Cómo transmitir a tus hijos la clave de la felicidad jugando

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El post de hoy llega de la mano de una colaboradora muy especial. Una mujer valiente, madre de 3 hijas, bióloga y tan apasionada de la naturaleza que desde hace años vive en África rodeada de animales.

Ella es Cecilia Julve del blog Búsqueda del Tesoro y cuando contactó conmigo no tuve ni un minuto de duda porque ambas compartimos la misma visión sobre la importancia del juego en la educación de los niños. Así, que para mí es un autentico placer compartir este espacio con ella y ofreceros un post tan interesante como este que lleva por título “Cómo transmitir a tus hijos la clave de la felicidad jugando“, el primero de los que sean muchos más.


Acabamos de pasar las fiestas navideñas. La época más mágica del año. Sin embargo, año tras año, hay una cosa que te preocupa. Bueno, más bien dos. Una es la cantidad de regalos que reciben tus hijos. La otra es su actitud al abrirlos sin hacerles casi ni caso, o cuando los regalos no corresponden exactamente a lo que habían pedido. 

A lo largo del año, te esfuerzas en (intentar) inculcar algunos valores a tus hijos. Valores como la gratitud, el altruismo, la generosidad, el respeto… Y en esta época, en la que estos valores se podrían aplicar más que nunca, te da la impresión de que ocurre lo contrario. 

En vez de dar las gracias, tus hijos exigen aquello que habían pedido. En vez de respeto, tus hijos desprecian los regalos, sin casi mirarlos. En vez de dar, sólo piensan en recibir. Piensan que los regalos son un derecho, SU derecho a recibir. 

Y regalo tras regalo, juguete tras juguete, tú y tu entorno estáis transmitiendo que lo que importa son las cosas materiales. Y poco a poco y sin querer, tus hijos dejan de valorar todo lo que no es material. 

No sabes qué has hecho mal. Al contrario, lo haces todo por tus hijos. TODO. Y el sentimiento de fracaso al ver la desilusión en sus ojos, o al ver cómo se acumulan en el fondo de un armario juguetes que casi no utilizan, te parte el corazón. Descubrir que tus hijos piensan no tener todo lo que desean, cuando tú ya no puedes dar más, es deprimente. Te deja con una sensación agridulce.  

Sé lo que sientes. Yo también he pasado por eso. Me ocurrió por primera vez el año pasado, con mi hija mayor que entonces tenía 8 años. Eso me hizo pensar, y mucho. No sobre los regalos, no. Me da igual que hubiera pedido la última muñeca X y que no se la trajeran los Reyes (porque ya tenía 3 a las que no les hace ni caso…). No. Me cuestiono sobre la educación que quiero dar a mis hijas. Sobre los valores que quiero transmitirles. 

Porque no quiero que mis hijas crean que ellas son lo que tienen. No quiero que piensen que el valor de una persona se determina por la cantidad o calidad de sus bienes materiales. No quiero que pasen su vida sufriendo por lo que no tienen sin valorar lo que tienen. No, eso no es lo que quiero para mis hijas. 

Lo que quiero fomentar en ellas es que se valoren por lo que son. Y no por lo que tienen – o no tienen. Que se conozcan. Que reconozcan tanto sus cualidades como sus defectos. Que se valoren. Que vean el lado bueno de la vida en vez de focalizarse en lo que les falta. O dicho de otra forma: quiero darles las armas necesarias para que sean felices. 

Y eso me lleva más allá en mis pensamientos. Me lleva a pensar sobre lo que les hará ser felices. No creo que la felicidad de los niños (ni de los adultos) sea proporcional a la cantidad de regalos que reciban. Tampoco creo que el dinero, el éxito o el consumo desmesurado nos den felicidad. 

Creo más bien que saber ser agradecido y tener una buena autoestima son dos valores que pueden contribuir a la felicidad. Por eso son de esas armas que quiero transmitir a mis hijas  para que sepan (y puedan) ser felices.

Por qué la gratitud y la autoestima pueden contribuir a nuestra felicidad

Dos razones me hacen llegar a esta conclusión:

  1. Una persona que sepa agradecer lo que tiene, significa que lo sabe valorar y disfrutar. Sentirá satisfacción por lo que tiene en vez de frustración por lo que no tiene. Sabrá ver el lado positivo de las cosas. Por tomar una cita de Epicuro “No arruines lo que tienes deseando lo que no tienes”.
  2. Una persona con una autoestima adecuada siente agrado y respeto por sí misma, se valora, se siente segura. Esa seguridad le da la confianza necesaria para probar cosas nuevas y para esforzarse. Y también para aceptar los errores y volver a intentar algo que ha salido mal. Esa capacidad le permite progresar con éxito en lo que se proponga y mantener buenas relaciones sociales. Además, una persona que se valora a sí misma será capaz de valorar lo que tiene. Así pues, al tener una buena autoestima, es más probable que uno se sienta realizado y feliz. 

