Mi hijo se porta mal.

Artículo revisado

Este artículo fue escrito en los primeros años del blog. A lo largo del tiempo lo he revisado y actualizado en diferentes ocasiones para ajustarlo a una mirada más actual y basada en el conocimiento del desarrollo emocional infantil.

Última revisión: marzo de 2026. Primera redacción: mayo de 2013.

No obedece, contesta, se enfada por todo y parece que cada día termina en conflicto. Cuando sientes que mi hijo se porta mal de forma constante, es fácil pensar que algo no va bien… y que la situación te supera.

Porque no solo preocupa su comportamiento. También duele cómo nos deja a nosotros: cansados, frustrados, con culpa y con la sensación de no estar sabiendo hacerlo mejor.

Cuantas veces habré oído esta frase «Mi hijo se porta mal, no se qué hacer«. Incluso yo he pensado esto en alguna ocasión, porqué mis hijos también me ponen a prueba todos los días, claro!! Y a pesar de tener más conocimientos sobre el desarrollo infantil que quizás otras mamás o papás, mis hijos también tienen rabietas, desobedecen y se «portan mal».



¿Pero qué queremos decir cuando decimos que nuestros hijos se portan mal?
Normalmente tenemos la tendencia a generalizar, a no ser suficientemente concretos y por ello decimos que nuestros hijos se portan mal, no obedecen, hacen lo que quieren, son unos trastos o unos maleducados. Sí, así los solemos definir y sin darnos cuenta estamos tapando y oscureciendo todo aquello que hacen bien, que seguro son muchas más cosas de las que realmente vemos.


Los niños, todos los niños se comportan mal en algún momento. ¿Y por qué se portan mal? Pues por un montón de razones, como por ejemplo por cansancio, porqué tienen hambre, para llamar la atención, porque están estresados, porqué aún son demasiado pequeños para seguir nuestras instrucciones, …


En mi artículo «10 motivos por los que los niños se suelen portar mal» explico algunos de los motivos más frecuentes por los que normalmente nuestros hijos suelen comportarse de un modo que no nos gusta y doy algunas pautas para ayudarles a portarse mejor.


Esta entrada de hoy es una invitación a reflexionar sobre el mal comportamiento de nuestros hijos y nuestro modo de reaccionar. Reflexionar entre otras muchas otras cosas si ¿realmente un niño que está armando jaleo para divertirse, cantando a viva voz o bailoteando por casa se está portando mal o es que somos nosotros que estamos tan cansados que al llegar a casa esperando encontrar tranquilidad ya no tenemos más paciencia?


Claro que hay momentos en los que el «mal comportamiento» no se limita a este tipo de cosas, si no que va mucho más allá como por ejemplo insultar, pegar, escupir, patalear,desobedecer las instrucciones de mamá o papá, … pero ¿qué hay detrás de todos estos comportamientos? ¿Nos hemos parado en algún momento a pensar por qué está haciendo todo esto nuestro hijo? ¿Hemos analizado la situación con todos sus elementos, es decir, los antecedentes a sus malas formas y las consecuencias que tienen? 


¿Cómo reaccionamos nosotros ante el mal comportamiento de nuestros hijos?

Nos enfadamos, sermoneamos, reñimos, castigamos, … pero ¿analizamos la situación en profundidad para poder encontrar el motivo y al mismo tiempo la solución a estos comportamientos que nos disgustan? No, no tenemos tiempo para ello, vamos demasiado rápido, queremos que nuestros hijos se porten bien sin más, porque esa es su obligación … pero la realidad nos dice que los niños no nacen sabiendo lo que está bien y lo que no, que necesitan que les guiemos, que les dediquemos tiempo, que pongamos límites y normas claras con consecuencias claras y consistentes en el tiempo. 

Saberlo no siempre hace que salga
Muchas familias saben que hay que acompañar, validar y mirar más allá de la conducta. Pero cuando estamos cansados, con prisa o desbordados, no siempre actuamos desde lo que sabemos. Si te ocurre, he preparado un recorrido gratuito que puede ayudarte a llevar todo esto al día a día.
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En otras ocasiones lo que sucede es que definimos como mal comportamiento algo que es sencillamente propio de la etapa o fase evolutiva de nuestros pequeños. Me refiero a aquellos padres que pedimos a nuestros hijos de apenas 4 años que se comporten como uno de 8, o queremos que un bebé de 18 meses ni se enfade ni tenga rabietas … en estos casos es preciso que nos detengamos a pensar si lo que deseamos es algo realista. 


El objetivo de este artículo es que la próxima vez que nuestros hijos no cumplan con alguna de las normas o reglas de casa intentemos probar con nuevas formas de resolver el problema, es decir, intentemos analizar las razones por las cuales nuestro hijo se está comportando mal.

¿Qué ha pasado previamente? ¿Cómo ha reaccionado nuestro hijo? ¿Cómo hemos reaccionado nosotros?¿Qué consecuencias ha tenido el mal comportamiento de nuestro hijo, para él y para el resto de la familia?

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