Recientemente ha llegado a mis manos uno de esos libros que me gusta especialmente dar a conocer. Se trata de ¡Ya no me aburro!, de la colección Cuido mi mente, de la Editorial Bruño, escrito por la Dra. Montserrat Erostarbe Pérez e ilustrado por Susana Soto.
Es un libro que me ha gustado por varios motivos, que iré desgranando a lo largo de esta reseña, pero quiero adelantar uno de ellos: pone el aburrimiento en un lugar muy distinto al que solemos darle los adultos y reafirma algo que vengo señalando desde hace años en este mismo espacio y en otros en los que he podido expresar mi opinión profesional.
Necesitamos entender que el aburrimiento es absolutamente necesario para las mentes en desarrollo de nuestros hijos… y también para las nuestras, aunque ello implique sostener una incomodidad inicial que no siempre resulta fácil. Esta idea ya la he desarrollado en otros posts como ¡Qué aburrimiento!, donde hablo de por qué dejar espacio para la nada es indispensable para la creatividad y el desarrollo emocional.
Este libro puede ayudarte si…
- tu hijo o hija se aburre constantemente y no sabes cómo acompañarlo
- te cuesta sostener la espera sin ofrecer actividades o pantallas
- sientes culpa cuando no propones “algo que hacer”
- buscas recursos que acompañen sin forzar ni entretener a toda costa
Ficha técnica y breve reseña
Características:
Libro ilustrado que aborda el aburrimiento y la impaciencia infantil desde una perspectiva respetuosa y realista, poniendo el foco en la imaginación como recurso interno. Incluye, al final, un apartado específico dirigido a madres y padres con orientaciones claras y sensatas para el acompañamiento adulto.
Reseña editorial:
Lola va a tener un hermanito y está superilusionada. Cuando sus padres van al hospital, se queda esperando con los abuelos y el tiempo pasa muy despacio. La espera se hace larga, incómoda y aburrida… hasta que el abuelo le muestra una forma distinta de vivir ese tiempo.
A través de esta historia, el libro muestra cómo el aburrimiento puede convertirse en una oportunidad para activar la mente y dar espacio a la imaginación. Forma parte de una colección pensada para ayudar a niños y adultos a entender lo que ocurre por dentro y acompañar las emociones del día a día.
¿Por qué te recomiendo ¡Ya no me aburro!?
Porque no intenta eliminar el aburrimiento, sino cambiar la manera en que lo entendemos.
Estamos muy acostumbrados a vivir el “me aburro” como una señal de alarma: algo que hay que resolver rápido, llenar o tapar. Este libro propone justo lo contrario: detenernos y mirar qué hay detrás de ese malestar, sin prisas ni soluciones inmediatas.
Me parece especialmente valioso porque:
- Sitúa el aburrimiento como parte natural del desarrollo, no como algo que deba evitarse.
- Refuerza la idea de que la imaginación necesita espacio y tiempo, no estímulos constantes.
- No responsabiliza al niño de “gestionar mejor” su malestar, sino que interpela también al adulto.
- Evita un tono moralizante o excesivamente pedagógico.
El apartado final dirigido a madres y padres conecta directamente con una dificultad muy habitual: la baja tolerancia adulta a la espera y al vacío. Vivimos inmersos en la urgencia y la inmediatez, y muchas veces transmitimos esa prisa sin darnos cuenta.
Esta dificultad para tolerar la espera también está muy presente en muchas familias y la he abordado con más detalle en el post Mi hijo es muy impaciente y exigente, ¿qué hacer?, donde reflexiono sobre cómo acompañar la impaciencia infantil sin reaccionar desde la urgencia ni la exigencia.
El libro recuerda que la paciencia y la tolerancia al aburrimiento no se enseñan con explicaciones, sino con experiencia: acompañando, sosteniendo y, a veces, simplemente no interviniendo.
En Qué hacer cuando no sé qué hacer profundizo en cómo acompañar situaciones en las que no sabemos qué proponerles, un reto habitual cuando hablamos de aburrimiento, espera e impaciencia.
¿Qué encontrarás en el libro?
En ¡Ya no me aburro!» encontrarás una historia sencilla y muy reconocible para muchos niños y niñas: la experiencia de aburrirse y la dificultad para sostener esa sensación sin recurrir de inmediato a algo externo que la alivie, como una pantalla.
A lo largo del relato se muestra cómo, cuando no aparece enseguida una solución desde fuera, la imaginación empieza a activarse. No de forma rápida ni espectacular, sino poco a poco, respetando los tiempos internos del niño.
El libro ofrece:
- situaciones cotidianas en las que el aburrimiento aparece de manera natural,
- un enfoque que valida la emoción sin dramatizarla ni negarla,
- ilustraciones que acompañan el proceso interno y facilitan la identificación,
- y un mensaje claro: no siempre necesitamos “hacer algo” para que algo ocurra.