Cómo transmitir a nuestros hijos los valores que les ayudarán a ser felices

Hace poco, descubrí los juegos de la gratitud. Dos de ellos me interesaron particularmente por su sencillez (ningún material necesario), su rapidez (5 o 10 minutos, que puedes convertir en un hábito diario como he hecho yo) y su potencial para ayudar a transmitir valores. 

El primer juego es “Doy gracias por …”. Consiste en dar las gracias por algo que se tiene o por algo que alguien ha hecho. El segundo juego es “Me quiero porque …” (o “Estoy orgulloso de mí porque”), y consiste en decir algo que has hecho y de lo que estás orgulloso. Se pueden jugar en familia (lo recomiendo), a la hora de la cena o cualquier momento en el que estéis todos, o a solas con tu hijo, a la hora de acostarse por ejemplo. 

Ahora es cuándo te preguntas cómo estos juegos pueden transmitir valores. Sigue leyendo y lo descubrirás.

1. Pasando tiempo a diario en familia 

Vivimos en una sociedad ajetreada con escaso tiempo libre. En la cabeza tienes tantas cosas (trabajo, compras, coles, actividades extraescolares…) que a veces queda poco sitio para lo más importante: tu familia.

Pasar un tiempo con tus hijos, hablando de las cosas buenas que han hecho (y de las que se sienten orgullosos) o que han recibido (y por las que dan las gracias) es probablemente uno de los mejores regalos que puedes hacerles a diario. De esta forma transmitirás a tus hijos la importancia que tienen los momentos vividos, y que las cosas materiales se acaban olvidando. 

Además, prestando tu atención durante el juego, tus hijos se sentirán escuchados y respetados. Ello contribuirá a que se sientan valiosos e importantes y ayudará a mejorar su autoestima.

2. Tomando consciencia de lo que se tiene.

Al dar las gracias diariamente, tus hijos se darán cuenta de lo que ya poseen. 

El juego “Doy gracias por …” les forzará a fijar su atención en las cosas positivas en vez de focalizarse en lo que no tienen. Les ayudará a tomar consciencia de lo que está yendo bien en su vida, y entonces aprenderán a valorarlo.

3. Reconociendo y valorando los esfuerzos de nuestros hijos 

Cuando un niño se siente reconocido y valorado por sus padres, aprende a quererse y a respetarse a sí mismo. El juego “Me quiero porque …” representa una oportunidad para que tus hijos demuestren las cosas que han hecho bien y de las que se sienten orgullosos. 

En mis hijas, este juego ha fomentado el esfuerzo y las ganas de mejorarse. Las vemos por ejemplo ayudar en las tareas de la casa (fregar los platos, recoger la mesa o hacerse la cama) sin que lo tengamos que pedir. O esforzarse en deportes u otras actividades (lectura, dibujo…), según sus motivaciones. 

Asimismo, descubriendo qué cosas hacen sentirse orgullosos a tus hijos (estudios, deporte, habilidades artísticas, amistades…) te darás cuenta de sus intereses, de los esfuerzos que hacen y aprenderás a entenderlos mejor. 

4. Aprendiendo a ver el lado positivo de las cosas

La típica frase fácil de decir, pero difícil de aplicar en el día a día. 

La prueba: ¿cuándo fue la última vez que le dijiste a tu hijo “¡No te has hecho la cama!”? (vale también por “no has hecho los deberes, no has recogido la mesa, has dejado tus zapatos y tu abrigo en cualquier lugar… me entiendes, ¿verdad? ).

Y, ¿cuándo fue la última vez que dijiste a tu hijo “Que bien, ¡te has hecho la cama!”? (o los deberes…). 

Partimos de la base de que todo tiene que estar bien hecho, y la mayoría de nosotros sólo hacemos un comentario cuando no lo está. En nuestros hijos, esto puede generar frustración, ya que sienten que no vemos sus esfuerzos diarios, si no que nos focalizamos en lo que no hacen. 

Los dos juegos que te he presentado permiten cambiar de enfoque. Permiten focalizarse en el lado positivo de las cosas. Recalcando los esfuerzos en vez de los defectos. Viendo (y agradeciendo) lo que se tiene, en vez de obsesionarse con lo que falta. Valorando los esfuerzos y las cosas buenas que hace tu hijo, en vez de fijarte en sus olvidos o meteduras de pata. 

Al reforzar los sentimientos positivos, generas satisfacción y confianza en tus hijos. Les ayudas a ver el lado positivo de la vida.

