¿Cómo crear un vínculo afectivo seguro con nuestros hijos?

 Los vínculos afectivos que creamos con nuestros hijos durante sus primeros años de vida son fundamentales para su desarrollo. Estos vínculos a los que llamamos apego y que se establecen con los cuidadores habituales (mamá y papá biológicos o no) son primordiales en la construcción de la identidad de nuestros pequeños y juegan un papel muy importante en el desarrollo de su equilibrio emocional, en su autoconcepto y autoestima.


La creación de un vínculo afectivo seguro permitirá que nuestro hijo desde bien pequeño vaya desarrollando esquemas mentales que asocian a papá y mamá (cuidadores habituales) con sentimientos de seguridad, afecto y tranquilidad. Este tipo de asociación le permite percibir el mundo que le rodea como un lugar estable y seguro, con pocas amenazas.

El vínculo afectivo seguro garantiza relaciones afectivas positivas, estimula la autonomía de nuestros hijos y fomenta una visión positiva de sí mismo y de los demás. La imagen que vamos construyendo de nosotros mismos (nuestro autoconcepto) es el reflejo de lo que nuestros seres más queridos nos devuelven condicionando las relaciones que tenemos con los demás, nuestra autoestima y la forma que tenemos de afrontar los problemas que la vida nos plantea.


Un vínculo afectivo sano con nuestros pequeños garantizará relaciones futuras de confianza, procurará en el niño o niña mayor seguridad en sí mismo y servirá de “salvavidas” cuando surjan los conflictos.

Conseguir desarrollar un vínculo seguro depende de nuestra actitud, constante y paciente, así como de mantener expectativas a largo plazo sobre el tipo de relación que deseamos tener con nuestros hijos.

¿Cómo conseguimos crear un vínculo seguro con nuestros hijos? 

Normalmente el tipo de apego que se genera entre nosotros, los padres, y nuestros hijos, suele ser un vínculo seguro pero hay que trabajarlo día a día para que se mantenga en el tiempo ya que no se trata de algo inalterable, todo lo contrario, para ello es importante atender a los siguientes puntos:

  • 1.- Debemos atender sus necesidades de manera efectiva, esto implica averiguar qué le pasa lo antes posible para poder ofrecerle aquello que necesita en cada ocasión. Durante el primer año, sobre todo los primeros meses de vida hay que observarle atentamente para conocer cómo reacciona ante determinadas situaciones de hambre, sueño, cansancio, aburrimiento … Más adelante, conforme nuestros hijos crezcan, nuestro modo de atender sus necesidades y de averiguar qué les ocurre también cambiará y será mediante la escucha activa y la empatía el modo por el cual conoceremos qué les pasa.
  • 2.- Protégerles del peligro pero sin ser alarmista, sin sobreproteger. Ante cualquier situación que pueda generarles miedo, ansiedad o intranquilidad, es muy positivo que seamos capaces de transmitir un estado de calma cuando nuestros hijos no estén junto a nosotros, el ejemplo de dejar a nuestros peques al cuidado de un tercero ya sea una guardería o con los abuelos es el más claro. Las despedidas cortas, un un beso y un abrazo les transmiten la tranquilidad y la seguridad de que quedan en buenas manos y en un lugar seguro.
  • 3.- Expresar nuestro afecto abiertamente, con gestos y palabras,
    besos y abrazos
    . No tengamos miedo de decirles una y mil veces “te quiero”, abrazarles y besarles siempre que tengamos ganas, nunca hay un abrazo de más pero sí es posible algún beso de menos que reprochar a nuestros padres cuando nos hacemos mayores. No dejemos que eso pase.
  • 6.- Educar con afecto implica también establecer límites y
    normas. Nuestros hijos necesitan orientaciones sobre
    cómo vivir en familia y cómo respetar los derechos de
    los demás para vivir en sociedad. “Límites y normas, algunas reflexiones
  • 7.- Mostrar interés por sus preocupaciones e intereses a lo largo de su desarrollo.
  • 8.- Una actitud abierta a escuchar y dialogar garantiza que cuando tu hijo o hija se enfrenten a dificultades no tengan miedo de pedirte ayuda o consejo.

 

Como comentaba en párrafos anteriores, el apego o los vínculos afectivos que creamos con nuestros hijos no son rígidos e inalterables. En las relaciones humanas, estos vínculos, pueden ir cambiando según el contexto social, la familia, el momento de vida y la persona con la que surja la relación (mamá, papá, abuelos o otros cuidadores habituales). Así pues, es posible que un niño establezca un vínculo poco seguro con su mamá o papá al inicio de   su primera infancia, por algún tipo de motivo, pero no nos demos por vencidos ya que existe la posibilidad de que cambie, tornándose más seguro y estable si existe voluntad y compromiso real por nuestra parte en mejorar la relación. Lo que el niño y la niña aprende es aquello que prevalece en el tiempo, lo que se ha repetido con sus principales figuras vinculares a lo largo de su vida.



Fuente: ¿Quien te quiere a ti? Save the children
Foto cortesía de www.freedigitalphotos.net

 

 

 

Autor entrada: Sara Tarrés

Soy Sara Tarrés, licenciada en Psicología por la Universidad de Barcelona, con Máster en dificultades del aprendizaje (ISEP) y Postgrado en Psicopatología infantojuvenil (ISEP).He trabajado como asesora y orientadora de padres y maestros en diferentes escuelas concertadas de Barcelona y como reeducadora de niños que presentaban diferentes dificultades en su aprendizaje.Actualmente dirijo Mamá Psicóloga Infantil desde donde oriento a padres en temas de crianza, desarrollo y educación. Esto me permite compaginar mi faceta de madre a tiempo completo sin dejar de lado mi actividad profesional.

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