Esto enlaza con la idea de que, cuando los niños no saben qué hacer, no siempre es una situación problemática sino una oportunidad para el juego interno y creativo, algo que ya exploré en Mi hijo se aburre. ¿Para qué sirve el aburrimiento?
El cierre, dirigido a madres y padres, amplía el sentido del relato y pone el foco en la impaciencia adulta y en la tendencia a llenar cualquier espacio vacío con estímulos constantes. No ofrece recetas rápidas, sino que invita a un acompañamiento más consciente del aburrimiento infantil.
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Propuestas para trabajar con el libro
«¡Ya no me aburro!» no es un libro para “leer y pasar página”. Puede convertirse en un buen punto de partida para acompañar el aburrimiento y la impaciencia en el día a día familiar si lo utilizamos con calma y presencia.
Algunas propuestas:
- Leerlo sin prisas, en un momento tranquilo, no necesariamente cuando el aburrimiento está en su punto más alto.
- Detenerse en las ilustraciones y preguntar qué cree el niño o la niña que está sintiendo el personaje, sin corregir ni dirigir. Este tipo de acompañamiento coincide con la idea de “estar con ellos sin resolver todo”, que ya he tratado en otros contextos, como en Señor aburrimiento, donde la creatividad nace de no tener nada que hacer.
- Normalizar el aburrimiento poniendo palabras a algo que suele vivirse con mucha tensión.
- Evitar usar el libro como argumento o lección.
- Acompañar sin intervenir después de la lectura, permitiendo que el niño esté un rato consigo mismo.
- Revisarnos como adultos: ¿qué nos cuesta más, que nuestros hijos se aburran o sostener nosotros esa incomodidad? En este sentido, resulta clave recordar que la paciencia no se enseña con explicaciones, sino con el ejemplo. Sobre ello hablo también en Cómo enseñar a mi hijo a tener paciencia, donde pongo el foco en el papel del adulto como modelo y en la importancia de los tiempos no inmediatos.
Trabajar este libro no consiste en enseñar a no aburrirse, sino en aprender juntos a tolerar la espera, el vacío y el tiempo no ocupado.
Este enfoque también lo convierte en un recurso interesante para profesionales que trabajan con niños y familias, tanto en consulta como en contextos educativos o psicoeducativos.
Otros títulos de la colección
Este libro forma parte de la colección Cuido mi mente, una serie pensada para acompañar el desarrollo emocional infantil desde una mirada respetuosa y realista, también hacia las familias.
Dentro de la colección encontramos otros títulos como ¡Juego sin móvil!, centrado en el uso de las pantallas y el valor del juego libre, y ¡Un millón de gracias!, que aborda la gratitud desde un lugar sencillo y sin exigencias emocionales.
Todos ellos comparten una misma filosofía: no buscan corregir emociones ni conductas, sino ayudar a comprenderlas y acompañarlas con mayor conciencia.
Otros títulos de la colección “Cuido mi mente” reseñados en Mamá Psicóloga Infantil
Álbum ilustrado infantil que invita a valorar lo que tenemos y a trabajar la gratitud desde una mirada respetuosa y cotidiana.
Conclusiones
¡Ya no me aburro! no promete soluciones rápidas ni fórmulas mágicas para entretener a los niños. Y precisamente por eso resulta tan valioso. Nos recuerda algo que a menudo olvidamos: el aburrimiento forma parte del desarrollo emocional y no todo malestar necesita ser eliminado de inmediato.
Acompañar el aburrimiento infantil implica también revisar nuestra propia relación con la espera, el silencio y el tiempo no ocupado. No siempre es fácil sostener esa incomodidad como adultos, especialmente cuando estamos cansados o desbordados. Sobre qué nos ocurre cuando sentimos que se nos acaba la paciencia y reaccionamos desde ahí, hablo con más detalle en el post Y cuando se acaba la paciencia… ¿qué tengo que hacer?, donde pongo el foco en la vivencia adulta y en la necesidad de cuidarnos también a nosotros.
Este libro no enseña a no aburrirse, sino a mirar el aburrimiento de otra manera. Y eso, en un contexto de estímulos constantes y prisas permanentes, es profundamente educativo.
Cuando dejamos de llenar de inmediato el aburrimiento, a menudo aparece otra pregunta incómoda: qué lugar ocupan entonces las pantallas en nuestro día a día familiar. Sobre esta relación, tan presente y a la vez tan poco pensada, reflexionaré en la próxima reseña.
Si te apetece leer ¡Ya no me aburro! y tenerlo en casa como recurso para acompañar el aburrimiento, fomentar la creatividad y respetar los tiempos propios de los niños, puedes encontrarlo aquí:
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