Inicio del curso escolar: un día de reencuentros, despedidas y muchas emociones

Inicio del curso escolar: niña entrando al colegio acompañada por su madre
El inicio del curso escolar puede despertar emociones muy distintas en niños, adolescentes y familias.

El inicio del curso escolar en Catalunya llega hoy para miles de niños, adolescentes y familias, y supone mucho más que la vuelta a las aulas.

Miles de niños y adolescentes vuelven a las aulas y, aunque cada septiembre repetimos escenas parecidas —mochilas, prisas, fotografías en la puerta de casa, reencuentros, abrazos y algún que otro llanto—, para muchos de ellos hoy no es simplemente otro primer día de colegio.

Es el comienzo de una etapa.

Para algunos será su primer día de Infantil. Otros estrenan Primaria. Algunos cruzarán por primera vez las puertas de un instituto. Otros empiezan Bachillerato y comienzan a mirar cada vez más de cerca hacia aquello que vendrá después.

Y hay familias en las que ese niño al que hace unos años acompañaban de la mano hasta la puerta del colegio empieza ahora la universidad. Ese es mi caso. Sí. Aquel niño al que dejé en un aula de P3 hace lo que parece apenas un suspiro inicia hoy su etapa universitaria. Y mientras le veo dar este paso, me invade una mezcla de satisfacción, orgullo, alegría y añoranza.

Los cursos empiezan cada septiembre, sí.

Pero nuestros hijos nunca vuelven exactamente al mismo lugar.

Porque ellos tampoco son exactamente los mismos.

Las emociones que acompañan el inicio del curso escolar.

Tendemos a hablar del inicio de curso como un día alegre.

Y puede serlo.

Hay ganas de reencontrarse con los amigos, curiosidad por saber quién será el tutor, ilusión por estrenar material o simplemente satisfacción por recuperar una rutina después de unas vacaciones largas.

Pero junto a la alegría pueden aparecer muchas otras emociones.

Miedo.

Tristeza.

Nervios.

Inseguridad.

Vergüenza.

Curiosidad.

Incluso enfado.

Y no hay nada extraño en ello.

Los cambios, incluso aquellos que deseamos, generan cierta incertidumbre. Nos ocurre a los adultos y también les ocurre a los niños y adolescentes.

Un niño puede tener muchísimas ganas de volver a ver a sus compañeros y al mismo tiempo sentir miedo ante una nueva maestra.

Un adolescente puede decir que tiene ganas de empezar el instituto y preguntarse por dentro si conseguirá encajar.

Un joven puede estar deseando empezar la universidad y sentirse tremendamente inseguro ante todo lo desconocido que tiene por delante.

Las emociones no suelen venir de una en una ni obedecen a categorías tan sencillas como «estoy contento» o «estoy triste».

A veces sentimos varias cosas al mismo tiempo.

Y nuestros hijos también.

Cuando empezar el colegio significa separarse

Hay primeros días especialmente intensos.

El inicio de Infantil es probablemente uno de ellos.

Para muchos niños pequeños supone entrar en un entorno nuevo, encontrarse con adultos que todavía no conocen y separarse durante varias horas de las personas que hasta ese momento han constituido su principal referencia.

Por eso hay niños que lloran.

Que se agarran a mamá o papá.

Que dicen que no quieren entrar.

Que preguntan una y otra vez:

«¿Vendrás a buscarme?»

Ese llanto no significa necesariamente que algo vaya mal.

Muchas veces forma parte del proceso de adaptación ante una situación nueva.

Lo que sí podemos hacer los adultos es ofrecerles seguridad y transmitirles que confiamos en el lugar y en las personas con las que se quedan.

Y algo especialmente importante: despedirnos.

Marcharse aprovechando que el niño está distraído puede evitarnos el llanto durante unos segundos, pero no le ayuda a comprender qué está ocurriendo.

Una despedida breve, afectuosa y clara suele ser mucho más segura.

Puedes ampliar este tema en Vuelta al cole: cómo despedirnos de nuestros peques.

Y si observas que el miedo a separarse es muy intenso o se prolonga en el tiempo, también puede ayudarte leer Ansiedad de separación, un miedo muy común que se puede superar.

No todos los niños viven la vuelta al cole con ilusión

Conviene recordar algo que a veces olvidamos cuando hablamos de septiembre:

no todos los niños están deseando volver al colegio.

Para algunos, el regreso puede significar reencontrarse con dificultades académicas.

Para otros, volver a un grupo en el que no terminan de sentirse cómodos.

Puede haber niños preocupados por no saber con quién sentarse, adolescentes que temen quedarse fuera del grupo o alumnos que ya el curso anterior tuvieron dificultades con determinados compañeros.

