Mamá Psicóloga Infantil

Premios y castigos. ¿Sabemos cómo aplicarlos para que sean eficaces?

Usamos diariamente premios y castigos, muchas veces sin pensar mucho lo que estamos haciendo ni las consecuencias que tienen para nuestros hijos. Y en más de una ocasión los usamos indiscriminadamente, lo que reduce por completo la poca utilidad que podrían tener sobre la conducta de nuestros hijos.

Hoy hablamos sobre premios y castigos para conocer un poco más sobre estos tipos de métodos que con tanta frecuencia usamos.

(c) Can Stock Photo / Choreograph

Consideraciones previas

Mamás y papás, maestros, educadores y cuidadores elogiamos, premiamos y castigamos conductas diariamente. A veces sin darnos cuenta de ello y de la importancia que tienen determinadas palabras o hechos. 

A menudo nos quejamos de que nada parece tener efecto en nuestro hijo, ni bueno ni malo. Decimos, porque así lo pensamos y creemos, que nada es eficaz. Que a pesar de haber reprendido o castigado a nuestro hijo por una mala conducta éste sigue realizándola. Nos cansamos de repetir una y otra vez «no saltes en el sofá», «no empujes», … 

En otras ocasiones, el tema es otro, parece que por mucho que le demos y le compremos nunca esté contento. La frase típica «si lo tienes todo, ¿qué es lo que te pasa, qué es lo que quieres?»

Sí, castigamos y premiamos ¿pero sabemos cómo hacerlo para que realmente los premios y los castigos tengan el efecto que deseamos y buscamos?

En muchas otras ocasiones ya he hablado sobre la disciplina, sobre la importancia de los elogios, de los premios y de los motivos por lo que es tan contraproducente gritar y dar esos cachetes disciplinarios … 

Algunos de mis artículos han generado controversia sobre todo el de «Gritos y bofetones, razones para evitar su uso» otros han gustado más como el de «Disciplina: recompensas inmateriales para premiar a nuestros hijos».

Por qué es necesario saber más sobre premios y castigos

Hoy sigo hablando de disciplina, de premios y castigos, de límites y normas. Sigo escribiendo sobre ello porque a pesar de que nunca antes en la historia de la humanidad la infancia había gozado de tanto bienestar, hoy en día parece que la tarea de educar nos produce mayores quebraderos de cabeza y dificultades tanto a padres, educadores como a maestros y profesores. ¿

¿Qué nos está pasando? ¿Nos da miedo decir que no, poner límites y normas en nuestros hijo? Estas son preguntas que lanzo al aire, y cada uno de nosotros tendrá su propia respuesta.

En primer lugar, parece obvio pero merece la pena recordar que, los bebés no nacen sabiendo lo que pueden o no hacer, ésto es algo que van aprendiendo paulatinamente.

El aprendizaje de lo que pueden hacer o no se realiza básicamente en casa, en familia y somos los padres o cuidadores habituales los encargados de enseñar a nuestros hijos las consecuencias de sus conductas. Pensemos bien en esta premisa: «enseñarles las consecuencias de sus conductas». De ahí la importancia de los límites y normas.


Contenido relacionado: Límites y normas: algunas reflexiones


Poco a poco, nuestros hijos van a ir aprendiendo y asimilando un esquema:  conducta – consecuencia positiva o negativa. Se trata de que aprendan a pensar en lo que ocurre después de algo que han hecho, no de que nos obedezcan por miedo a la reprimenda. No obstante, los niños pequeños no tienen la capacidad de autocontrolarse, se frustran con rapidez y frecuencia (de ahí las tan temidas rabietas) y en este punto entramos nosotros como parte de su regulación emocional y conductual, mediante el establecimiento de límites y normas. Más adelante, a medida que su desarrollo cognitivo y emocional va avanzando irán siendo capaces de canalizar mejor sus emociones y autoregularse por si mismos. 

Características de los premios y castigos para ser eficaces


Contenido relacionado: Recompensas inmateriales para premiar la conducta de nuestros hijos


Salir de la versión móvil