Algunos niños desarrollan un vínculo afectivo muy especial con determinados objetos, como un peluche, una mantita o un trocito de tela. Son objetos que pueden adquirir un significado emocional importante y a los que recurren para encontrar consuelo, especialmente en momentos de separación, cansancio o malestar. Cuando cumplen esta función, hablamos de objetos transicionales.
Quizás hayas observado que tu hijo o hija busca siempre el mismo peluche cuando está cansado, que necesita su mantita para dormirse o que quiere llevar consigo un objeto determinado cuando sale de casa. Para nosotros puede parecer un juguete más, pero para él puede tener un significado muy especial.
A lo largo de este artículo veremos por qué algunos niños desarrollan este vínculo, qué función puede cumplir en su desarrollo emocional y cómo podemos acompañarlos respetando sus necesidades.
¿Qué es un objeto transicional?
Algunos niños desarrollan un vínculo afectivo muy especial con determinados objetos que los acompañan durante una etapa de su infancia, sobreviviendo a su cariño y a su rabia. Son testigos de sus juegos, de sus momentos de alegría y también de sus enfados, miedos o tristezas.
Estos objetos pueden convertirse en una fuente de consuelo y familiaridad, especialmente cuando el niño necesita recuperar la calma o afrontar una situación que le genera inseguridad.
La historia de un osito muy especial
«Tráeme el osito al cole, mami», me pedía mi hijo cuando tenía tres años y medio.
Una noche, a la hora de acostarse, le conté que había comprado aquel osito cuando todavía estaba embarazada de él. Le expliqué que, en ocasiones, entraba en su habitación y abrazaba el peluche mientras pensaba en cómo sería cuando naciera.
Desde aquella conversación, el osito adquirió un significado muy especial para él. Lo cuidaba, lo peinaba, lo vestía e incluso le ponía los zapatitos de su hermano pequeño para que no pasara frío en los pies.
Hasta aquel momento, mi hijo no había mostrado una preferencia tan especial por ningún objeto. La llegada de su hermano pequeño coincidió con aquella etapa, aunque no puedo afirmar que fuera el motivo por el que el osito adquirió tanta importancia para él.
Cuando escribí por primera vez este artículo, mi hijo tenía diez años y todavía dormía con aquel peluche. Y no había nada de malo en ello.
Conservar un objeto al que atribuimos un significado afectivo especial no es, por sí mismo, una señal de inmadurez, dependencia problemática o inseguridad emocional. Lo importante no es tanto la edad del niño como comprender qué función cumple ese objeto en su vida.
Para recordar
Lo importante no es tanto la edad del niño como comprender qué función cumple ese objeto en su vida.
¿Por qué un peluche o una mantita pueden ser tan importantes?
Lo que hace especial a ese objeto no es necesariamente su aspecto o su valor material, sino el significado afectivo que ha adquirido para el niño. Por eso, aunque a los adultos nos parezca fácil sustituirlo por otro peluche o una mantita parecida, para él puede no ser lo mismo.
El objeto transicional puede ayudar al niño a mantener una sensación de seguridad y continuidad emocional cuando sus figuras de apego no están presentes.
Su textura, su olor o la familiaridad que ha desarrollado con él pueden evocar experiencias de cercanía, cuidado y protección. De este modo, el objeto puede convertirse en un recurso de consuelo que le ayuda a afrontar determinados momentos de separación o malestar.
Si te interesa profundizar en cómo los niños buscan seguridad y cercanía en sus figuras de referencia, puedes leer también Mamitis aguda: mi hijo solo quiere estar conmigo.
Cómo acompañar a un niño que necesita su objeto especial
Cuando un niño establece un vínculo afectivo especial con un objeto, es importante que los adultos respetemos ese significado y procuremos cuidarlo.
Su pérdida o deterioro puede provocar una reacción de tristeza, enfado o angustia que, desde nuestra perspectiva adulta, quizá nos parezca desproporcionada. Sin embargo, para el niño no se trata simplemente de haber perdido un juguete, sino de quedarse sin algo que le proporcionaba consuelo y seguridad.
Este malestar puede hacerse especialmente evidente en momentos en los que solía recurrir a él, como la hora de acostarse.
Cuando un niño siente un cariño especial por su peluche, su mantita o cualquier otro objeto, lo más importante es respetar ese vínculo sin ridiculizarlo ni intentar que renuncie a él antes de estar preparado.