También puede haber miedo a no estar a la altura.

A suspender.

A equivocarse.

A no entender.

A decepcionar.

Por eso no necesitamos imponerles entusiasmo.

Frases como:

«¡Pero si tienes que estar contentísimo!»

«Ya verás qué bien te lo vas a pasar.»

«No tienes ningún motivo para estar nervioso.»

probablemente nacen de nuestra intención de tranquilizar.

Pero tranquilizar no siempre significa convencer al otro de que no debería sentir lo que siente.

A veces ayuda mucho más algo tan sencillo como:

«Entiendo que estés nervioso. Es un día importante.»

Infantil, Primaria, Secundaria… cada etapa supone un cambio

Hola Derek,

Gracias por tu propuesta.

En mi caso, no trabajo con un modelo de volumen. Soy muy selectiva con los contenidos que publico en mamapsicologainfantil.com y priorizo siempre la calidad, la afinidad temática y el encaje con la línea editorial de la web.

Por ese motivo, mantengo la tarifa de **75 € + IVA por artículo patrocinado** y no aplico descuentos por volumen.

Si tenéis propuestas concretas que encajen con la temática y los criterios de la web, estaré encantada de revisarlas.

Un saludo,

Sara Tarrés
Cada cambio de etapa escolar implica nuevos retos, emociones y una autonomía cada vez mayor.

No todos los inicios de curso tienen el mismo significado.

Empezar Infantil: separarse y descubrir un mundo nuevo

En los primeros años la escuela amplía enormemente el mundo del niño.

Aparecen nuevos adultos de referencia, compañeros, horarios, normas y rutinas.

Necesitará tiempo para conocer ese nuevo entorno y sentirse seguro en él.

Empezar Primaria: «ahora soy mayor»

El paso a Primaria suele vivirse con orgullo.

Pero también aumenta progresivamente la exigencia académica, aparecen nuevas responsabilidades y muchos niños empiezan a compararse más con sus compañeros.

Quién lee mejor.

Quién termina antes.

Quién sabe más matemáticas.

Quién recibe mejores notas.

Aquí tendremos que seguir recordando algo importante: el valor de un niño no está en sus resultados escolares.

Empezar Secundaria: mucho más que cambiar de edificio

El paso al instituto coincide además con una etapa evolutiva especialmente intensa.

Hay cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales.

El grupo de iguales empieza a ocupar un lugar mucho más importante y la necesidad de pertenencia aumenta.

Cambian profesores, espacios, horarios, materias y formas de organizarse.

Y mientras todo esto ocurre fuera, por dentro también están cambiando muchas cosas.

Si tienes hijos en esta edad, puedes encontrar más contenidos en mi espacio dedicado a la etapa de 10 a 12 años, una transición que muchas veces empieza antes de lo que esperamos.

Bachillerato: cuando aparece la pregunta «¿y después qué?»

En Bachillerato comienza a aumentar la presión sobre las decisiones futuras.

Qué estudiar.

Qué notas necesito.

Qué quiero hacer.

Qué pasará si no consigo entrar donde quiero.

A veces los adultos contribuimos, sin querer, a incrementar esa presión preguntando continuamente por notas, carreras o decisiones profesionales.

Pero con 16 o 17 años no siempre es fácil saber qué quieres hacer con el resto de tu vida.

Ni debería serlo.

Y un día empiezan la universidad

Quizás esta etapa quede un poco fuera de lo que solemos entender por psicología infantil.

Pero no queda fuera de la crianza.

Porque seguimos siendo madres y padres cuando nuestros hijos tienen 18 años.

Solo que nuestra posición empieza a cambiar.

Ya no acompañamos de la mano hasta la puerta.

A veces ni siquiera sabemos exactamente a qué hora empiezan las clases.

Y eso también forma parte del crecimiento.

El suyo y el nuestro.

También es un día emocional para madres y padres

Del primer día de curso solemos hablar pensando en los niños.

Pero los adultos también sentimos.

El inicio del curso escolar también moviliza emociones en madres y padres, especialmente cuando coincide con un cambio de etapa.

Hay padres y madres que hoy han dejado a su hijo de tres años llorando en una puerta y han tenido que marcharse con un nudo en el estómago.

Otros han visto entrar a su hijo por primera vez en el instituto y han pensado:

¿En qué momento ha crecido tanto?

Y otros contemplan cómo ese hijo que hace unos años necesitaba que le preparasen la mochila empieza la universidad y organiza su vida cada vez más por su cuenta.

Criar también consiste en esto.

En acompañar mientras nos necesitan muchísimo y, poco a poco, aprender a ocupar otro lugar cuando empiezan a necesitarnos de manera distinta.

