Mis hijos se pelean. Las peleas entre hermanos y la actitud de los padres.

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Las peleas entre hermanos son algo común y frecuente. Se dan con tanta frecuencia que se estima que se pueden llegar a pelear unas 4 o 5 veces al día por cualquier motivo y en cualquier edad, sobre todo cuando son pequeños y en la adolescencia, y más cuando la diferencia de edad entre ellos es poca.  La actitud de los padres ante las peleas entre hermanos ayuda en gran medida a que éstas sean más o menos frecuentes y su intensidad sea mayor o menor.


hermanos peleándose

¿Cuál debe ser la actitud de los padres en las pelean entre hermanos?


Seguro que en muchas ocasiones hemos oído decir a algún familiar, amigo o conocido frases como las siguientes referidas a las peleas entre sus hijos:

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Es que no paran de pelearse, el mayor es un buenazo y el peque lo busca todo el día.

o

Ya no se qué hacer, el mayor está todo el día peleándose con el pequeño. Cosa que tiene cosa que quiere y le quita, es agotador!


Sí, las peleas de nuestros hijos es algo que no nos molesta y disgusta pero debemos dejar que ocurran sin obsesionarnos en exceso por ellas, en alguna ocasión tendremos que hacer oídos sordos para que sean ellos mismos quienes resuelvan sus disputas. No debemos estar todo el día preocupándonos por esas pequeñas luchas de poder, evidentemente siempre que sean leves y estén dentro de los parámetros de la normalidad.

A pesar que las peleas entre hermanos sean algo normal y formen parte de la vida cotidiana familiar son comportamientos inadecuados que intentaremos que no se produzcan con demasiada frecuencia. ¿Cómo? Esta es la gran cuestión. Se trata de tener claras las normas de convivencia, en muchos casos pactar y en otros no nos quedará más remedio que intervenir.

¿Por qué se pelean nuestros hijo?

Los motivos son múltiples, cualquier cosa origina una pelea, una riña o un encontronazo: un juguete, la ropa, quien ocupa determinado lugar en el sofá de casa, quien es el primero en …

Todo ello por la rivalidad innata que los niños sienten, por el deseo de ser el centro de atención y obviamente por la necesidad de tener el cariño de papá y mamá.

Tal y como exponía en alguno de mis anteriores artículos, los niños son egocéntricos (no pueden ponerse en el lugar del otro y para ellos el mundo gira alrededor suyo), así que cuando tienen un hermano empiezan las disputas por los juguetes, los espacios y por la atención, el cariño y amor de papá y mamá. Esto empeora si nosotros, los padres, nos centramos en alguno de nuestros hijos más que en el otro, ya sea porqué acabamos de tener un bebé o porqué uno de ellos ha estado enfermo y ha precisado más atención.

¿Es bueno o es malo que se peleen?

Hay la creencia común que es bueno que los hermanos se peleen, que eso les hace más fuertes y les puede ser beneficioso a la larga. Para mí, sinceramente, pensar de este modo es un error.
 
Aunque sí, es cierto que las pequeñas riñas no son tan malas, porqué ayudan a estructurar la personalidad de nuestros hijos y permiten dar un paso más en su socialización. A través de las disputas aprenden a negociar y a resolver sus problemas. Sí, en este sentido las riñas son positivas, pero más allá de esto creo que es función nuestra enseñar a nuestros hijos a respetarse y a quererse, primer paso para evitar peleas absurdas.
 
 
Nosotros, los padres, debemos ser su guía, darles un modelo a seguir. Es decir, que las peleas entre hermanos sean frecuentes y normales no quiere decir en ningún caso que debamos permitirlas, consentirlas y tolerarlas siempre. Pero igual de malo tiene reaccionar ante ellas de un modo desproporcionado, haciendo siempre de policías o de detectives buscando un culpable o siendo el juez que imparte justicia. 
 

photo credit: Ken Wilcox. via photopin cc

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