5. Aprendiendo a expresar los sentimientos

A mi hija mediana (5 años) le ha costado bastante entender la diferencia entre dar las gracias a alguien y estar orgullosa por algo que ella ha hecho. 

Estos juegos la han ayudado a entender, a reconocer y a expresar sus sentimientos. El hecho de tomar consciencia de los sentimientos y expresar diariamente el agradecimiento ha permitido a mis hijas sentirse satisfechas por lo que tienen y por lo que son. 

6. Reconociendo la independencia de nuestros hijos

Tú quizás estás orgullosa de tu hijo porque ha sacado un notable en mates. Pero tal vez él esté mucho más orgulloso del golazo que ha metido en el partido de fútbol contra los de la otra clase.

Lo que tú sientes no tiene por qué coincidir con lo que tus hijos sienten. 

Los juegos de la gratitud dan la independencia necesaria a tus hijos para que puedan expresar sus emociones. Deja que hablen, no les interrumpas ni les des ideas por lo que tú crees que deben dar gracias o sentirse orgullosos. 

Demuestra que los respetas por lo que son y por lo que sienten. De esta forma les ayudarás a crecer respetándose a sí mismos y confiando en sus capacidades. 

7. Sirviendo de ejemplo como padres

No dejes que sólo tus hijos jueguen. 

Al mostrar tu agradecimiento y tu orgullo delante de tus hijos, les demuestras que te valoras por lo que eres y por lo que has conseguido. Les sirves de ejemplo. Mostrando que te quieres, ayudas a tus hijos a quererse.

Mi experiencia con los juegos de la gratitud 

Empecé a jugar a “Doy gracias por…” y “Estoy orgulloso de mí porque…” antes de la época navideña. Pensé que era un buen momento para focalizarse en la gratitud (y para compensar los excesos materiales propios de esta época). 

Jugamos todos juntos a la hora de la cena. No hay un orden sobre quién empieza, depende del día y del ánimo de cada uno. Tampoco limitamos el número de cosas por las que damos gracias o de las que estamos orgullosos. Si mi hija está orgullosa por haber jugado bien al vóley, por haber puesto la mesa y por haber entendido las divisiones, las puede decir las tres. 

Decidimos jugar a diario, porque creo que la transmisión real de valores requiere cierta consistencia.  

La verdad es que al empezar el juego, no sabía muy bien qué esperar. Me parecía una buena idea, no necesitaba mucho tiempo y ninguna preparación (algo importante para alguien bastante desorganizado como yo), pero ignoraba qué nos aportaría. 

Los primeros días mis hijas no se entusiasmaron mucho. Les costaba encontrar acciones que agradecer o que les hicieran estar orgullosas. Incluso pensé unos días en abandonar el juego. Pero muy rápido (en menos de una semana) ellas eran las que nos recordaban a la hora de la cena que tocaba jugar. 

Ahora llevamos más de un mes jugando. Y continuamos, porque nuestras hijas nos lo recuerdan cada noche. Y la verdad es que estoy bastante sorprendida. 

  • Porque ha mejorado nuestro tiempo de la cena, que se ha convertido en un momento de complicidad. 
  • Porque ha mejorado la autoestima de mis hijas, que se valoran por lo que hacen y se sienten responsables, escuchadas y comprendidas. 
  • Porque al detenernos cada día unos minutos a pensar en lo que tenemos y a agradecerlo, lo valoramos y nos sentimos satisfechos.
  • Porque nos ha permitido a nosotros, padres, ver las cosas que importan a nuestras hijas y entenderlas mejor. 
  • Porque demostrando nuestro respeto hacia nosotros mismos, transmitimos un mensaje positivo a nuestras hijas.

Ahora todo depende de ti

Tienes suerte de tener unos hijos fantásticos. Aunque no lo expresen de la forma adecuada, tus hijos seguro que quieren pasar tiempo contigo. Oír tus palabras. Sentir tu apoyo. Sentir tu cariño y tu aprecio. Necesitan sentirse aceptados y queridos por lo que son. 

Si quieres que tus hijos sean felices. Que aprendan a conocerse. Que aprendan a valorarse. Que crean en ellos. Que sepan agradecer la ayuda de otros. O en otras palabras, si quieres fomentar la autoestima y la gratitud en tus hijos, te aconsejo que empieces este juego. 

Es imposible transmitir valores en unos días. Así que ármate de paciencia. Cada día, unos minutos. Y ya verás el resultado. Me lo dirás en las próximas navidades. 

No necesitas ningún material. No necesitas ninguna organización. Sólo necesitas unos 5 o 10 minutos. Y, simplemente, dos preguntas. 

Y tú, ¿qué has hecho hoy de lo que estas orgulloso y a quién o por qué quieres dar las gracias?


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