¿Criando borregos o marcando límites claros?

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En varias ocasiones he leído comentarios, y no pocos, bajo artículos sobre cómo educar a nuestros hijos para que nos obedezcan, sobre técnicas basadas en el conductismo (como pueden ser el tiempo fuera, la silla de pensar, retirar la atención o cualquier otra), que dicen y repiten que estas técnicas son lo peor para ellos, que les hacen un daño irreparable ya que así no les enseñamos a pensar sino a obedecer sin más igual que borregos.



Las preguntas que se me plantean al leer este tipo de críticas, que por supuesto todo el mundo tiene derecho a plantear son:

 ¿Los papás que educan aplicando este tipo de técnicas están educando hijos borregos tal y como algunos plantean cuando atacan a este tipo de técnicas? ¿Suprimen la capacidad de razonar de sus hijos? ¿No les permiten pensar ? ¿Les educan para que obedezcan y no para que en un futuro sean capaces de discernir lo que está bien de lo que no? ¿Les educan solo para que claudiquen a las órdenes de la autoridad negándoles la posiblidad de desarrollar su propio criterio?  …..

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Si es así, … estos padres no son padres, son sargentos de los marines de los Estados Unidos y sinceramente, creo que de este tipo de padres hay muy pocos aunque muchos utilicemos técnicas basadas en el conductismo.

En los últimos años se ha extendido una tendencia que yo como profesional no comparto y es la de desprestigiar todo lo que tenga que ver con el conductismo, que como corriente de la psicología tendrá sus más y sus menos, sus seguidores y sus detractores. De esto no cabe la menor duda, el problema surge cuando esto último se lleva al extremo y creamos confusión entre los padres.

 
Yo no me considero conductista, aunque aplico estas técnicas de igual manera que puedo utilizar otras fuera de esta corriente teórica. Soy ecléctica. No me aferro a ninguna corriente o paradigma en concreto, sino que mi forma de entender la psicología infantil se basa en múltiples teorías, estilos, ideas, buscando constantemente información complementaria de un tema en particular para ver qué es lo que mejor puede funcionar para cada caso. Y lo que veo y compruebo es que las técnicas cognitivo-conductuales son las que mejor funcionan tanto en consulta como en casa, pero también las conductuales a secas. Eso sí, se deben conocer y aplicar bien, sin esperar que con la simple aplicación de una técnica en concreto nos resuelva el problema. Hay que hablar con el niño. Hay que explicar. Hay que dedicar tiempo. Hay que establecer prioridades, límites y normas. Hay que educar, y no es siempre fácil.
 
Y la siguiente pregunta que me ronda la cabeza es ¿criamos borregos o marcamos límites claros? Yo creo que establecemos límites claros y explicamos a nuestros hijos qué es lo que no se puede hacer y lo que sí, qué es lo que deben hacer y lo que no, y para ello utilizamos muchas técnicas, algunas de ellas salidas del conductismo. Y si el conductismo es tan malo me pregunto de nuevo es que acaso estas personas que atacan de este modo las técnicas conductistas nunca han alabado un comportamiento determinado de sus hijos? Señores a esto se le llama reforzamiento positivo. Y me dirán que los elogios son contraproducentes porque estamos criando a un niño adicto al elogio, que de este modo lo manipulamos, que acaba perdiendo el interés en lo que está haciendo o vete tu a saber qué … 
 
El tema que me preocupa es la confusión que generamos entre todos, mamás, papás y profesionales ya seamos pediatras, pedagogos o psicólogos. No podemos señalar con el dedo acusador y decirle a un padre que por ignorar una pataleta le está produciendo un daño irreparable a su hijo. Que manipula a su hijo cuando le dice «Muy bien, que dibujo tan bonito!» o «Gracias cariño por ayudarme». Por favor, un poco de sentido común, ¿o es que acaso lo hemos perdido por completo? 
 
 
Foto cortesía de http://www.sxc.hu/
 
 

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