No, educar no es fácil. Pero esto no es excusa para reducir el proceso a la autoridad. Con esto quiero decir justamente lo que parece: que no hay que enseñar a los niños que las cosas son “porque son”, o “porque lo digo yo, que soy tu madre”. A corto plazo, quizás surta efecto; por miedo a la represalia, el niño puede actuar como buscamos.

Pero a la larga es un problema, ya que quien hoy es un niño, mañana será un adulto al que no habremos enseñado que los seres humanos tenemos que actuar de una determinada forma simplemente por nuestro propio bien, y el de las personas que tenemos a nuestro alrededor, sino porque hay un “poder” establecido. Esto hace más fácil que puedan caer en relaciones peligrosas, en las que sean dominados por otras personas con una malsana necesidad de abusar. O algo aún peor: que ellos lo sean.

¿Hay alguna forma de evitar esto? Así es. Desde que nuestros hijos son niños debemos educarlos con firmeza, pero también con amabilidad, respeto, cooperación, y sobre todo un gran cariño. Solo de este modo estaremos contribuyendo a que se conviertan en personas seguras, y con habilidades sociales tan necesarias como la empatía. Y la forma de conseguirlo es aplicando la llamada disciplina positiva.

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¿Qué es la disciplina positiva?

La disciplina positiva es un método de enseñanza basado en la construcción de relaciones sanas con los hijos, de forma que estos puedan desarrollar su autonomía y una autoestima fuerte. De esta manera, el día de mañana serán adultos resueltos en su día a día, y fuertes emocionalmente hablando. En la formación en disciplina positiva del IEPP se explica de forma clara y precisa cuáles son los pilares en los que se basa esta forma de educar a los hijos.

Las inseguridades que suelen tener las personas a una cierta edad se han generado desde la infancia, por ejemplo porque han aprendido a reaccionar simplemente ante el miedo. De ahí la importancia de enseñar desde la disciplina positiva, que no debe ser confundida con que los actos de los niños no tengan consecuencias.

Nada más lejos de la realidad. Porque precisamente, este método pretende no solo que los pequeños entiendan que deben actuar de una forma determinada o los resultados de sus comportamientos serán perjudiciales, sino también que sepan por qué razón es así. Algo que una enseñanza autoritaria no suele transmitir, y en el mejor de los casos, no lo hará del modo más adecuado.

¿En qué se basa la disciplina positiva?

Quizás pueda parecerte que no es tarea fácil educar desde un punto de vista tan empático. Pero lo cierto es que merece la pena el esfuerzo de seguir los principios de la disciplina positiva, que vamos a ver a continuación:

1.- Hay que ser firme, pero comprensivo

Esta forma de enseñanza lleva en su nombre las dos palabras que mejor la definen: disciplina y positiva. Porque en efecto, se trata de enseñar a nuestros hijos a confiar en sí mismos, lo que requiere superación y constancia.

Ahora bien, esto no se consigue a base de castigos. Estos funcionan bien, sí, pero solo a corto plazo. A la larga, lo único que consiguen es que los niños se conviertan en adultos inseguros, porque se les ha corregido solo partiendo desde la humillación, pero sin ver la manera de resolver el problema. Y este último, debería ser siempre el verdadero objetivo a la hora de educar.

2.- Los niños necesitan sentirse aceptados

Si gritamos o castigamos a nuestros hijos, hacemos que se sientan menos valorados. Lo cual conlleva que pierdan el sentido de pertenencia a su familia, repercutiendo muy negativamente en su autoestima.

Probablemente muchos de vosotros penséis que no es nada fácil controlar a un niño si no se le impone un castigo. Pero no se trata de controlar, que sería como ganar una batalla, sino de ganar toda una guerra. Es decir, evitando los castigos y teniendo la paciencia de detectar el problema y buscar una solución, se está contribuyendo enormemente a la salud emocional del niño.

3.- Es necesario educar desde el respeto

Al castigar a nuestros hijos, lo único que estos captan es que si actúan de una manera, tendrá una consecuencia. Pero no el por qué. Y esto es abrir las puertas a que de mayores sean personas fácilmente manipulables, si no manipuladoras.

De ahí la importancia de enseñar a nuestros hijos aplicando el respeto y la empatía, ya que así les estamos inculcando estos valores.

4.- La confianza en sí mismo es de vital importancia para un niño

Si gritamos o amenazamos a nuestros hijos, es posible que nosotros mismos notemos que de alguna forma estamos cortando su libertad. En efecto es así, porque por temor a las consecuencias, dejarán de actuar como realmente desean.

¿No es mucho más inteligente por nuestra parte dejar que se expresen tal como son? La respuesta definitivamente es un gran sí, porque así conseguimos un doble efecto: por un lado, que desarrollen la autoconfianza; y por el otro, al actuar libremente, tendrán una plena confianza en cometer errores que seremos capaces de detectar, y por lo tanto, ayudarles a corregir.

Si alguien sigue pensando que enseñar es muy sencillo, creo que está en un error. En realidad es todo un desafío, pero la recompensa de ver a nuestros hijos convertidos en adultos fuertes a nivel emocional y que confían en sí mismos, es simplemente maravillosa.

Sara Tarrés

Soy Sara Tarrés, licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona, con Máster en dificultades del aprendizaje (ISEP) y Postgrado en Psicopatología infantojuvenil (ISEP).He trabajado como asesora y orientadora de padres y maestros en diferentes escuelas concertadas de Barcelona y como reeducadora de niños que presentaban diferentes dificultades en su aprendizaje.Actualmente dirijo Mamá Psicóloga Infantil desde donde oriento a padres en temas de crianza, desarrollo y educación. Esto me permite compaginar mi faceta de madre a tiempo completo sin dejar de lado mi actividad profesional.