Gracias mamá por consolarme.

«Gracias mamá por consolarme»  me dijo ayer mi hijo mayor (casi de 8 años, ya). Una frase que me dejó, por unos instantes, descolocada. Habíamos pasado la tarde preparando un examen de matemáticas, frustrado porque algunos problemas y operaciones se le resistían empezó a llorar. Como no podía ser de otro modo le expliqué que es normal que algunas cosas no se nos den bien y que es necesario esforzarse, que aprender es equivocarse muchas veces. Que lo importante es ver dónde nos equivocamos para poder rectificar.

Un discurso que, a pesar de estar muy bien, es un tanto difícil de asimilar cuando quieres ser el mejor o piensas que por ir al cole ya lo sabes todo. Un discurso difícil de entender para un niño de tercero de primaria.

Mi hijo, que bien podría ser el tuyo, tras un momento de reflexión, dijo esta maravillosa frase «Gracias mamá por consolarme» y yo me quedé sin otra cosa que decir que un «te quiero, cariño».

Lo que hay detrás de un «Gracias mamá por consolarme»

Detrás de este «Gracias mamá por consolarme» hay un gracias por estar ahí cuando te necesito. Gracias por sentarte a mi lado y ayudarme a entender aún cuando yo me resisto.

Detrás de este «Gracias mamá por consolarme» hay ocho años de acompañamiento, de frustraciones, de risas, de enfados, de idas y venidas. Detrás de este «Gracias mamá por consolarme» hay noches sin dormir sintiéndome la peor madre del mundo, creyendo que todo lo que estaba haciendo no era lo correcto y buscando la forma de mejorar.

Detrás de este «Gracias mamá por consolarme» hay un niño de casi 8 años y una familia que le adora sin necesidad de comprarle ni consentirle todo, una familia que le guía y le acompaña marcándole límites cuando son necesarios. Una familia que le ayuda a ser autónomo e independiente y una madre que, como tú, solo quiere ver a su hijo crecer feliz.

Gracias mamá

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Imagen cortesía (c) Can Stock Photo

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