Para padres y madres que buscan respuestas.

¿Qué ocurre los fines de semana que mi hijo no deja de protestar por todo?

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Hoy me pregunto e intento dar respuesta a na cuestión que me preocupa desde hace algún tiempo ¿qué ocurre los fines de semana que mi hijo no deja de protestar por todo? No se si a vosotr@s os ocurrirá lo mismo que a mi, pero los fines de semana a veces se convierten en un suplicio. Lo que deberían ser dos días para disfrutar en familia, de tranquilidad y de relax acaban convirtiéndose en una pesadilla. ¿Por qué? ¿Qué ocurre durante los fines de semana que nuestros hijos no paran de quejarse y de protestar? Vamos a ver algunas de las respuestas a esta cuestión y qué podemos hacer para romper esta situación tan desagradable para todos.

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¿Qué ocurre los fines de semana que mi hijo no deja de protestar por todo? Algunas respuestas.

Durante el fin de semana se producen una serie de cambios que afectan al humor de nuestros hijos: dejan de ir al cole, variamos nuestras rutinas, tenemos que ir a la compra semanal, estamos todos juntos, el cansancio de toda la semana se acumula y todos necesitamos nuestro momento de relax y de diversión. He aquí que las necesidades familiares chocan con las individuales y pueden acabar pasándonos una cara factura emocional.

Cambio en las rutinas. En más de una ocasión he hablado sobre la importancia de las rutinas tanto para los bebés como para los niños, tengan la edad que tengan. Los hábitos y rutinas nos aportan seguridad y estabilidad, nos permiten saber qué debemos hacer en cada momento y qué se espera de nosotros. Cuando nos relajamos o variamos estas rutinas nos perdemos y nos desestabilizamos. Así ocurre con los niños durante el fin de semana.

Horror en el supermercado. Ir de compras con niños puede ser estresante, lo sabemos muy bien quienes tenemos niños pequeños. El súper o el centro comercial es el peor lugar donde acudir con niños un viernes por la tarde a no ser que dispongan de una ludoteca donde puedan quedarse mientras nosotros realizamos la compra. Los niños se alteran, no les gusta ir de compras con papá y mamá, su paciencia es muy limitada y rápidamente se cansan de estar dando vueltas, así que si vamos de compras con ellos evitemos pasar más tiempo del necesario.

Juntos, revueltos y enfadados. Es normal que cuando nuestros hijos están solo con papá o con mamá se porten mucho mejor que cuando estamos todos juntos o vienen visitas a casa como abuelos o primos. Cuando nos juntamos todos los niños se suelen alterar porque se sienten tan emocionados que sus emociones les arrastran, tratan de llamarnos la atención y de que siempre estemos pendientes de lo que hacen. En ocasiones estas llamadas de atención son mediante conductas negativas como enfados o rabietas lo que da como resultado una combinación explosiva si como padres acabamos perdiendo la paciencia.

El aburrimiento ¿enemigo o aliado? Este es otro tema habitual, sábados y domingos tienen las mismas horas que el resto de días de la semana pero parece que a los niños se les hagan los días más largos, con tanto tiempo libre muchos de ellos no saben qué hacer con su tiempo de ocio y fácilmente nos dicen “mami, me aburro”. Pues bien, esto es lo que ocurre cuando vemos a un niño enfurruñado, enfadado e irritable, puede ser que se esté aburriendo y no sepa qué hacer. No obstante tengamos en cuenta que tampoco es malo que se aburran un poco, los niños necesitan aburrirse para ser creativos, para que aprendan a usar su ingenio o imaginación y encuentren en su interior algo que les motive y divierta. Los padres no podemos planificárselo y organizárselo todo. Te propongo la lectura de  estos dos artículos para profundizar en esta temática:

 

En conclusión, durante el fin de semana hay que divertirse, descansar  y buscar el equilibrio entre las necesidades individuales de todos los miembros de la familia y las colectivas. La familia, como sistema que es, se ve debilitada cuando alguno de nosotros nos alteramos, perdemos la paciencia y nos dejamos arrastrar por las emociones negativas. Un niño que se porta mal es un niño que se está comunicando con nosotros del único modo que de momento sabe. Como adultos, como padres responsables de su educación debemos enseñarles a identificar lo que les ocurre y a ir manifestándolo de un modo más adecuado. Este proceso no se realiza de un día para otro, requiere tiempo y esfuerzo, paciencia, tesón y mucho amor.

Foto cortesía https://stocksnap.io

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