnerabilidad, y el estado emocional de la madre forma parte del entorno en el que el bebé empieza a desarrollarse. Cuando la ansiedad y la tristeza son muy intensas o persistentes, pueden interferir en la vivencia del embarazo, del parto o de los primeros vínculos, sin que esto sea culpa de la madre ni algo inevitable.
Más allá de la experiencia individual, hablamos también de una realidad con impacto social. Cuando el malestar emocional perinatal no se detecta ni se acompaña a tiempo, se dificulta una atención integral a las madres y a sus bebés. Esto refuerza una idea clave: cuidar la salud mental en el período perinatal no es un añadido, sino una parte esencial del cuidado perinatal.
Durante años, los estudios han mostrado cifras muy dispares sobre cuántas mujeres viven este tipo de malestar. Pero más allá de los porcentajes, hay algo que permanece constante: la necesidad de escuchar, nombrar y acompañar mejor lo que muchas mujeres están viviendo.
Cómo se manifiesta el malestar emocional en el período perinatal (cuando no siempre se ve)
La ansiedad y la depresión en el período perinatal no siempre se expresan de forma clara o reconocible. De hecho, muchas mujeres no se identifican con la idea de “estar mal” porque siguen funcionando, cuidando y respondiendo a lo que se espera de ellas.
En lugar de un malestar evidente, lo que aparece a menudo es una sensación difusa, difícil de explicar.
Puede manifestarse como:
- inquietud constante,
- una mente que no descansa,
- pensamientos repetitivos sobre si se está haciendo bien o no,
- miedo a equivocarse o a no estar a la altura.
En otros casos,
- predomina el cansancio emocional,
- la irritabilidad,
- la tristeza silenciosa o
- la dificultad para disfrutar incluso de momentos que “deberían” ser felices.
También es frecuente que el cuerpo hable antes que las palabras:
- problemas para dormir aunque el bebé duerma,
- tensión constante,
- llanto fácil,
- sensación de estar desbordada o una desconexión emocional que genera culpa y confusión.
- Muchas mujeres describen que se sienten raras, diferentes a como esperaban sentirse, sin saber muy bien por qué.
Este tipo de malestar suele normalizarse en exceso, tanto desde fuera como desde dentro. Frases como “es normal, acaba de nacer tu bebé” o “con el tiempo se te pasará” pueden hacer que la mujer minimice lo que siente y retrase la posibilidad de pedir ayuda. Sin embargo, que algo sea frecuente no significa que deba vivirse en soledad o sin acompañamiento.
Reconocer estas formas más silenciosas del malestar es clave para poder intervenir a tiempo. No para etiquetar ni patologizar, sino para entender que el período perinatal es una etapa emocionalmente exigente y que sentirse desbordada, triste o ansiosa no es un fallo personal, sino una señal de que algo necesita no solo ser escuchado sino atendido .
La importancia de no vivirlo en silencio
Uno de los mayores riesgos del malestar emocional en el período perinatal es vivirlo en silencio. Muchas mujeres callan lo que sienten por miedo a ser juzgadas, a no ser comprendidas o a pensar que deberían poder con todo. Otras minimizan su malestar convencidas de que “no es para tanto” o de que ya se les pasará.
Sin embargo, el silencio no protege. Al contrario, suele intensificar la sensación de soledad, aumentar la culpa y dificultar que el malestar se pueda elaborar y aliviar. Cuando lo que se siente no se nombra, el cuerpo y la mente buscan otras formas de expresarlo, a veces a través de más ansiedad, tristeza o agotamiento emocional.
Hablar de cómo una se siente no empeora la situación ni convierte una dificultad en un problema mayor. Compartirlo con personas de confianza o con profesionales permite poner palabras, ordenar lo que pasa y recibir apoyo, algo especialmente necesario en una etapa tan exigente como el embarazo y el posparto.
Desde una mirada preventiva, poder expresar el malestar a tiempo ayuda a evitar que se cronifique o que derive en dificultades más intensas. No se trata de alarmarse ante cualquier emoción, sino de entender que pedir ayuda forma parte del cuidado, no del fracaso.
Romper el silencio también contribuye a desmontar la idea de que la maternidad debe vivirse siempre desde el bienestar y la plenitud. Nombrar las dificultades abre espacios más reales, más humanos y más amables para las mujeres que atraviesan el período perinatal.
El papel de la psicología perinatal y los recursos disponibles
La psicología perinatal tiene como objetivo acompañar a las mujeres —y a las familias— durante el embarazo, el posparto y los primeros meses de crianza, atendiendo no solo a las dificultades intensas, sino también al malestar emocional más sutil que puede aparecer en esta etapa.
Acudir a un profesional especializado no significa que algo vaya mal ni que exista un problema grave. Muchas veces, el acompañamiento psicológico sirve para entender lo que está pasando, normalizar emociones, ajustar expectativas y ofrecer herramientas que ayuden a transitar esta etapa con más sostén y menos culpa.
Desde una mirada preventiva, la psicología perinatal permite detectar señales de malestar a tiempo, antes de que se intensifiquen. También ofrece espacios seguros donde poder hablar sin juicios, sin exigencias y sin la presión de “tener que estar bien”. Espacios donde la experiencia real de la maternidad tiene cabida, con sus luces y sus sombras.
Hoy en día existen recursos específicos para el acompañamiento emocional en el período perinatal: profesionales formados, grupos de apoyo, servicios de atención psicológica y espacios de información rigurosa que ayudan a romper el aislamiento y a sentirse menos sola. Conocer estos recursos y saber que están disponibles es, en sí mismo, una forma de cuidado.
Cuidar la salud mental en el período perinatal no es un lujo ni una moda. Es una necesidad real que impacta en el bienestar de la mujer, en el vínculo con su bebé y en el equilibrio familiar. Pedir ayuda, informarse y buscar acompañamiento es una decisión valiente y responsable, no una señal de debilidad.
Hablar de ansiedad y depresión en esta etapa, desde una mirada humana y preventiva, es una manera de cuidar. De cuidar a las madres, a los bebés y a las familias. Porque sentirse mal no es raro, y sentirse acompañada puede marcar una diferencia profunda.
Referencias y artículos relacionados
La información compartida en este artículo se apoya en la evidencia científica actual y en la experiencia clínica en el acompañamiento a mujeres durante el período perinatal. Si quieres profundizar en algunos aspectos concretos, te recomiendo los siguientes recursos:
Referencias
- Revisión científica publicada en Psychological Medicine sobre la prevalencia de ansiedad y depresión durante el embarazo y el posparto, citada y divulgada a través de Infocop.
(Este apartado no pretende ser exhaustivo ni sustituir una evaluación profesional, sino ofrecer un marco informativo riguroso y accesible.)
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