Para padres y madres que buscan respuestas.

La vulnerabilidad afectiva de nuestros hijos.

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Sabemos que los niños pequeños son muy sensibles a las emociones, que no han desarrollado todavía las herramientas necesarias para gestionarlas adecuadamente y esto les hace vulnerables a determinadas frases que les decimos o acontecimientos que viven. Tengan 2, 4 u 8 años los padres debemos tener especial cuidado con el trato que les damos, los mensajes que les enviamos o el modo en el que viven determinados hechos cotidianos.  Entended que no digo que debamos mantener a nuestros hijos entre algodones, se trata de cuidar el nuestro modo de hacer y decir las cosas para no lastimarles, por la gran vulnerabilidad afectiva de nuestros hijos.

happy children

 

 

Es cierto que casi ningún padre quiere hacer daño a propósito a sus hijos, pero también es cierto que a menudo se nos escapan mensajes muy negativos, mensajes que nuestros hijos no comprenden y que les lastiman, hieren y perjudican. Es cierto que los padres somos humanos y que cometemos errores, yo misma lo he confesado aquí en más de una ocasión, pero debemos evitar volverlos a cometer. En ocasiones levantamos la voz más de lo debido, se nos ha escapado alguna de esas frases que nunca deríamos decir  a nuestros hijos del tipo “qué malo eres”, “mira que eres tonto” … Cosas por el estilo que no hacen más que producir un daño innecesario y totalmente evitable en su autoestima.

Mensajes como los que describo en el párrafo anterior u otros del tipo “ya no te quiero” pueden perjudicar intensamente a nuestros hijos, incluso cuando se lo decimos en broma, porque su vulnerabilidad afectiva es tal que puede que más de una ocasión debamos consolarles y explicarles que nos hemos equivocado y que les amamos por encima de cualquier cosa.

No se trata de evitarles todas las situaciones desagradables de la vida, porque muchas no las podremos controlar, pero sí buscar el modo de mantener un ambiente familiar equilibrado, estable, donde nuestros hijos se sientan seguros y queridos. Para que nuestros hijos crezcan con normalidad y equilibrio emocional, desarrollen una buena autoestima, saquen buenas notas en el colegio o adquieran unas buenas habilidades sociales, deben vivir en un entorno familiar que propicie un ambiente de felicidad y bienestar.

Un niño que vive permanentemente bajo los gritos de sus padres quienes le riñen por todo es un niño que crecerá pensando que todo cuanto hace lo hace mal. Será un niño con baja autoestima, que vivirá con el miedo a equivocarse, propenso a mentir y engañar para evitar ser reprendido nuevamente.

Sabiendo que los niños no entienden el mundo del mismo modo que nosotros y que su vulnerabilidad afectiva les causa un dolor emocional totalmente evitable en la gran mayoría de ocasiones, deberíamos ser más prudentes con lo que les decimos, menos estrictos con sus conductas y más afectuosos con nuestros pequeños.

 

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