Para padres y madres que buscan respuestas.

¿Por qué se enfada mi hijo? ¿Qué puedo hacer para que no se enoje tanto?

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¿Por qué se enfada mi hijo? ¿Qué puedo hacer para que no se enoje tanto? Lo tiene todo y siempre anda gruñendo. ¿Es normal o al contrario, tiene algún problema que no entiendo? 




Es posible que en alguna ocasión te hayas planteado estas preguntas, yo misma también me las formulo como madre ante los enfados de alguno de mis hijos (porque no olvidemos que ante todo soy mamá).

 

En este artículo hablo sobre el enfado y las múltiples expresiones del mismo en los niños, qué les supone esta emoción tanto desde el plano fisiológico, psicológico como social o relacional. 


Como emoción que es, debo decir que todos, sin excepción, tenemos el derecho a enfadarnos de vez en cuando si algo nos ha salido mal, si alguien nos hace daño, nos quitan o roban algo, cuando algo nos disgusta o si pierde el equipo al que apoyamos. El problema radica en la expresión conductual del mismo.

 

Si, todos nos enfadamos, todos hemos sentido enojo en alguna ocasión. Incluso la persona más tranquila y calmada se ha sentido enfadada anguna vez, porque el enfado es una emoción básica que sentimos todos sin excepción. Y como que los niños no son una excepción, ellos también se enfadan, y mucho. Se enfadan con o sin motivo. Se enfadan y tienen derecho a sentir esta emoción. Pero cuando el enfado les domina, cuando se vuelve ira, cuando nubla el pensamiento y se vuelve destructivo debemos enseñarles a gestionarlo de manera que no haga daño, ni a ellos mismos ni a los demás. 

 

El enfado puede suponer para los niños problemas con la familia y los compañeros, e incluso puede repercutir en su rendimiento escolar.

 

Cuando nos enfadamos sufrimos cambios fisiológicos importantes que nos preparan para la acción (agresivo-defensiva):

  • aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial,
  • puede aparecer temblor, sudoración y tensión muscular,

La respuesta conductal o, lo que es lo mismo, la forma de expresar el enfado consiste en una respuesta agresiva. Se trata de algo innato ante la percepción de una amenaza física o verbal, real o imaginaria. Pero no podemos reaccionar agresivamente ante cada situación de amenaza potencial porque no es sano para nosotros ni tampoco seguro. Así que hay veces que a pesar de estar muy enfadados intentamos dominar esta emoción y no responder.

 

A nivel social la violencia, la agresión física o verbal acarrea problemas, dificultades con la familia y/o amigos, problemas con la justicia y un daño físico o emocional tanto en uno mismo como en los demás.

 

Por lo tanto, es importante enseñar a los niños, desde pequeños, formas saludables de controlar su ira.

 

Está claro que en función de la edad la forma de manifestar el enfado, enojo o ira es diferente y que va evolucionando con nosotros a la vez que crecemos y desarrollamos capacidades y habilidades más sofisticadas.

¿Qué podemos hacer los padres?

La forma en que los padres respondemos a las situaciones emocionales influye de manera significativa en el aprendizaje del niño a manejar sus propias emociones. 

Pero nosotros los padres podemos ayudarles estimulando la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enfado, la rabia o la ira de alguna de las siguientes maneras:

  • Ayudándolos a desarrollar la empatía . Por ejemplo, le puedes preguntar a tu hijo: “¿Cómo piensas que se puede sentir María cuando le gritas y le quitas su juguete?” o “¿Cómo te sentirías tú si Pablo te hiciera lo mismo?”.
  • Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento . Es decir, uno puede sentirse frustrado, pero no por ello puede golpear, patear o agarrar a otro para expresar lo que siente.
  • Cada situación que lleva a tu hijo a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. Cuando notes que tu hijo mantiene la calma ante una situación irritante, remárcalo y felicítalo. En cambio, si notas que no controla bien el enfado, acércate para ayudarle a resolver el problema. Pregúntale, por ejemplo, qué podría hacer la próxima vez que le suceda algo que suscite su enfado. Ayúdale a encontrar opciones como “avisar a un adulto” o “dar la espalda”, y luego aliéntalo a que la próxima vez reaccione eligiendo una de estas formas socialmente aceptadas.
  • Ayudándolos a desarrollar hábitos de control efectivo del estrés para evitar exabruptos de ira. Pídeles que piensen y participen regularmente en actividades positivas, como hacer ejercicio, leer, escuchar música, etc., que los mantengan alejados de aquello que los irrita.
  • Aconsejándoles a hacer inspiraciones profundas antes de reaccionar agresivamente cuando están enfadados.

¿Cuándo hay que buscar la ayuda de un profesional?

Aprender a controlar los sentimientos de enfado es una parte normal del crecimiento. Algunos niños adquieren habilidades efectivas para el control de la ira fácilmente, mientras que otros necesitan más práctica.

Si tu hijo tiene dificultades para calmarse cuando está enfadado o sufre episodios frecuentes en los que no puede evitar agredir física o verbalmente, es posible que necesite la intervención de un profesional en salud mental.

Un profesional podrá evaluar las causas subyacentes y los factores que activan el enojo y la frustración, y ayudar al niño a adquirir habilidades específicas para el control de la ira. Podrá, también, dar apoyo y orientación a los padres y a los profesores.

Fuente: The Parent Letter http://www.aboutourkids.org/




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