Las emociones superan a mi hijo en Navidad

La Navidad intensifica las emociones de los niños: ilusión, nervios, alegría, tristeza o rabia aparecen con más fuerza cuando su cerebro todavía no tiene recursos suficientes para regularlas. En este artículo reflexiono sobre por qué ocurre y cómo podemos acompañar emocionalmente a nuestros hijos en estas fechas tan intensas.
Navidad y emociones

Este artículo forma parte de la serie Navidad y emociones, un conjunto de textos en los que reflexiono sobre cómo viven estas fechas los niños y adolescentes, por qué la Navidad puede intensificar lo que sienten —ilusión, nervios, miedo, tristeza o rabia— y cómo podemos acompañarlos desde una mirada emocional, realista y respetuosa.

Este artículo fue escrito originalmente en 2015.

He decidido mantenerlo y revisarlo porque el fondo sigue siendo plenamente vigente, en 2025: la Navidad amplifica las emociones infantiles y muchos niños se sienten desbordados.

Hoy sabemos que acompañar emocionalmente no es calmar rápido, sino ayudar a poner palabras, ofrecer presencia y respetar el ritmo madurativo del cerebro infantil.

Las emociones superan a mi hijo, sobre todo en estas fechas. La Navidad es una época en la que todo parece estar a flor de piel, la alegría, la tristeza, el miedo o la rabia. Y sí, nos guste más o menos, en esta época del año todo se envuelve en un halo de emotividad que en ocasiones nos sobrepasa.

Las emociones superan a mi hijo, y probablemente al tuyo, porque nuestros hijos están justo están aprendiendo a identificarlas, entenderlas y por tanto les es muy difícil poder regularlas. Recuerda que su cerebro todavía se está formando y es muy inmaduro. Es por esta razón por la que a lo largo de la infancia y adolescencia todo se vive con gran intensidad.

La Navidad despierta y amplifica las emociones de los niños

Estos días, en los que los niños esperan con anhelo la llegada de Papá Noel o Reyes Magos, la ansiedad parece apoderarse de ellos. Están nerviosos, excitados, sobrepasados, desbordados y desbordantes.

Quien tenga niños de entre 2 y 8 años sabrá exactamente de lo que hablo. Niños inquietos que no hay quien les pare porque no saben parar, no pueden parar, sus emociones les superan y los padres debemos armarnos de una paciencia infinita. Paciencia que no siempre sabemos o podemos recargar pero, sin duda, imprescindible para la buena convivencia familiar y para la principal labor que se espera de nosotros: educar.

Pero es cierto que a pesar de la buena voluntad y de toda la paciencia que los padres pongamos, las emociones en la infancia son muy intensas. Hay que ayudar a nuestros pequeños a regularlas, poco a poco, pero sin esperar a que se hagan mayores. Cuánto antes empecemos a educarles emocionalmente mejores resultados obtendremos.

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No obstante, vale decir que, hay niños que les resulta más complicado que a otros expresar cómo se sienten y qu e no siempre resultará tan fácil como habíamos imaginado ayudarles a gestionar sus emociones y por tanto sus sentimientos.


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Cómo ayudar a tu hijo si las emociones le superan

En Navidad podemos pedir que dibujen, escriban cuentos o canten canciones relacionadas con estas fechas. Los dibujos, al igual que las narraciones, ayudan a elaborar esos estados emocionales que tanto les desbordan.

Algunos niños se portarán mal, otros se sentirán tristes o excesivamente contentos. Sea como sea, su comportamiento está condicionado por esas emociones a flor de piel que estas fechas despiertan.

Si las emociones superan a nuestros hijos podemos ayudarles sentándonos a su lado y pedirles que nos cuenten cómo se sienten, qué es lo que su cuerpo les dice: si sienten que tiembla, si suena fuerte su corazón o si es una gran ilusión la que tienen por ver a los Reyes Magos.

Sea lo que sea lo que creen sentir debemos ayudarles a poner palabras a sus emociones a la vez que les proporcionamos algunas estrategias de autocontrol, como por ejemplo parar y respirar profundamente o cerrar los ojos e intentar visualizar un mar lleno de olas que vienen y van al ritmo de su respiración.

La Navidad es una época de emociones desbordadas en las que los niños pierden fácilmente su equilibrio emocional. Si a los adultos ya nos ocurre imagina cómo se siente tu pequeño que no tiene aún suficientes herramientas para saberlas gestionar adecuadamente.


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Imagen cortesía https://pixabay.com

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