Y cuando se acaba la paciencia … ¿qué tengo que hacer?

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Cuando se acaba la paciencia, algo que puede ocurrirnos con frecuencia a los padres y madres no queda otra que encontrar la manera de recargar el saco. En caso contrario las consecuencias suelen ser: gritos, castigos y más mal humor. Sabemos bien que no hay frascos de paciencia que se puedan comprar en el supermercado o farmacia. De manera que cuando se acaba la paciencia no queda otra que tratar de recuperarla del modo que sea. Hoy reflexiono sobre esta cuestión y me gustaría que me acompañaras.

La paciencia, una virtud difícil de dominar

Ser madre (o padre) es una experiencia maravillosa, y no me cansaré de repetirlo en cada artículo que escriba. Pero también es una experiencia exigente, a veces agotadora, frustrante y profundamente desafiante.

Educar es un proyecto a largo plazo que necesita, por encima de todo, dos ingredientes esenciales: tiempo y paciencia. Claro que también requiere afecto, comunicación, coherencia y muchos otros elementos. Pero si algo he aprendido es que, sin tiempo ni paciencia, incluso el afecto más profundo y la mejor comunicación acaban diluyéndose.

Y sí, tiempo y paciencia suelen caminar juntos. Y cada día escasean más. No se compran ni se venden. Hay que buscarlos dentro de nosotros mismos, cultivarlos, protegerlos. Porque muchas veces sentimos que alguien nos roba el tiempo, o porque —seamos honestos— lo perdemos en cosas que no importan tanto.

Ser madre o padre es una tarea inmensa. No siempre fácil, nunca perfecta, pero colmada de recompensas invisibles: un abrazo inesperado, una mirada cómplice, un «te quiero» susurrado cuando menos lo esperas. Y eso, a veces, basta para recargar la paciencia que creíamos perdida.

Ser padres no es algo sencillo, nadie dijo lo contrario. 

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Nuestros hijos nos ponen en infinidad de situaciones que muchas veces no sabemos resolver. Ellos tienen sus propias necesidades, gustos, deseos, sentimientos y durante sus primeros 5-7 años no han aprendido todavía a articularlos correctamente. Y más adelante … tampoco. Te pido que aquí sonrías.

En otras ocasiones son sus exigencias, sus «mamá esto, mamá aquello, mamá, mamá, …» Y … nuestra paciencia parece acabarse, agotarse del todo sin posibilidad de renovación. Pero no, siempre queda un poquito más. Debemos parar antes de estallar, porque en nuestro interior queda un poco más de esa debilitada paciencia.

y cuando se acaba la paciencia

Cuando la paciencia se agota

Sí, pero ¿y si se me ha agotado del todo? ¿Qué pasa cuando estoy tan cansada que ya no puedo más? ¿Qué hago cuando siento que todo me supera, cuando empiezo a alzar la voz más de lo que quisiera y debiera? ¿Qué hago cuando la paciencia se me acaba? 

La respuesta no puede ser más simple: respirar hondo y volver a recargar ese saco sin fondo de nuestra paciencia y seguir adelante. Crisparnos, gritar o alterarnos no servirá para que nuestros hijos nos obedezcan más. No servirá para que todo ese caos que han dejado en la habitación tras jugar vuelva a su lugar, no servirá para que tu hijo con todo el talento artístico desplegado deje de pintar en las paredes del salón …

Cuando la paciencia se agota, necesitamos hacer una pausa y mirar hacia dentro. No dejarnos arrastrar por la rabia, la frustración o el cansancio que nos desbordan en esos momentos límite. La paciencia no desaparece, solo queda escondida tras emociones intensas. Y cuando logramos gestionarlas, poco a poco, la paciencia vuelve a emerger desde nuestro interior.

La paciencia está ahí, solo hay que saber gestionar bien nuestras emociones para que la paciencia fluya de nuevo desde nuestro interior.

Sí, lo sé. Qué fácil parece decir todo esto. Y sí, es mucho más sencillo escribirlo que ponerlo en práctica. Porque yo también soy humana, y claro que me he desbordado más de una vez. Pero es que, al final, es así de claro: cuando nos dejamos arrastrar por ese torbellino de emociones intensas y desagradables —esas que aparecen cuando nuestros hijos ignoran por enésima vez lo que les pedimos, cuando protestan por todo, cuando sentimos que nada funciona—, solo conseguimos empeorar las cosas. Entiendo tu frustración, de verdad. Yo también he estado ahí. Pero te aseguro que, cuando me he dejado llevar por el enfado, lo único que he logrado ha sido desregularme y alimentar aún más el conflicto.

Conclusión final

Cuando la paciencia se agota, tómatelo con calma. Mira en tu interior y sabrás volver a recuperarla. Mira a tus hijos y piensa en lo que ha hecho que se te agotara la paciencia y pregúntate … ¿hay para tanto? Seguramente en muchas ocasiones la respuesta será no, solo es que estoy demasiado cansada, quiero que se bañen, cenen y se acuesten rápido. En otras, la respuesta no será tan sencilla pero recuerda que es un niño, ellos no nacen sabiendo qué es lo que está bien y lo que no. Es tarea nuestra, con el gota a gota de una educación coherente y consistente como vamos a enseñarles lo que está permitido de lo que no, lo que es deseable y lo que no.

Cuando la paciencia se agota hay que saber buscarla de nuevo. No se vende ni se compra, pero es la mejor receta contra esos estados de ánimo negativos que para nada ayudan a educar mejor a nuestros hijos.


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3 respuestas

  1. En una temporada un poco complicadilla y con proyección de mejorarme a mi misma, me ha encantado leerte.
    Gracias por la «pista», la apuntare en mi mantra de trabajo personal.
    Un saludo

    1. Gracias Adriana, me alegro de que mi pequeña aportación te haya servido de ayuda o de inspiración. La solución está en nuestro interior, a veces solo es necesario que alguien nos ilumine un poco o sencillamente tomarnos un momento para ver las cosas con perspectiva. Seguro que serás capaz de encontrar esa paciencia que creías perdida. Ánimo!

      Saludos,

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