Hiperpaternidad o el secuestro de la infancia de nuestros hijos

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Domingo por la mañana, leo con atención un artículo publicado en el suplemento Estilos de Vida de La Vanguardia (número 294, 18 de mayo de 2013) que lleva por título ¿Debemos dejarlos en Paz? escrito por Eva Millet.

El artículo versa sobre la hiperpaternidad, un estilo de crianza donde los padres, buscando lo mejor para nuestros hijos, hemos sobrepasado la línea roja, pasando de no hacer demasiado caso a nuestros hijos a ponerles en un altar y a darles todo cuanto quieran o deseen para convertirlos en hombres y mujeres de éxito. 

Puede que dicho así nos preguntemos si hay algo de malo en ello, y probablemente nuestra respuesta a esta cuestión sea un rotundo no.  Pero yendo un poco más lejos y reflexionando sobre las características de lo que supone criar y ser criado bajo este estilo educativo puede que cambiemos de opinión. 

niño estresado
foto http://www.freedigitalphotos.net/

Es sobre esta cuestión que intento reflexionar en este artículo.

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La hiperpaternidad se ha convertido en un modelo educativo habitual en las sociedades acomodadas. Sin embargo, son muchos los expertos que creen que es necesario estar menos pendientes de los hijos por su propio bien. (¿Debemos dejarlos en paz? Estilos de Vida, La Vanguardia 18 de mayo 2013)

Pero, ¿qué es la hiperpaternidad?

La hiperpaternidad es  un modo de educar a los niños controlando y planificando al milímetro todo cuanto hacen. Un modo de crianza excesivamente sobreprotectora, en busca del hijo perfecto, del hijo exitoso y triunfador. Para ello, los padres hiperpaternales hacen todo cuanto sea para conseguirlo:

  • – sobreestimulan a sus pequeños desde la más tierna infancia,
  • – les sobreprotegen en exceso, siguen dándoles de comer o vistiéndoles cuando ya tienen edad suficiente para hacerlo solos,
  • – los inscriben a todas las clases extraescolares que pueden (clases de inglés, alemán, música, ballet, kumon, karate, haloja, …),
  • – organizan sus vidas llenándolas de actividades y 
  • – acaban hablando en plural en un estilo algo preocupante, por ejemplo, cuando hablan de que mañana su hijo tiene un examen en el cole no es Javier quien se examina mañana si no que los oímos decir «tenemos un examen mañana» … 

Todas estas características ya son por sí mismas algo inquietantes, pero quizás es este tipo de lenguaje en plural el que debería hacernos saltar la alarma … ¿es que papá o mamá no tienen su propia vida y por ello viven la de sus hijos? 

 

Está bien orientarles, darles un pequeño empujón, motivarles para que encuentren alguna actividad que les guste, pero de ahí a dirigir, planificar, controlar y organizar todo cuanto hacen y dejan de hacer hay una diferencia significativa. Los niños no necesitan supermamis ni superpapis, solo quien estar con nosotros, que les queramos y atendamos. No quieren papás que se pasen todo el día llevándoles de un lado a otro solo papás con quienes estar, y teniendo todo el día ocupado esto es una misión imposible.

Tipos de expresión de la hiperpaternidad.

Hay diferentes formas de expresar este control y planificación de las vidas de los niños, diferentes tipos o estilos a los que desde hace tiempo los expertos hemos ido dando nombres, cuanto menos descriptivos, a este tipo de crianza. 

Así encontramos o hablamos de:

  • Padres helicópeteroporqué siempre están vigilando y sobrevolando sin descanso las vidas de sus hijos.
  • – Padres apisonadora, aquellos que allanan continuamente el camino de sus hijos para que nunca encuentren ningún bache con el que tropezar.
  • – Padres quitanieves, aquellos que marcan el camino perfecto en la vida de sus hijos para que nunca tengan que sufrir un patinazo.
  • – Padres chófer, aquellos que se pasan la vida llevando a sus hijos de un lado a otro para que realicen todo tipo de clases extraescolares.
  • – Padres bocadillo, los que persiguen sin cesar a sus retoños con el bocadillo en la mano para que se lo acaben.
  • – Padres hiperprotectores, aquellos que procuran que sus pequeños no sufran el más mínimo rasguño, ni se ensucien ni resfríen.

 

Consecuencias de la hiperpaternidad.

A pesar que este exceso de control surge de la buena intención de los padres para evitar cualquier sufrimiento o pesar en nuestros hijos, para que en un futuro sean personas bien preparadas y con mayores oportunidades, este modo de crianza genera en ellos más problemas que beneficios. 

 

Los niños hipercontrolados y dirigidos pueden acabar pasándolo muy mal para valerse por sí mismos. Cuando somos nosotros, los padres, quienes dirigimos, planeamos, programamos, supervisamos o estructuramos todas las actividades de nuestros hijos acabamos pagando, tanto nosotros como nuestros hijos, un precio muy alto por ello.

Es posible que, los niños criados bajo la presión de unos padres hiperpaternales, acaben por no saber organizar su propia vida, ya que siempre han tenido quien lo haga, y ante el más mínimo contratiempo no sepan como reaccionar porqué siempre ha habido quien se los ha resuelto todos o evitado que los sufra. 

El resultado de tanta sobreprotección, horarios milimetrados, controlados y planificados es un niño que con mucha probabilidad se sentirá:

  • – inseguro, con falta de confianza en sí mismo, ya que necesita del apoyo de sus padres para todo;
  • – que se aburre con facilidad porqué no está costumbrado a tener horas muertas en su vida, de inactividad y de posibilidad de pensar en sí mismo o en nada en particular;
  • – falto de creatividad por no disponer de tiempo para desarrollarla;
  • – estresado y frustrado por no poder llegar a todo ni poder abandonar nada porqué estaría desilusionando a sus padres;

En definitiva, y a modo de conclusión, tras haber revisado a groso modo en qué consiste la hiperpaternidad, sus características y sus consecuencias, quizás deberíamos reflexionar sobre ello. 

 

Si somos unos padres que actuamos bajo este estilo educativo, obviamente buscando lo mejor para nuestros hijos, quizás sea el momento para parar y pensar que probablemente sea hora de frenar un poco y dejar que nuestros hijos decidan por sí mismos si quieren o no hacer tantas cosas, cómo y cuándo desean hacerlas.

 

Nuestros hijos tienen derecho a ser niños, a jugar, a aburrirse, a inventar, a imaginar … y para ello se necesita todo ese tiempo que nosotros, sus padres, nos dedicamos a planificar, organizar y llenar, secuestrando su infancia y su potencial para decidir y valerse por si mismos.

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