Hay ocasiones en las que la energía desbordante de nuestros hijos puede llegar a ser un problema. Por eso muchos padres se preguntan cómo canalizar la energía de mi hijo de una forma saludable y respetuosa.
No hay nada malo en ser una persona vital, movida, enérgica, siempre y cuando toda esta vitalidad esté bien enfocada. Cuando se canaliza mal la energía sobrante puede suponer problemas de conducta que dificultan la vida familiar, social y escolar de muchos pequeños. En algunos casos esa tensión acumulada también puede aparecer en forma de rabietas infantiles.
Por eso hay que ayudarles a conducir de un modo adecuado toda su vitalidad proporcionando estrategias para liberar las tensiones acumuladas a lo largo de la jornada escolar.
Artículo revisado · Marzo 2026
Este post ha sido revisado para integrar nuevos matices clínicos y aprendizajes surgidos de la práctica profesional.
Forma parte del proceso de actualización editorial de Mamá Psicóloga Infantil.
Canalizar la energía de mi hijo de manera saludable
Sabemos por experiencia propia que los niños pequeños rebosan de energía: corren, saltan, brincan y no paran ni un momento. Tanto es así que algunos de ellos pueden llegar a extenuar al padre o madre más paciente y tolerante del mundo.
Entre los 4 y 6 años hay niños que parecen tener un motor en marcha que nadie consigue parar. Niños completamente normales, sin tener trastorno alguno. Niños o niñas que sencillamente necesitan moverse del modo que sea para canalizar toda la energía que sienten en su interior.
Cuando tienes un niño que no para quieto un segundo, que le cuesta estar sentado en el sofá y que necesita liberar tensiones, lo mejor que puedes hacer es ayudarle a canalizar su energía.
El mejor modo de hacerlo suele ser apuntándole a alguna actividad extraescolar en la que pueda realizar algún deporte: fútbol, baloncesto, natación, patinaje, ballet… lo que sea, pero que pueda moverse de un modo adecuado sin molestar a nadie.
Piensa que cuando los niños empiezan el primer ciclo de primaria notan un cambio muy grande en sus vidas. De repente se les exige estar sentados en sus pupitres durante largos momentos, atendiendo a las explicaciones de sus maestros, y esto no es tarea fácil para un niño de 6 años. En algunos niños, este cambio coincide con lo que se conoce como la crisis de los 7 años.
Y un apunte importante: el movimiento es una necesidad real en la infancia. De hecho, organismos como la OMS recomiendan actividad física diaria en niños
Ideas para canalizar la energía de mi hijo cuando no para quieto
Estas pueden ser algunas ideas que te ayuden a canalizar la energía de tu hijo:
- Apúntale a alguna actividad extraescolar donde pueda practicar algún deporte.
- El teatro también es una opción muy buena para liberar tensiones.
- Antes de llegar a casa después del cole, permite un tiempo de parque para que corra, salte y juegue a su libre albedrío.
- En casa dale pequeñas tareas: que ponga la mesa, que ayude a recoger… incluso podéis jugar a Simón dice con frases como:
- «Simón dice que levantes las manos por encima de la cabeza y saltes a la pata coja».
- «Simón dice que hagas la croqueta».
- «Simón dice que toques el suelo con las manos 5 veces».
Recurso práctico: cartas de movimiento para descargar energía
Si tienes un niño con mucha energía, una idea muy sencilla es crear cartas de movimiento para jugar en casa (y usarlas especialmente cuando lo notas más inquieto o irritable).
Puedes escribir en papelitos (o cartulinas) acciones como:
- Saltar como una rana (10 saltos)
- Caminar como un oso hasta la puerta y volver
- Tocar el suelo con las manos 8 veces
- Dar una vuelta lenta y respirar hondo (3 veces)
- Hacer “pared” (apoyado en la pared) durante 20 segundos
- Subir y bajar del sofá como “escaleras” (10 veces)
- Carrera corta: ida y vuelta al pasillo
Las colocas boca abajo y va sacando cartas. Es un juego simple, útil y sin discusiones, porque no es “portarse bien”, es tener un canal para que la energía pueda fluir sin prohibiciones.
Después del movimiento, toca bajar el ritmo
Una vez realizado un poco de ejercicio toca ir bajando el ritmo. Para ello no hay nada mejor que darles un baño o una ducha, ponerles crema corporal con un aroma suave y sentarse un poco en el sofá, a ser posible con luz tenue y sin nada de ruidos.
Ahora podemos hacer los deberes, tranquilos, calmados y relajados.
Y si además de movimiento notas que hay emociones de fondo (frustración, enfado, nervios, inseguridad…), te puede ayudar leer este artículo sobre emociones negativas y cómo ayudar a tu hijo
En definitiva, aprender a canalizar la energía de mi hijo no significa apagar su vitalidad, sino ayudarle a encontrar espacios adecuados donde moverse, jugar y liberar tensiones.
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