Quizás una de las tareas más difíciles de la maternidad y la paternidad sea precisamente esta:

estar disponibles sin impedir que se alejen.

No hace falta que el primer día de cole sea perfecto

Las redes sociales se llenarán hoy de fotografías de niños sonrientes con sus mochilas.

Y está bien.

Pero detrás de esas fotografías hay historias muy diferentes.

Quizás tu hijo haya entrado feliz.

Quizás haya llorado.

Quizás haya dicho que no quería ir.

Quizás haya vuelto diciendo que ha sido el mejor día de su vida.

O quizás cuando le preguntes:

«¿Qué tal el cole?»

te conteste simplemente:

«Bien.»

Y ahí termine toda la información disponible.

No necesitamos sacar conclusiones demasiado rápido.

Los primeros días sirven para observar, conocer, adaptarse y encontrar poco a poco un lugar dentro del nuevo curso.

¿Qué podemos hacer durante estos primeros días?

No necesitamos convertir septiembre en un proyecto de intervención familiar.

Pero sí podemos hacer algunas cosas sencillas.

Escuchar más de lo que interrogamos.

Observar cómo están.

Recuperar progresivamente horarios y rutinas.

Dar espacio al cansancio de los primeros días.

Mostrar interés sin convertir cada tarde en un examen sobre cómo ha ido el colegio.

Y, sobre todo, transmitir confianza.

El Departament d’Educació i Formació Professional de la Generalitat de Catalunya recuerda que el inicio de curso puede despertar emociones muy diversas y recomienda recuperar progresivamente hábitos y rutinas, facilitar la adaptación cuando hay un cambio de centro y comunicar al tutor cualquier manifestación de angustia que pueda dificultar este proceso.

Si necesitas profundizar en esta etapa, he reunido diferentes contenidos en mi Especial Vuelta al Cole.

Cuando el malestar no desaparece después de los primeros días

Una cosa es sentir nervios ante un comienzo.

Otra distinta es que el colegio genere un sufrimiento intenso y persistente.

Conviene prestar atención cuando pasan los días y aparecen, por ejemplo:

  • negativas reiteradas a acudir al colegio;
  • dolores de barriga, náuseas o dolores de cabeza recurrentes antes de salir de casa;
  • llanto intenso mantenido;
  • alteraciones importantes del sueño;
  • aislamiento;
  • cambios bruscos de conducta;
  • miedo intenso relacionado con compañeros o profesores.

En esos casos no deberíamos quedarnos únicamente con:

«Ya se acostumbrará.»

Hay que intentar comprender qué está pasando.

A veces será un proceso de adaptación que necesita algo más de tiempo.

Pero otras veces detrás de un «no quiero ir al cole» puede haber dificultades emocionales, sociales o escolares que merece la pena explorar.

Puedes leer también Mi hijo no quiere ir al cole, donde explico algunas de las razones que pueden estar detrás de esta negativa.

Cada septiembre nos recuerda que nuestros hijos están creciendo

Padre acompañando a su hijo al colegio en el inicio del curso escolar
El inicio del curso escolar también es un momento de cambios y emociones para madres y padres.

Cada inicio del curso escolar nos recuerda, de una forma muy visible, que nuestros hijos están creciendo.

Quizás por eso los primeros días de curso nos emocionan tanto.

No es únicamente por la vuelta al colegio.

Es porque nos permiten ver el paso del tiempo de una manera muy concreta.

Aquel niño que lloraba al empezar Infantil un día entra solo en Primaria.

Después cruza la puerta del instituto casi sin despedirse.

Y, cuando queremos darnos cuenta, sale de casa para empezar la universidad.

Mientras tanto nosotros seguimos ahí.

A veces guiando.

A veces poniendo límites.

A veces consolando.

A veces simplemente observando cómo avanzan.

Porque crecer consiste también en ir abriendo puertas nuevas.

Algunas se cruzan corriendo.

Otras de la mano.

Y ante algunas necesitamos quedarnos unos minutos mirando antes de atrevernos a dar el primer paso.

Buen inicio de curso a todos los niños, adolescentes, jóvenes y familias que hoy empiezan una nueva etapa.

Imágenes cortesia https://www.magnific.com/

¿Te ha resonado? Compártelo con alguien que lo necesite

¿Tienes una duda concreta o quieres contarme algo?

Escríbeme en privado →
Newsletter semanal

Si este tema te importa, cada semana escribo sobre crianza real.
Sin idealizar, sin culpa añadida. Al suscribirte te mando una guía gratuita para reconocer las necesidades emocionales de tu hijo.

Sin spam. Baja cuando quieras. Al suscribirte aceptas la política de privacidad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

PDF gratis — 5 señales de que tu hijo necesita apoyo emocional