Niños y palabrotas. ¿Cómo reaccionar?

Niños y palabrotas muchas veces van de la mano durante algunos Niño señalando. Niño diciendo palabrotas y riendo.

momentos o fases del desarrollo.  En ocasiones nos entra la risa o nos enfadamos en exceso. En este artículo te explico brevemente cómo deberíamos reaccionar los papás y mamás ante las palabrotas o groserías de nuestro hijo.

 ¿Qué mamá o papá no se ha quedado atónito cuando ha escuchado de la boca de su hijo una palabrota? ¿Te preocupa que tu hijo diga palabrotas?¿Sabes cómo reaccionar? 

Todos los papás que nos hemos encontrado en esta circunstancia nos habremos formulado esta pregunta «¿Dónde habrá aprendido esto mi hijo?».

¿Por qué niños y palabrotas suelen ir de la mano? 

Muy a pesar nuestro y nos guste o no, las palabrotas acaban por aparecer y ampliar el vocabulario de nuestro hijo de 2 a 3 años. 

En algún momento, inevitablemente, una de esas palabras malsonantes saldrá por la boca de nuestro pequeño y, sin saber qué es lo que dice, repetirá una palabrota que haya oído en cualquier lugar. 

Nuestros hijos en pleno proceso de aprendizaje de la lengua repiten todo lo que oyen, sea bien o mal sonante. Si oyen palabrotas los niños repetirán inevitablemente esas palabrotas. Por eso los padres, abuelos o cualquiera que se encuentre en presencia de un niño, debe ir especialmente con cuidado con lo que dice delante de ellos.

El modo que tengamos los padres de reaccionar ante las palabrotas de nuestros hijos, que vuelvo a repetir no saben qué significan, puede empeorar las cosas.

Si reaccionamos enfadándonos o dándoles demasiada importancia lo que haremos es precisamente lo contrario de lo que pretendemos, es decir, que si queremos evitar que repita una y otra vez una palabrota no debemos reaccionar enérgicamente y mucho menos reírnos. 

Los niños cuando sueltan una de esas palabrotas a pesar de no saber su significado sí saben la reacción que causan, por eso les llaman poderosamente la atención ya que asocian las palabrotas a hechos o reacciones particulares de nosotros (sus padres) o de quien tengan a su alrededor.

Lo mejor en estas edades, sobre los 2 – 3 años es hacer oídos sordos cuando escuchemos que nuestro hijo suelta una palabrota. No reaccionar de ningún modo: sin reír y reñir. Y obviamente si no queremos que diga palabras malsonantes debemos evitar utilizarlas nosotros en su presencia.

Más adelante, cuando nuestro hijo crezca y ya pueda entender un poco más, podremos explicarle porqué no debe utilizarse este tipo de lenguaje. De todos modos, lo mejor que podemos hacer para evitar que utilice palabrotas e insultos es evitar utilizarlos en casa y ser un buen ejemplo para ellos.

Si nosotros los padres, en nuestras conversaciones habituales, usamos normalmente tacos o palabras soeces y/o insultamos al niño cuando hace algo mal (por ejemplo «»¡es que eres tonto!» o «¡qué tonto eres!») no deberíamos extrañarnos de que nuestro hijo diga palabrotas o nos insulte cuando se sienta enfadado con nosotros.

Nuestra función como padres es enseñar a nuestros hijos a controlar sus sentimientos de ira y frustración sin tener que recurrir a la agresividad verbal, y el mejor modo de hacerlo es ser nosotros su mejor ejemplo a seguir.

Estas normas son muy importantes en el proceso de educación de los niños ya que sientan las bases de una buena educación, basada en el respeto y la tolerancia, valores con gran trascendencia a lo largo de toda la vida.

Para ampliar la información sobre este tema recomiendo leer los artículos publicados en este mismo blog titulado «Tonta, mala … ¿Qué hago?» y «Mi hijo me llama tonta«

Foto cortesía de http://www.freedigitalphotos.net

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Sara Tarrés

Soy Sara Tarrés, licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona, con Máster en dificultades del aprendizaje (ISEP) y Postgrado en Psicopatología infantojuvenil (ISEP). He trabajado como asesora y orientadora de padres y maestros en diferentes escuelas concertadas de Barcelona y como reeducadora de niños que presentaban diferentes dificultades en su aprendizaje. Actualmente dirijo Mamá Psicóloga Infantil desde donde oriento a padres en temas de crianza, desarrollo y educación. Esto me permite compaginar mi faceta de madre a tiempo completo sin dejar de lado mi actividad profesional.