Si el objeto se pierde o se rompe, conviene reconocer su tristeza y acompañarlo con paciencia y comprensión. Podemos ayudarle a buscarlo, intentar repararlo o proponerle alguna alternativa, pero sin dar por hecho que otro objeto, aunque sea idéntico, tendrá para él el mismo significado.
No se trata de evitarle cualquier frustración o tristeza, sino de ayudarle a transitar esas emociones sintiéndose comprendido y acompañado.
Una idea importante
No se trata de evitarle cualquier frustración o tristeza, sino de ayudarle a transitar esas emociones sintiéndose comprendido y acompañado.
Cuando aparecen cambios importantes en su vida
Algunos niños que hasta entonces no habían mostrado una preferencia especial por ningún objeto pueden empezar a desarrollar este vínculo en determinadas etapas de su vida, especialmente cuando atraviesan situaciones nuevas o cambios importantes.
La llegada de un hermano, el inicio de la escuela infantil, una mudanza o la separación de los progenitores son algunas de las circunstancias en las que un objeto familiar puede adquirir un significado especial y convertirse en una fuente de consuelo.
Sin embargo, esto no significa que el niño esté viviendo necesariamente una situación de inseguridad emocional. Cada niño afronta los cambios de manera diferente y no todos necesitan recurrir a un objeto transicional.
En estas situaciones, lo importante es observar qué necesita cada niño y acompañarlo con sensibilidad, paciencia y comprensión.
Si encuentra consuelo en un peluche, una mantita u otro objeto especial, podemos respetar ese vínculo sin forzar su abandono ni convertirlo en algo imprescindible. Del mismo modo, si nunca ha necesitado un objeto transicional, tampoco hay motivo para preocuparse.
Cada niño tiene sus propios recursos y ritmos para afrontar las separaciones, los cambios y las emociones que los acompañan.
Si tu hijo está empezando la escuela infantil, puede resultarte útil mi artículo Vuelta al cole: cómo despedirnos de nuestros peques, donde abordo cómo acompañar las despedidas.
Una precaución importante: los objetos transicionales y el sueño de los bebés
Aunque los peluches y las mantitas pueden convertirse en objetos de consuelo para algunos niños, debemos tener en cuenta las recomendaciones de sueño seguro durante el primer año de vida.
En los bebés menores de doce meses, la cuna debe mantenerse libre de peluches, mantas sueltas, almohadas y otros objetos blandos, ya que pueden aumentar el riesgo de asfixia.
Esto no significa que debamos renunciar a ofrecer consuelo y seguridad emocional. Durante esta etapa, la presencia, el contacto y las respuestas sensibles de las personas que cuidan al bebé siguen siendo fundamentales para ayudarlo a sentirse protegido.
Para terminar: comprender antes que corregir
En definitiva, si tu hijo o hija siente un cariño especial por su peluche, su mantita o cualquier otro objeto, intenta comprender qué significa para él antes de preocuparte por cuándo debería dejar de utilizarlo.
Los objetos transicionales pueden ser una fuente de consuelo y seguridad emocional, pero no son imprescindibles para un desarrollo saludable ni indican, por sí mismos, una falta de autonomía.
Lo importante no es el objeto en sí, sino el significado que tiene para cada niño y cómo lo acompañamos en sus necesidades emocionales.
Quédate con esta idea
Lo importante no es el objeto en sí, sino el significado que tiene para cada niño y cómo lo acompañamos en sus necesidades emocionales.
Si quieres seguir leyendo
En Mamá Psicóloga Infantil encontrarás otros artículos que pueden ayudarte a comprender y acompañar las necesidades emocionales de tus hijos:
- Mamitis aguda: mi hijo solo quiere estar conmigo. Para comprender la necesidad de cercanía y seguridad emocional.
- Vuelta al cole: cómo despedirnos de nuestros peques. Para acompañar las separaciones cotidianas.
- Inicio del curso escolar: emociones, cambios y nuevas etapas. Para comprender cómo viven los niños los cambios y las transiciones.
Referencias y recomendaciones
- Winnicott, D. W. (1953). Transitional Objects and Transitional Phenomena. Referencia clásica que introduce el marco conceptual, no una demostración empírica de todas sus hipótesis. Ficha bibliográfica en PubMed.
- American Academy of Pediatrics. Recomendaciones de sueño seguro.
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