Los tics nerviosos en la infancia.

Los tics nerviosos en la infancia son un tema recurrente de consulta. A todos los padres nos preocupa que nuestro hijo desarrolle un tic nervioso, ya sea un parpadeo de ojos, guiños o morderse las uñas.

Es posible que tu hijo haya empezado a desarrollar un tic nervioso hace poco, un tipo de trastorno del movimiento que afecta a un 20% de los niños y niñas. Si es así, ten paciencia, la gran mayoría acaba desapareciendo sin tratamiento. Hoy hablamos de los tics nerviosos en la infancia, de sus tipos y sus causas pero también sobre lo que debes hacer cuando aparecen.

Sigue leyendo porque esta información puede resultarte de tu interés.

tics nerviosos en la infancia


En este artículo te explicamos brevemente qué son los tics, cuáles son sus posibles causas y cuándo hay que acudir al pediatra en busca de ayuda.

¿Qué son los tics nerviosos en la infancia?

Un tic nervioso puede aparecer en cualquier momento y también desaparecer de un día para el otro. Así que, si tu hijo ha comenzado a tenerlos, lo que conviene saber es que pocos niños precisan tratamiento. La gran mayoría de tics acaban remitiendo de forma espontánea si se les presta poca atención.

Los tics son vocalizaciones o movimientos involuntarios de un grupo reducido de músculos, de corta duración, movimientos bruscos que se repiten con frecuencia y sin ninguna finalidad concreta. Los tics pueden manifestarse en cualquier lugar del cuerpo del niño.

Tipos de tics nerviosos

Los tics se clasifican en tics motores y tics vocales. Así encontramos:

  • Tics motores: guiños, parpadeos, muecas, levantar hombros, sacudir la cabeza, … Los hay de más complejos como saltar, tocar, golpear, etc.
  • Tics vocales: gruñir, inspirar, resoplar, … Como en el caso anterior también existen tics vocales más engorrosos que incluyen la repetición de palabras o frases de otros (ecolalia), decir palabras obscenas (coprolalia), entre otros.

Causas de los tics nerviosos

Se barajan diferentes hipótesis sobre las causas de los tics infantiles entre las que se encuentran las causas orgánicas, genéticas y psicológicas.

  • Causas de origen orgánico. Se habla de un exceso de dopamina en el cerebro. La dopamina es un neurotransmisor, una sustancia química relacionada entre otras con las funciones motrices y las emociones.
  • Causas de origen genético.
  • Causas psicológicas. Éstas parecen ser las más claras. Los factores ambientales y de aprendizaje, básicamente dentro de la familia, serían los agentes causales más directos en la aparición de los tics.

Los tics se agravan en condiciones de estrés, ansiedad, fatiga, irritabilidad y aumentan en presencia de familiares y amigos. Cuando el niño está inmerso en actividades que no producen ansiedad los tics se reducen. Y éstos desaparecen durante el sueño, cuando el niño duerme.

Cuándo acudir al pediatra.

Entre las señales de alerta que deberían ponernos manos a la obra y acudir a nuestro pediatra destacamos:

  • Cuando veamos que nuestro hijo sufre con su tic nervioso.
  • Cuando su nivel académico se ve afectado por los tics.
  • Cuando los tics interfieren en su relaciones con sus amigos y compañeros.
  • Cuando los tics se acompañan de ecolalia (cuando el niño repite palabras y frases que le decimos) o coprolalia (cuandoe mite de forma involuntaria palabras obscenas).
  • Si se acompañan de tos persistente.
  • Si los tics aumenten de frecuencia e intensidad.
  • Si lleva más de 1 año sufriéndolos. 

En los demás casos, si observamos que nuestro hijo no sufre y no está molesto, lo mejor es prestarles poca atención, teniendo en cuenta que pueden durar de 1 mes hasta más de 1 año. 

Recordemos que los tics, al igual que el tartamudeo evolutivo,  pueden empeorar si nosotros, los padres reñimos y presionamos a nuestros hijos para que consigan superar el tic. En estos casos lo más probable es que consigamos el efecto contrario, es decir, que se vuelvan más intensos y frecuentes.

 

Qué hacer ante las preguntas del niño sobre sus tics nerviosos.

  • Ante todo tranquilizarle y evitar cualquier tipo de presión y estrés.
  • Evitar sobrecargarle con actividades extraescolares.
  • Ayudarle a no ser excesivamente crítico ni perfeccionista.
  • Y restarle presiones externas.

Foto cortesía de www.freedigitalphotos.net

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